Me encanta hablar de las cosas que me gustan (que son muy pocas, pero que me gustan muy intensamente). Yo me dedico a escribir, y no entiendo la vida sin leer. Se puede decir que lo leo todo, incluso lo que sé que no me va a gustar. Pero, claro, recomendar cosas que te apasionan (libros, vino, restaurantes...) lo haces siempre con espíritu proselitista, como esa dependienta de la tienda que te dice que te quedes tal pieza y que, en cambio, aquella otra (a pesar de ser más cara) no, que "no te está bien".
Recomiendas pensando en "el cliente", no siempre en ti. Yo lo que quiero es que el consumidor ocasional se vuelva habitual. Por egoísmo, me interesa que los consumidores entiendan, aprendan a elegir y que el mundo esté lleno de librerías, vinaterías y puestos de comida. A veces, pues, no recomiendo un libro que me haya gustado exactamente. Recomiendo el que me parece que será entendido, que abrirá puertas. No recomiendo un vino tinto a alguien que me parece que prefiere los blancos. No recomiendo un vino "difícil de entender", a alguien que está empezando. Cuando ya "estás dentro" no hay problema: te vas leyendo la mayoría de cosas que salen y vas probando la mayoría de vinos (si el bolsillo no lo impide).
A continuación, y aprovechando la celebración de Sant Jordi, les voy a recomendar una pequeña lista de libros. Algunos no son novedad, por tanto, no los encontrarán en las paradas de Sant Jordi, pero en la librería, el día antes o el día después, seguro que sí. Si las personas de su alrededor son lectoras habituales, las novedades ya las tienen en el montón de la mesilla de noche, y los clásicos, en el estante. Pero, tal vez quieran regalar y no sepan qué. En todo caso, si ustedes también son lectores habituales, conocerán la mayoría de libros que les recomendaré. Pero siempre está bien saber lo que piensan los demás sobre los libros que hemos leído.
Por ejemplo, para regalar a amantes del vino. Empecemos con un cuento ilustrado. Es un libro (uno de esos libros de tapa dura, preciosos) que le gustará a cualquier persona relacionada con el vino (aficionado, camarero, enólogo, agricultor...). Sólo tienen que asegurarse de que no lo tiene ya. Se trata de:
- La Cata, de Roald Dahl. (Nordica Libros)

Este cuento, adictivo como todos los de Roald Dahl (¡no se los pueden perder!) fue publicado por primera vez en 1945, en el Ladies Home Journal y después, en 1951, en The New Yorker. Todos los vinos que salen en el cuento existen, se nota que el autor sabe de qué habla.
Otro libro que pueden regalar a amantes del vino:
- ¿Qué vino con este pato?, de Ferran Centelles. (Planeta Gastro)
Ha escrito varios libros de divulgación, todos interesantísimos. Me gusta de Ferran Centelles que tiene ideas muy acertadas sobre maridajes. Por ejemplo: ¿Quieres tomar un vino tinto con el pescado o un vino blanco con la carne? Él te propone que pienses en la guarnición. La guarnición, según cual sea, puede hacer que el blanco te vaya bien con la carne y el negro con el pescado. Así de simple, así de genial.

Y finalmente, otro libro para regalar los amantes del vino.
- Cellers d’or: Vinari, premis de vins catalans. Se trata de una guía, con fotos de Jordi Play, de todos los vinos que han conseguido un premio Vinari d’Or. Y no lo recomiendo porqué servidora haya escrito pequeñas piezas sobre las bodegas ganadoras (en todas tengo amigos admirados). Lo recomiendo porque la idea de los premios me parece muy loable. Podemos encontrar en el súper algunos vinos o vermuts que no cuestan mucho dinero y que han sido premiados en una cata a ciegas.
- Klara y el sol, de Kazuo Ishiguro. (Anagrama)

Si no ha leído nada suyo, yo les recomendaría que, antes que este, empezaran por el famoso Los restos del día (Anagrama). Les sonará por la película de James Ivory, que protagonizaron Emma Thompson y Anthony Hopkins. Déjenme decir, ante todo, algo que siempre digo en talleres literarios o clubes de lectura. Ishiguro nació en Japón, pero cuando tenía seis años su familia se trasladó a Inglaterra. Ha acabado siendo un escritor en lengua inglesa. Pero tal vez su mirada sobre los ingleses es la del que vino de fuera. Una mirada periférica. Esta mirada, que es la que todo escritor, a menudo, se esfuerza por tener (“quiero mirar las cosas desde otro punto de vista, sin estar acostumbrado”) él la tiene de fábrica, por no haber vivido siempre en aquella cultura. ¿Qué quiero decir con esto? Que Ishiguro es capaz de escribir, con esta mirada extranjera, sobre la institución británica por excelencia: los mayordomos.
Hay otra perla en este libro, que está escrito en primera persona: lo que llamamos "el narrador poco de fiar". El mayordomo te cuenta, constantemente, lo que le pasa por la cabeza respecto a su patrón (que tiene tratos con los nazis) o respecto a la nueva sirvienta (que ya entiendes que le gusta). Y tú, como lector, no dejas de pensar: "¡Me la está metiendo doblada! ¡Me está engañando! ¡No es cierto lo que me quiere hacer creer!". Es muy inteligente por parte del autor este juego.
Y esto nos lleva a Emmanuel Carrère.
- Yoga, de Emmanuel Carrère. (Anagrama)
Este autor suele hacer no ficción o eso que ahora llamamos autoficción, que consiste en ponerte a ti como protagonista de la historia (mejorado, aunque aparentemente parezca que no). Carrère nos cuenta la depresión que tuvo, que lo llevó a un hospital psiquiátrico, y como el yoga le ha ayudado a lo largo de veinte años. También cuenta cómo pretendía hacer un libro, ligero, sobre una experiencia meditativa y como no pudo ser. Lo que es importante, por cierto, es que el autor firmó un contrato de confidencialidad con su ex, supongo que para evitar que hiciera como el Harry de Woody Allen.

Como les decía, si no han leído nada suyo, puede parecer que el libro es el de un señor que te cuenta sus batallitas (con muchísima gracia: hay páginas sobre el yoga gloriosas). Pero si han ido siguiendo su trayectoria, entonces le aman. Y si le aman, el libro es la experiencia personal del autor de El adversario.
Empiecen, pues, si les parece, por El adversario. No podrán dejarlo. O tomen Limonov. O El reino, donde, como un maestro, te cuenta primero su experiencia religiosa ---se desnuda--- para poderte explicar, a continuación, la de los evangelistas ---los desnuda---.
Vamos a otra novelaca. La de Javier Marías.
- Tomás Nevinson, de Javier Marías. (Alfaguara)

Tomás Nevinson es el marido de Berta Isla (a Marías le gustan los apellidos atípicos y, en esta novela, de hecho, aparece el apellido Centurión). Pueden leer, sin embargo, el libro de manera independiente. No es necesario haber leído Berta Isla (pero les gustará mucho). Trata sobre "el crimen de estado", la razón de estado. ¿Hay que matar (o que alguien mate) por razones de estado, para evitar un mal mayor? Leyendo el libro, en primera persona, es evidente que sí. Por eso, y no es poco, el libro se ambienta en los años de plomo, de ETA. Entonces, con crímenes continuados, puedes entender la tesis del personaje. La perversión es ésta: ¿cuál es la razón del estado? ¿Es siempre lícita la razón de estado?
Terminemos con Jordi Cussà.
- El primer emperador i la reina Lluna, de Jordi Cussà. (Comanegra)
A mí me gustó mucho Cavalls salvatges. Era una novela sobre la droga, que no parecía escrita por alguien de aquí. Tenía un aire "internacional", que me recordaba a los beats americanos. Le he ido leyendo y me gusta mucho.
El libro que ahora publica es otra cosa. No les parecerá el mismo autor que el de Formentera Lady. Para mí es uno de los grandes.

Termino con tres recomendaciones, las tres sobre la misma cuestión, pensadas para regalar a jóvenes, a partir de trece o catorce años, que no quieran leer novela juvenil.
Es el momento de dejarles Si esto es un hombre, de Primo Levi.
- Si esto es un hombre, de Primo Levi. (Planeta de Libros)

Y sin dejar a Primo Levi. Él fue quien escribió el prólogo de uno de los pocos libros, testimonios del holocausto, escritos por una mujer.
- El humo de Birkenau, de Liana Millu. (Acantilado)

Por último, y también en la misma, digamos, línea:
- El diario de Anna Frank (Ediciones Americanas)
El libro, para un adolescente, puede terminar siendo repetitivo, pero tiene el mérito de hacerte sentir la alegría de vivir perdida, la intrascendencia a la que todo joven tiene derecho. Estos días, que se lo he regalado a mi hija, lo he releído. Leerlo de mayor es otra cosa.
Compren libros. Si lo desean, pasado Sant Jordi, prometo una segunda parte.
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