Imagen principal de la exposición "Naturaleza en evolución. De Van Goyen a Pissarro y Sacharoff"

Paisajes al alcance de la mano que nos reflejan

Exposiciones como la que aún se puede visitar en el Espacio Carmen Thyssen de Sant Feliu de Guíxols -'Naturaleza en evolución. De Van Goyen a Pissarro y Sacharoff ', hasta el 14 de octubre- permiten entretenerse con los cambios de perspectiva del paisajismo y admirar la frondosidad de esta tradición pictórica. Sin perder el aliento y con concreciones que evitan la impresión de redacción de verano o de océano inalcanzable
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ratar de pensar en la idea de paisaje en la pintura puede provocar dejarnos sin aliento o puede parecer un tema tan amplio como la redacción sobre qué has hecho este verano cuando volvías al cole en septiembre. Por si acaso, este otoño ya se ha encargado de recordarnos hasta qué punto los paisajes son cambiantes de un año a otro. De hecho, nos lo ha recordado tanto, que casi empezamos a desconfiar de la verdad misma que pueda encontrarse en una foto fija. Y quizá por eso, el otoño, que es la estación cambiante per se, es un buen momento para apreciar las fases y recovecos del paisaje: un pretexto para ser conscientes de cómo nos lo miramos más allá de la flor de un día. Exposiciones como la que aún se puede visitar en el Espacio Carmen Thyssen de Sant Feliu de Guíxols – “Naturaleza en evolución. De Van Goyen a Pissarro y Sacharoff “, hasta el 14 de octubre- permiten entretenerse con los cambios de perspectiva del paisajismo y admirar la frondosidad de esta tradición pictórica. Sin desalentarse y con concreciones que evitan la impresión de redacción de verano o de océano inalcanzable.

La comisaria de la muestra, Pilar Giró, ha hilvanado un itinerario coherente y ordenado, en el mejor sentido de la palabra. Para las diferentes paradas que incluye, por la elección y por el volumen de obras que presenta (bien trenzadas, si tenemos en cuenta que la colección Thyssen se caracteriza, sobre todo, por el paisajismo), y por el regalo final que guarda, un homenaje a la ahora vindicada -merecidamente vindicada- Olga Sacharoff.

Este particular recorrido por el paisajismo abarca cuatro siglos. Desde el siglo XVII, con la aparición de la pintura de paisaje como género independiente, hasta el siglo XX y la generación de una imagen moderna del entorno inmediato, con el mar como sublimación del gusto por la naturaleza.

La exposición es capaz de evidenciar que el paisaje en sí mismo no ha sido un objeto exterior fijo que se encuentre ahí fuera para ser plasmado. El paisaje está formado y acondicionado, también, por el foco, los intereses, la perspectiva, la elección, lo que ilumina y lo que no. La época y las tendencias se filtran más de lo que pensamos en el paisaje. A ratos aparece como una fuerza salvaje y exuberante, con una mirada más romántica; a ratos, como una naturaleza dominada o incluso colonizada.

El visitante siente que la modernidad y la fugacidad del tiempo traspasan la tela y los paisajes mismos. El marcado tono juguetón o el toque de vanguardia titila también en los cuadros de Miquel Villà, Pere Créixams o Juan Alberto Soler-Miret (que pinta, precisamente, un Homenatge a Heade donde las flores vistosas ya hacen el gesto de querer salir del cuadro)

Van Goyen y Andrea Locatelli abren la muestra, con un paisaje con transbordador y otro con ninfas y sátiros, y la remarca de la aportación de la pintura holandesa en este ámbito. Después, “las marinas” dejan de ser simples representaciones de batallas navales para convertirse en panoramas de paisaje marítimo. Es cuando se introduce el formato horizontal que ahora nos parece de toda la vida. En este apartado aparecen una serie de ejemplos de pintura española del siglo XIX y un montón de puertos (Ramon Martí Alsina, Manuel Barmón Carrillo, Guillermo Gómez Gil, Emilio Ocón Rivas…). De ahí saltamos al gusto por lo exótico, con pintores que retratan las colonias de ultramar, de América y del Índico. A menudo, en un rincón u otro del cuadro, se aprecia la presencia de la autoridad colonizadora, pero también la forma de vida en las colonias. En este ámbito son especialmente interesantes las aportaciones de Charton y Hastrel. Vemos como poco a poco se ensanchan los intereses hacia el paisaje y se abre su complejidad. Los colores vivos de Charton anuncian esta nueva mirada, que se impulsa hacia una perpetua renovación.

APOYO POÉTICO

Como si la exposición estuviera diseñada para confirmar las sensaciones del visitante, se acompaña de algunos apoyos poéticos. Es el caso de unos versos de Martí i Pol, absolutamente oportunos para el recorrido paisajístico y, ya que estamos puestos, para las volteretas  de este otoño: “Fugiria de mi si no pogués / recuperar el meu temps i interrogar-lo, / tornar al passat com qui torna a la casa / en què visqué i, recorrent-la, troba, / lúcidament sorprès, tots els indicis / d’allò que és, i s’aprèn contemplant-los” (“Huiría de mi si no pudiera  / recuperar mi tiempo e inquirirlo, / volver al pasado como a la casa / en que vivió y encuentra, recorriéndola, / lúcido y sorprendido, los indicios / de lo que es, y se aprende mirándolos” [versión del traductor].

El recorrido avanza hacia el gusto por demostrar el conocimiento botánico y por reforzar el sentido simbólico del paisaje (por ejemplo, se insiste en la estampa tropical como sinónimo del paraíso terrenal). La Orquídea y colibrí cerca de una cascada de Heade, que hace de portada a la exposición, pone de manifiesto esta voluntad milimétrica de hacer estallar la naturaleza en su esplendor.

El paso hacia el impresionismo y como, más allá, las vanguardias tiñen el paisaje con el color de nuevas tendencias se recoge por vía de un elenco de nombres destacados de la pintura catalana. Con unos espectaculares jardines de Rusiñol al frente (aquel azul verde sensual e insinuante), se pueden ver piezas muy interesantes de Josep Amat Pagès, Eliseo Meifrèn Roig, Josep Maria Mallol Suazo, Pere Gussinyé o el francés Camille Pissarro. El visitante siente que la modernidad y la fugacidad del tiempo traspasan la tela y los paisajes mismos. El marcado tono juguetón o el toque de vanguardia titila también en los cuadros de Miquel Villà, Pere Créixams o Juan Alberto Soler-Miret (que pinta, precisamente, un Homenaje a Heade donde las flores vistosas ya gesticulan para salir del cuadro).

El colofón es el homenaje a Sacharoff, de la que se expone La llotja i La colla, donde se pueden ver algunos de sus amigos artistas. De algunos de ellos acabamos de apreciar obra. Por una vez, se giran las tornas, el espejo se inclina: es una pintora la que los ha retratado, a ellos.