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Mauna Kea Observatory, Waimea, United States. Foto de Conner Baker

La previsión como realidad económica

La economía de la previsión tiene uno de sus grandes motores en el sector médico gracias al desarrollo social de la digitalización. La inversión en previsión acaba consiguiendo una gran rentabilidad a medio y largo plazo, al permitir reducir el número de enfermos, mejorar la calidad de vida de las personas que padecen enfermedades crónicas y hacer sostenible una sanidad de calidad

Algunas empresas de seguros han empezado a implementar la idea de que es necesario, entre otros parámetros, poder controlar que el asegurado haga un mínimo de 10.000 pasos el día para poder acceder a una cobertura de seguro conectada a la salud. Las asociaciones dedicadas al Alzheimer han puesto en marcha una pulsera de localización para saber dónde se encuentra el enfermo y poder ser localizado por sus familiares en cada momento. El sector de la automoción tiene como uno de sus elementos principales de atracción para captar nuevos clientes mostrar su alta gama de gadgets tecnológicos para prevenir todo tipo de incidencias en la conducción. Tanto las autopistas como la meteorología, las entidades financieras o las compañías aéreas invierten grandes cantidades de fondos para conseguir reducir los riesgos asociados a la incertidumbre e imprevistos. Incluso el sector militar dedica sus innovaciones a sistemas de control, drones y robótica para prevenir escenarios de crisis o disuadir que puedan producirse. Todos estamos más inclinados a mostrarnos receptivos al concepto de previsión que al de riesgo. Aunque el segundo suponga tener más oportunidades o ser la única salida para afrontar una situación. Incluso algunas personas, contra aquello que dicta la condición humana, estarían dispuestas a no progresar, a no crecer intelectualmente a cambio de una seguridad perpetua e irreal. La cuestión que se va deslizando en la sociedad es que vale más prevenir que curar; vale más pájaro en mano que ciento volando.

En una sociedad cada vez más digital y, por lo tanto, más orientada a la exactitud y la precisión, la evolución a la que vamos a asistir es el nacimiento de un nuevo valor social: la previsión económica, médica y profesional en el orden de los ciudadanos

La economía de la previsión tiene uno de sus grandes motores en el sector médico gracias al desarrollo social de la digitalización. La inversión en previsión acaba consiguiendo una gran rentabilidad a medio y largo plazo, al permitir reducir el número de enfermos, mejorar la calidad de vida de las personas que padecen enfermedades crónicas y hacer  sostenible una sanidad de calidad. La previsión  va asociada a la educación, a la formación y a la tecnología pero también a la construcción de una concepción cultural que permita ir forjando el compromiso de los ciudadanos de querer gestionar mejor su expectativa y calidad de vida; adquirir conciencia de que la previsión permite evitar o a mitigar las enfermedades y, consecuentemente, el malestar y el dolor. En una sociedad cada vez más digital y, por lo tanto, más orientada a la exactitud y la precisión, la evolución a la que vamos a asistir es el nacimiento de un nuevo valor social: la previsión económica, médica y profesional en el orden de los ciudadanos. Un valor que hasta ahora era gestionado por las empresas acabará siendo gestionado por los propios individuos.

La lógica del big data basada en gestionar los datos que las empresas disponen de sus clientes y usuarios para extraer conocimiento y pautas de consumo que sirvan para una mejor explotación de sus servicios también se plasmará en los ciudadanos. Cada vez son más las personas que gestionan sus depósitos desde aplicaciones del móvil, no tanto por la facilidad de acceso a sus cuentas sino por la comodidad que representa tener la capacidad de realizar al momento y personalmente la gestión global de sus gastos e ingresos. En el campo de la salud y el deporte los ciudadanos gestionan directamente su rendimiento deportivo, accediendo a los resultados que facilitan los datos que extraen de sus aplicaciones en móviles, relojes o pulseras digitales. Las nuevas formas de consumo incorporarán mecanismos que facilitarán información para la  previsión como factor de compra, por ejemplo, el tiempo de caducidad previsible de un televisor, un coche o cualquier otro aparato, avisos sobre cuándo debo cambiar un vehículo en base a las horas y kilómetros, para poder prever cómo se orientará su decadencia.

Hace unos años en un programa de televisión le preguntaban a un ciudadano catalán nacido en África que es lo que más le sorprendía de la vida en un país europeo y respondió que era la obsesión que tienen los catalanes con la meteorología y los pronósticos del tiempo anunciados en los medios. La imagen de una sociedad que miraba constantemente el cielo para buscar orientación, para leer su futuro en las estrellas, percatarse de una pronta tormenta o reclamar el favor de los dioses ha pasado a convertirse en un nuevo campo económico que planteará nuevos retos sociales. Si es bueno prever, no los es tanto evitar o manipular  lo que nos deparará el futuro tan solo por el mero hecho de que unos datos adviertan que no debamos hacerlo.