La Xarxa
La terraza de La Xarxa. © Alex Froloff

Las terrazas de la zona alta más deseadas

Terrazas, esa extensión que ocupa calles, plazas, pasajes y aceras conviviendo con transeúntes para desplazar allí el epicentro de nuestra vida social

Como un agujero negro, sentarse en una terraza con amigos o familia es sinónimo de que el tiempo deje de existir, sobretodo si se acompaña de buenos tragos y platillos.

En la zona alta, esos oasis al aire libre existen en Grosso Napoletano, La Xarxa, Bistró Mató, Bar Monterolas, El Yeti, L’Etoile o OhBo.

Grosso Napoletano

La auténtica pizza napoletana es uno de los estandartes de esta cadena de pizzerías nacida en Madrid, recientemente reconocida como la única cadena de pizzería artesanal española figurante en el top 10 de esta categoría según el prestigioso ranking internacional 50 Top Pizza que se confecciona anualmente.

El secreto de Grosso Napoletano está en la masa de fermentación lenta, al puro estilo de Nápoles, y a sus ingredientes de alta calidad que llegan semanalmente directamente desde Italia. El toque lo da el horno de leña que es el eje central del local, que en tan solo sesenta segundos le imprime esa textura entre húmeda y crujiente tan característica. Pizzas sabrosas, de versátiles combinaciones y entrantes donde el producto de origen luce y se disfruta, como la María Grazia (queso Caciocavallo, fior di latte, pepino marinado, panceta y un toque de pimienta).

Su coqueta terraza al final de la calle Casanova es todo un imán de atracción y un punto de encuentro para la zona baja de Sant Gervasi.

Grosso Napoletano
La terraza de Grosso Napoletano. © Jorch Alon

La Xarxa

La Xarxa abrió el año pasado en la Plaça Molina con una envidiable terraza acondicionada con cómodos detalles para convertirse en un lugar donde disfrutar al aire libre en cualquier época del año.

Muchos barceloneses son ya adeptos a platos icónicos del chef Carlos Allué como la tortilla fea de bacalao hecha al momento (en la mesa, delante del comensal), el taco de langostino con pico de gallo y mayonesa de ají o los macarrones rellenos de carrillera en su jugo. La experiencia es aún más redonda si se acompaña de cualquiera de sus vinos seleccionados, con opción a disfrutar de grandes referencias a copas. El servicio, esmerado y atento, te hace sentir como en casa.

La Xarxa
La terraza de la Xarxa. © Alex Froloff

El Yeti

O también conocido como El Albondigable porque hasta Plaça Bonanova se desplazan en masa acérrimos amantes de las albóndigas. Las que hace Carlos Herrero son, seguramente, de las mejores de la ciudad y se pueden degustar al plato (acompañadas de un par de piparras fritas) o bien en bocadillo. En esa terraza tranquila también se ven desfilar platos de cap-i-pota, ensaladillas rusas y croquetas (muy recomendable la de morcilla). Una caña bien tirada es la guinda del pastel. El Yeti, tapeo sencillo con producto de gran calidad para acompañar una tarde que acaba en tardeo.

Terraza El Yeti
La terraza de El Yeti. © Carlos Herrero

Bistró Mató

Subimos hasta el mismísimo Monestir de Pedralbes, aunque no con ocasión de probar el famoso mató de monja que se popularizó en su convento. El peregrinaje lo justifica Bistró Mató, un bistró con foco en la cocina mediterránea bien hecha que extiende su sala hasta la plaça de Pedralbes. Bajo la sombra de sus copiosos plataneros se puede disfrutar de las vistas, alternando con la conversación y con los bocados a sus tapas clásicas informales. Desde calamarcitos a la andaluza y berberechos en lata hasta ostras Louis d’Or. Con cerveza o con champán: ese rato se grabará a fuego en la memoria.

Bistró Mató
La terraza de Bistró Mató. © Noemí de la Peña

Bar Monterolas

Algunos críticos gastronómicos señalan su tortilla de patatas como la mejor de la ciudad, pero Peppe Palo, chef y propietario de este pequeño bar, obra maravillas con una freidora y una plancha. La trayectoria de Peppe recala en el Bar Monterolas para transformar una tapa fría en una fiesta gastronómica de ingenio y producto. Sin tener una carta fija, las tapas se listan en una pizarra, al igual que los vinos. Desde la calle Hercegovina con amor, esas pocas mesas al aire libre se disputan con ardor: ya son muchos los que han probado el jarabe de palo (el juego de palabras es inevitable) y quieren repetir.

Terraza Monterolas
La terraza del Bar Monterolas. © Peppe Palo

Gran Bar Étoile

Un ejemplo de cómo una buena gestión convierte un clásico en un imprescindible. El Gran Bar Étoile ya aparece en el biopic ochentero de El Vaquilla y décadas más tarde, los focos vuelven a este pequeño bar de terraza bonita y buena sombra en la Plaça Ferran Casablancas.

Esa nueva gestión ha diseñado una carta con clásicos de tapa en un interior renovado y refrescado de forma elegante que contempla incluso los esmorzars de forquilla. Imprescindibles las bravas Étoile para abrir boca y preparar el paladar para el tataki de pez mantequilla y salsa cítrica o para el secreto ibérico de bellota. Su carta de vinos es corta, pero todos ellos se pueden pedir a copas, dato importante para dejar pasar las horas en una exhalación de felicidad.

L'étoile
La terraza del Gran Bar Étoile. © Oriol Fàbregas

OhBo

Y regresamos casi al punto de partida, cerca de la Diagonal como frontera, para sentarnos en la terraza de OhBo. Gracias a un horario de apertura amplísimo (de mediodía hasta la medianoche), este restaurante que se extiende bajo la sombra de los árboles puede albergar numerosos momentos de consumo: desde un desayuno sabroso a una cena deliciosa (sus pastas caseras son realmente buenas, como los fetuccini nero con bogavante y gamba) pasando por una comida ligera, ideal para las altas temperaturas veraniegas.

OhBo
La terraza de OhBo. © Oh Bo

Esta es solo una breve expresión de la amplísima oferta de terrazas en restaurantes y bares de gran calidad que pueblan Barcelona. Y tras sus barras, profesionales que las miman para que sean el escenario de muchos momentos de disfrute. ¿Qué mejor que llenarlas mientras se disfruta de todo lo bueno que tienen por ofrecer?