Las fotografías que no quiere nadie

Cuando más me gusta TV3 es cuando estreno documentales como La capsa vermella: les fotografies amagades de la Guerra Civil (Sense ficció, 2 de juny de 2021), un magnífico trabajo de Plàcid Garcia-Planas, Arnau Gonzàlez i Vilalta y Toni Monné. El documental explica el hallazgo de cerca de 5.000 fotografías de la Guerra Civil que su autor, el fotógrafo Antoni Campañà, escondió en dos cajas rojas y cómo, ochenta años después, salen a la luz por primera vez.

Recorre la apasionante trayectoria profesional y vital de Campañà a partir del testimonio de familiares y expertos en fotografía, así como de unas conmovedoras grabaciones domésticas hechas por el mismo fotógrafo. Campañà tuvo una vida de película de Oscar y, sólo por eso, ya merece la pena haber visto La capsa vermella: les fotografies amagades de la Guerra Civil. Si os lo perdisteis, encontraréis el documental colgado en la web de TV3.

Si después de verlo tenéis ganas de saber más estáis de suerte. El documental, de hecho, complementa la exposición La guerra infinita. Antoni Campañà, que se puede ver en el MNAC, hasta el 18 de julio, y parte del libro La capsa vermella, editado por Comanegra hace un par de años, que reproduce algunas de sus mejores fotos.

Miliaciana Guerra Civil
Fotografía de Antoni Campañà hecha durante la Guerra Civil.

¿Por qué Campañà decidió esconder sus miles de fotografías bélicas en dos cajas rojas que durante décadas quedaron olvidadas en el fondo del garaje de la casa que tenía en Sant Cugat del Vallès? ¿Qué le habría parecido que, finalmente, salieran a la luz todas aquellas instantáneas de la Guerra Civil que él había decidido ocultar para siempre? El documental trata de responder estos dos grandes interrogantes. En todo caso, como sociedad, tenemos que agradecer que la familia salvara in extremis las cajas rojas, cuando la propiedad iba a venderse y posteriormente derribarse, y que decidiera que su contenido tenía que darse a conocer.

¿Por qué Campañà decidió esconder sus miles de fotografías bélicas en dos cajas rojas que durante décadas quedaron olvidadas en el fondo del garaje de la casa que tenía en Sant Cugat del Vallès?”

Casualmente, al día siguiente de ver el documental de Campañà me pasó algo muy curioso. Caminaba por el Eixample y me fijé que alguien había abandonado una fotografía antigua de una pareja de novios justo al lado de los contenedores de basura. Me dio pena. Pensé que este debe ser el destino de todos aquellos recuerdos que ya no valen nada para nadie. Quizás porque me parecía una pequeña injusticia que había que denunciar públicamente, decidí hacer una foto de aquel retrato abandonado en la acera e inmediatamente la compartí en Twitter. Para mi sorpresa, el tuit se viralizó rápidamente, con más de mil ochocientas comparticiones, y recibió más de doscientos comentarios que fui leyendo y, en buena parte, contestando.

Muchas personas expresaban su tristeza por el hecho de que una fotografía como aquella acabara en la calle y se preguntaban qué pasaría con sus propias fotos familiares cuando ellos ya no estuvieran. Otros observaban que esto, a las nuevas generaciones, ya no les ocurrirá porque no tienen apenas fotografías en papel. Más de uno afirmaba que, antes de que sus fotografías y las de sus antepasados ​​acaben en la basura o vendidas en los Encants, prefiere quemarlas.

Lo primero que pensé fue que qué suerte que Campañà no decidiera en su momento quemar sus grandes fotografías. Después, me pregunté: ¿Qué debemos hacer con las fotografías que no quiere nadie? ¿Dónde deben ir a parar todos aquellos álbumes llenos de recuerdos familiares que han pasado de generación en generación?

Fotografia escombraries
Fotografía antigua de una pareja de novios encontrada en la basura.