Detenerse ante el arte: cinco claves del galerismo en Barcelona

Ivan Forcadell en SELTZ
Ivan Forcadell en SELTZ

Una mirada pausada al galerismo barcelonés, entre la falta de coleccionismo local, la reinvención de las galerías y un debate fiscal pendiente.

(Directora de The New Barcelona Post)
28 de marzo de 2026

Entrar en una galería de arte es, todavía hoy, un gesto poco habitual. No hace falta entrada, no hay un recorrido marcado, nadie te obliga a quedarte ni a comprar nada. Y, sin embargo, hay una cierta resistencia invisible: la sensación de que ese espacio no es del todo para ti, de que quizá no sabrás lo suficiente, de que tal vez no lo entenderás. En un mundo acelerado, saturado de imágenes y de consumo inmediato, la galería sigue exigiendo algo poco habitual: tiempo, atención y cierta disposición a no entenderlo todo, o a dejarte interpelar por el arte que se presenta ante ti.

Quizá por eso, como reflexionaba la galerista Joana Roda, de Bombon, ir a una galería es, en sí mismo, “un acto de resistencia”.

Detenerse —en medio del ritmo frenético de nuestro tiempo— es un acto de resistencia. Y también lo es como medio de comunicación, pero a nosotros nos gusta hacerlo de vez en cuando. Lo consideramos un lujo: dejar de seguir el ritmo fragmentado de la actualidad para observar de cerca un único ecosistema —el de las galerías de arte de Barcelona— y entender cómo funciona, quién lo sostiene y hacia dónde se mueve. Una mirada pausada que nos permita concluir algo más que una radiografía sectorial.

Porque las galerías no son solo espacios expositivos ni negocios culturales. Son lugares donde se construye mirada, donde se detecta talento antes de que sea reconocido, donde se ponen en circulación ideas que, a menudo, acabarán formando parte del relato de una época. Son también espacios singulares, difíciles de homogeneizar, cada uno con una identidad propia. Entenderlas —entender el galerismo— no es posible desde la distancia: exige recorrerlas, entrar en ellas, dedicarles tiempo.

Solo desde esta proximidad se pueden intuir los grandes movimientos que están definiendo el momento actual del galerismo en Barcelona, y su futuro. Y aquí van cinco.

1. El coleccionismo local, la asignatura pendiente

Si hay un consenso claro dentro del sector —y que ha quedado patente durante toda la Semana de las galerías de arte— es este: Barcelona tiene talento, galerías y proyección internacional, pero le falta una base local sólida que sostenga el sistema.

“El coleccionista local se ha empequeñecido”, resumía el galerista y consultor cultural Llucià Homs. Una idea que otras voces del sector llevan todavía más lejos. Desde La Fuga, Maria Costafreda lo afirmaba de forma tajante: “En Cataluña, en Barcelona, el mercado es prácticamente inexistente. El coleccionista, el comprador, está siempre fuera”.

Maria Costafreda, de Fuga Gallery. © Àngel Bravo

Y este vacío no parece venir solo por una cuestión económica —que también—. Puede que sea también generacional. El economista Enrique Lacalle, gran coleccionista, impulsor de By Invitation y presidente del Círculo Ecuestre, lamenta que su generación “compra menos y los jóvenes no acaban de entrar”. “La vida es más compleja y hay otras prioridades”.

Una generación, eso sí, vinculada a un momento socioeconómico muy concreto: “Si los jóvenes tienen problemas para vivir, ¿cómo quieres que se gasten 3.000 euros en un cuadro?”, reivindicaba el galerista Miquel Alzueta. La entrada al coleccionismo, tradicionalmente vinculada a obras de primer precio, queda así fuera del alcance de toda una generación.

Pero reducirlo únicamente a una cuestión de renta sería simplificarlo demasiado. Esta semana, algunos han apuntado también a una cuestión cultural. “Existe un aura de elitismo, de poca transparencia y de prejuicios contra el mundo del arte”, señala el empresario Marc Francés, también coleccionista. Una distancia simbólica que se traduce, a menudo, en desinterés o desconexión, y que provoca, como bien apuntaban desde La Fuga, que hoy en día “no solo no se entiende el arte contemporáneo”, sino que a menudo “no hay intención de entenderlo”.

Interior de Alzueta Gallery © Àngel Bravo

Ante este escenario, han empezado a surgir iniciativas que intentan activar una nueva base coleccionista: programas como MACBA Studio, dirigido a menores de 35 años; modelos de suscripción asequibles como el de SOFT Collectors; o formatos como By Invitation, pensados para captar nuevos compradores.

Son intentos de rebajar la barrera de entrada —económica, pero también simbólica— a un ecosistema que, sin relevo generacional, corre el riesgo de quedarse sin músculo.

2. El modelo de galería: en plena mutación

Ahora bien, si el coleccionismo local evidencia una fragilidad estructural, el modelo de galería explica justo lo contrario: una notable capacidad de adaptación al paso del tiempo y a los cambios generacionales. Lejos de desaparecer, muchas galerías están aprovechando el momento para redefinirse. Según Lorena Pizarro, directora de SELTZ, “las galerías están abandonando este modelo individualista... para apostar por un sistema en el que se suman diferentes voces”.

Y esta transformación implica también un cambio de rol. El galerista deja de ser una figura de autoridad para convertirse en interlocutor. “Trabajar al lado del artista, de igual a igual”, como ha defendido la galerista Juliana Sorondo. Teniendo en cuenta los tiempos y su trayectoria: “Triunfar demasiado pronto puede ser malo. El éxito debe llegar cuando toca”, advertía el pintor Jordi Díaz Alamà, en una idea que cuestiona un sistema a menudo acelerado.

Las galerías emergentes funcionan cada vez más como centros culturales y como nodos de comunidad. © Sorondo

Y así, la galería se convierte en mucho más que un espacio expositivo: “No basta con ofrecer solo un espacio de representación y venta”, sino que debe convertirse en un nodo cultural y social. Para Laura Facci, de BETA, “la galería debe ser un elemento más del barrio, como la librería a la que vas a hojear libros... a sentirte parte de un espacio vivo”.

En paralelo, los hábitos de consumo han cambiado, y eso también lo han vivido las galerías. Aunque la galería siga siendo el principal canal de venta, el canal digital ha dejado de ser complementario para convertirse en estructural. Ya representa cerca del 17% de las ventas globales, y una parte creciente de las operaciones se cierran sin ver físicamente la obra. Plataformas como Instagram se han convertido, de hecho, en herramientas comerciales clave.

Este proceso de transformación también se refleja en otras dinámicas del sector, como la progresiva paridad de género en el mercado primario —con cerca del 45% de las exposiciones dedicadas a mujeres artistas— o en la necesidad de operar dentro de un mercado todavía reducido. Con unos 330 millones de euros anuales, el mercado español sigue lejos de los grandes centros globales y ocupa una modesta séptima posición en el mercado del arte global, con una cuota de entre el 0,5% y el 2%. De este porcentaje, por cierto, Cataluña representa una cuarta parte. Madrid, el 40%.

3. Una Barcelona globalizada: un galerismo con vocación internacional

Más allá de sus dinámicas internas, hay una realidad incontestable: Barcelona se ha integrado plenamente en el circuito global del arte contemporáneo.Conversació de Guillermo de Barnola i Tommaso Nabiuzzi sobre la col·lecció d’Antonio de Barnola a la Galería Alegría durant The Collector is Present.
Conversación entre Guillermo de Barnola y Tommaso Nabiuzzi sobre la colección de Antonio de Barnola en la Galería Alegría durante The Collector is Present.

“El mercado del arte se ha globalizado completamente. Ha pasado de ser local a ser global, gracias a las ferias, la tecnología y el turismo”, explica Llucià Homs.

Esta transformación no es teórica: se refleja directamente en el negocio. “Hoy más de la mitad de las piezas que vendemos se van fuera”, apunta el galerista Miquel Alzueta, en referencia a mercados como Estados Unidos, Asia o Europa. Una idea que se repite en el sector: “El grueso de nuestros coleccionistas son internacionales”, señalan desde Chiquita Room.

La consecuencia es clara: el arte que se produce y se muestra en Barcelona circula globalmente. Las galerías operan en una red internacional, con presencia habitual en ferias como ARCO o Art Basel —y también en plazas como México o Londres—, que las sitúa al nivel de sus competidores globales y refuerza el papel de la ciudad como escaparate cultural. Todo ello dibuja un ecosistema con una clara vocación internacional —especialmente entre las nuevas generaciones de galeristas— y con capacidad real de captar la atención más allá de su contexto inmediato.

4. El relato de la feria: ¿dónde situamos ARCO Madrid?

Una de las cuestiones recurrentes en el sector es si Barcelona ha perdido posición respecto a Madrid por no haber consolidado una gran feria internacional, como ARCO en Madrid. Para algunos agentes, la respuesta es clara: más que la feria en sí, lo que se echa en falta es todo lo que se construye a su alrededor —coleccionismo, visibilidad, ecosistema económico y relacional.

Y, de hecho, muchas galerías de la ciudad siguen encontrando este escaparate fuera. En la reciente edición de ARCO Madrid participaron Chiquita Room, galería SENDA, Prats Nogueras Blanchard, àngels barcelona, Galería Alegría, ADN Galeria, ProjecteSD, Marc Domènech, Mayoral, Ethall, House of Chappaz, Miguel Marcos, Polígrafa Obra Gráfica, RocíoSantacruz y Bombon Projects.

Chiquita Room a ARCOmadrid.
Chiquita Room en ARCO Madrid

Ahora bien, ¿es necesario replicar este modelo en Barcelona? A estas alturas, muchas voces lo ponen en duda. “Tenemos la Gallery Weekend, Swab, Art Nou... Lo que haría es dar más apoyo a proyectos como la Gallery Weekend”, sugería la galerista Joana Roda, de Bombon.

Desde esta mirada, Barcelona no estaría en desventaja, sino operando con otra lógica: un modelo distribuido, más flexible y arraigado al territorio. También más diverso. “Barcelona tiene todas las condiciones para tener una gran feria, pero una gran feria no tiene que ser grande en tamaño”. Es la filosofía con la que Mariella Franzolli expone la dimensión de By Invitation, la feria organizada en el Círculo Ecuestre que “está destinada a convertirse en un referente cada vez más importante, no solo en el panorama artístico local, sino también europeo”.

Sea cual sea el modelo —generalista o especializado, local o global—, lo que el sector tiene claro es el papel estructural de las ferias. No solo como espacios de venta, sino como plataformas de visibilidad, relación y posicionamiento.

Mariella Franzoni © Àngel Bravo

5. Espacios de resistencia y pedagogía

Más allá de las dinámicas de mercado, de las estructuras o de la internacionalización, hay una función de las galerías que a menudo queda en segundo plano, pero que es esencial para entender su papel: su capacidad de generar pensamiento. “Ir a una galería de arte es un acto de resistencia”, lo decíamos al principio. Pero esta resistencia no es solo una cuestión de tiempo o de actitud individual, sino también de contexto: la galería como un espacio que se mantiene al margen de las lógicas más inmediatas del consumo cultural.

En este sentido, opera como un lugar de mediación. Entre el arte y el público, pero también entre la intuición y la comprensión. “Hay que perder el miedo a acercarse al arte contemporáneo y dejarse interpelar”, defiende Claudia Elies, recordando que el acceso no está restringido ni condicionado: “no hace falta esperar a grandes eventos para descubrir el arte: estamos abiertos cada día”.

Claudia Elies en la muestra Lalirio en la Fabra. © Marc Llibre

Esta función conecta directamente con lo que está ocurriendo en la escena emergente. Tal y como describen Las Kunst, Barcelona funciona hoy como una “constelación de artistas que orbitan entre la institución privada, los espacios independientes que sobreviven como pueden y las prácticas colectivas”, una generación que ha crecido “sin demasiada fe en las categorías fijas” y que trabaja desde la “hibridación, tanto formal como conceptual”. La galería se convierte en el lugar donde estas prácticas encuentran visibilidad y sentido. Donde, en palabras de Las Kunst, se vehiculan discursos que parten de una “desconfianza hacia las imágenes” —que “no son neutras”—, donde el cuerpo aparece como “un campo de batalla, un lugar de resistencia”, y donde se ponen en juego “otras formas de vivir, de sentir y de construir el mundo”.

En un momento en que todo tiende a simplificarse, estos espacios reivindican justo lo contrario: la complejidad, la duda, la interpretación. Y, al hacerlo, no solo sostienen a los artistas, sino que consolidan la galería como un espacio de resistencia y de pedagogía.

6. Bonus track: la reivindicación fiscal

Si hay una demanda que atraviesa a todo el sector —galerías, artistas y coleccionistas— es la revisión de la fiscalidad.

“Mientras en España seguimos con un IVA del 21% para el arte, nuestros vecinos europeos juegan con una ventaja competitiva que nos está vaciando las galerías”, alerta Júlia Cruz. Una diferencia que, según describe, actúa como un “muro invisible” que desincentiva tanto al comprador ocasional como al coleccionista comprometido. Y la consecuencia —apunta Cruz— no es menor: en un mercado global, la compra se desplaza hacia donde las condiciones son más favorables.

Boca i Roca de Marc Larré en el CC Convent de Sant Agustí

En la misma línea, el galerista Marc Domènech ha señalado estos días una contradicción de fondo: el reconocimiento desigual del arte dentro de las políticas culturales. “El arte es cultura”, reivindica, pero recuerda que mientras otras disciplinas tienen un IVA reducido, las galerías tributan al 21%. “Un libro y una obra de arte son prácticamente equiparables”.

La cuestión, por tanto, no es solo fiscal. Es también simbólica. ¿Qué lugar ocupa realmente el arte contemporáneo dentro de nuestro modelo cultural? ¿Y hasta qué punto estamos dispuestos a sostenerlo —no solo desde el discurso, sino también desde las políticas y los hábitos de consumo?

Quizá, como decíamos al principio, la respuesta empieza con un gesto sencillo: entrar en una galería. Quedarse un rato. Detenerse.

Sobre el autor

Elena Busquets
Elena Busquets

Directora de The New Barcelona Post

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