— Por tanto, es un proyecto joven. ¿Y de dónde vienes? ¿Cómo has llegado hasta aquí?— Antes tuve mi propia galería y estuve trabajando en algunas galerías. Pero decidí crear mi propio espacio. Abrí uno con 27 años, que llevaba mi nombre: “Maria Costafreda Art Management” (MCAM). Abrí en Poblenou, estuve unos meses, y después me trasladé a la calle Mallorca, entre Aribau y Enric Granados, en un principal. De eso hace diez años, antes de cerrar por maternidad y después abrir Fuga aquí, dentro del eje de Trafalgar, en 2023.— ¿Cómo era aquel proyecto anterior?— Seguramente la primera galería era más plástica, aunque también hicimos artistas muy contemporáneos, como Margarita Andreu (de hecho, la primera retrospectiva). Pero este segundo proyecto, que es Fuga, sobre todo lo que quiere es sacudir un poco el pensamiento crítico. De hecho, abrimos el 16 de noviembre de 2023, con una propuesta de la artista iraní Shirin Salehi, exiliada entre Madrid y Mallorca: era una exposición feminista que trataba sobre todo el dolor y el trauma de las mujeres iraníes."En Catalunya, en Barcelona, el mercado es prácticamente inexistente. El coleccionista, el comprador, está siempre fuera"— La zona: Trafalgar. No es Consell de Cent, pero también tiene mucha relevancia a nivel galerístico, ¿no?— Su historia galerística es más reciente, de hace casi una década. Yo, de hecho, vivo en la plaza Sant Pere y fui viendo cómo las galerías iban aterrizando hacia Trafalgar, y eso se convertía en una zona con más importancia a este nivel.
— ¿Valentía? Todo el mundo habla de un panorama complicado a nivel galerístico. ¿Es exagerado?— Está justificado, porque realmente en Catalunya, en Barcelona, el mercado es prácticamente inexistente. El coleccionista, el comprador, está siempre fuera. A través de Madrid está ARCO, que es una de las ferias más importantes de Europa, y eso genera más movimiento. Pero si te refieres a Barcelona o a Catalunya…"No se entiende el arte contemporáneo, no hay intención de entenderlo y no hay voluntad"— Me refiero a Barcelona, sí. Y ARCO sigue siendo una herida. La ciudad de Miró, de Picasso, de Tàpies, no ha mantenido una tradición galerística fuerte.— Ya no existe la tradición coleccionista, prácticamente. Pero es que, además, no hay un entendimiento del arte contemporáneo. Basta ver el número de visitantes del MACBA. No se entiende el arte contemporáneo, no hay intención de entenderlo y no hay voluntad. Y estamos expuestos a la digitalización del arte. Hay alguna chispa en el Espai 13 de la Fundació Miró, o cosas que hacen en la Tàpies ---espacios que nacen del legado de artistas vanguardistas, pero que también apuestan por el arte contemporáneo---, pero en general no se entiende este arte, no se valora y no hay interés. Entre esto y que nos desplazamos hacia experiencias digitales como Ideal, el espacio inmersivo de la Casa Batlló, etcétera, la tradición galerística y el coleccionismo se pierden.— Por tanto, ¿el problema no es que el arte contemporáneo sea demasiado complicado?— Claramente no. Es que no hay interés. Miró y Picasso eran contemporáneos en su época, y en cambio sí había interés. Nos hemos conformado, vivimos de renta, nos hemos centrado en lo que hicimos, falta interés por ir más allá.—Y aun así, tú vas y abres una galería de arte contemporáneo comprometido. ¿Es que buscas compradores extranjeros?— Pues sí, porque vender aquí es muy difícil. El coleccionista catalán que he encontrado es muy concreto, a menudo decorativo. Colecciones que responden más a criterios estéticos que conceptuales.
"Miró y Picasso eran contemporáneos en su época, y en cambio sí había interés. Nos hemos conformado, vivimos de renta, nos hemos centrado en lo que hicimos"— ¿Y el papel de las instituciones?— Deberían fomentar más el arte contemporáneo. El MACBA, el MNAC ya apuestan por el arte contemporáneo, pero las demás instituciones podrían apostar mucho más. La Thyssen, por ejemplo, cuando abra. Ahora mismo destacaría el trabajo que hacen en Virreina, por ejemplo. Barcelona ha preferido destacar en artes escénicas, música, mundo editorial… en eso sí estamos contemporáneos; en arte, no.
— ¿Y ahora, qué estáis haciendo en la galería?— Tenemos un programa con exposiciones cortas, denominado Entreactes, con una duración de entre tres semanas y un mes, aproximadamente, pensadas para exponer artistas emergentes. Ahora tenemos una exposición de Krystel Liliana, realizada a partir de la cera (que remite al fuego) como material de trabajo y de sus recuerdos de infancia. En este caso, sin embargo, la cera la ha querido llevar hacia el agua, a partir de una piscina de su infancia. Estará hasta principios de abril.— ¿Y después?— Después vamos a Milán, a la feria a la que nos han invitado. Es para galerías con propuestas muy concretas de contemporáneo y con un recorrido corto. En Barcelona tampoco es que haya mucha competencia: muchas galerías trabajan más con artistas consolidados, en terreno seguro."Una bienal no resuelve nada. El problema es de base. Educación. Reeducar. Desde la escuela, medios, instituciones… Si no se entiende el arte contemporáneo, al final no interesa"— Y vuestra apuesta es diferente.— Atreverse, avanzar, sacudir el pensamiento. Trabajamos con artistas internacionales que viven aquí y nos hablan de valores, injusticias, racismo, diáspora…—¿Y cómo está la lucha por el IVA reducido en arte?— Tenemos el IVA más alto de Europa. Es un problema grave. El Ministerio de Cultura nos dice que está de acuerdo, pero luego dice que es cosa de Hacienda, y Hacienda dice que no les han dicho nada. Es un bloqueo total.
— ¿Eso os afecta mucho?— Mucho. Hace que aquí todo sea menos competitivo que fuera."El artista no se limita a representar la realidad; la cuestiona, la deforma y propone nuevas lecturas"— Para terminar: ¿qué recomendarías para reconciliar Barcelona con el arte contemporáneo? ¿Habría que hacer una bienal, por ejemplo?— ¿Manifesta ha funcionado?— ¿Cómo?— Que una bienal no resuelve nada. El problema es de base. Educación. Reeducar. Desde la escuela, medios, instituciones… Si no se entiende el arte contemporáneo, al final no interesa. Hay que hacer como ha hecho el Liceu: acercar su mundo al del arte contemporáneo, con naturalidad y divulgación.— ¿Nuestro problema lo tienen también otras ciudades?— No. París no lo tiene. Londres no lo tiene. ¡Pero es que Madrid tampoco! Madrid está mucho más viva en arte contemporáneo. Hay interés, movimiento, programación…— No es solo dinero, entonces.— No. Es pensamiento. Es interés. Es querer vivir en el mundo contemporáneo.
Cuestionario— ¿Una feria de arte contemporáneo?
— Liste Art Fair, en Basilea.
— ¿Un artista emergente que deberíamos conocer?
— Ali Arévalo.
— ¿Y un artista que sí tengas en la galería?
— Caterina Miralles Tagliabue.
— ¿Una obra que te gustaría tener en casa?
— De quien sembramos las semillas (2025), de Lena Laguna Diel. Dos cianotipias sobre algodón de casi 5 m de altura maravillosas.
— ¿Una exposición que recomiendas?
— Como una danza de Estornells, Colección MACBA (ahora en Barcelona).
— Y, por último, ¿una lección que has aprendido del mundo del arte?
— La capacidad de transformar el pensamiento en forma. El mundo del arte nos enseña que una obra no nace solo de una habilidad técnica, sino de un proceso intelectual y conceptual profundo. Ideas, críticas sociales, preguntas existenciales o intuiciones abstractas se convierten en lenguaje visual. Esto implica una especie de “traducción” (Walter Benjamin) que se materializa en una imagen, una instalación o una acción. El arte contemporáneo nos recuerda que pensar crítica y creativamente no solo sirve para analizar el mundo, sino también para reconstruirlo. El artista no se limita a representar la realidad; la cuestiona, la deforma y propone nuevas lecturas.
El mundo del arte nos enseña que las ideas son materia prima suficiente para crear complejidad, belleza e impacto, y que la verdadera habilidad consiste en darles una forma que haga visibles lo que de entrada es invisible.