Barcelona cuenta con una tradición sólida de coleccionismo, con figuras como Antoni Vila Casas, Ernesto Ventós o Josep Suñol, que construyeron colecciones y las compartieron con el público a través de fundaciones. Sin embargo, hoy se percibe que hay pocos coleccionistas activos, sobre todo si se compara con Madrid o con capitales europeas como Bruselas o París. Esta escasez no es solo un dato: es un reto para la sociedad, porque la función del coleccionista es clave para que el ecosistema artístico funcione.
Al hablar con agentes del sector, se confirma que el coleccionismo en Barcelona está fragmentado y es difícil de dimensionar. Hay una creencia generalizada que coleccionar “no es para mí”: algunos temen acercarse a un mundo percibido como elitista o poco transparente, y para la mayoría el primer paso parece inalcanzable por la inversión económica que implica. Sin embargo, el coleccionismo no es exclusivo de las grandes fortunas: las galerías de arte de Barcelona ofrecen obras para todos los bolsillos. Muchos coleccionistas son profesionales vinculados a la cultura, el diseño o la creatividad, que sienten un interés genuino por el arte y deciden apoyarlo adquiriendo obras y haciendo un esfuerzo económico en un intento de democratizar el acceso a este ámbito.
En este contexto, iniciativas como The Collector is Present, organizada por Barcelona Gallery Weekend, buscan visibilizar y poner en valor la figura del coleccionista y su relación con la galería de arte. Este año celebra su cuarta edición, que tendrá lugar del 14 al 16 de mayo, mostrando su continuidad en la ciudad. “El objetivo es animar a otras personas a coleccionar y permitir que sean los propios coleccionistas quienes expliquen su experiencia”, explica Mariña Á. Pino, directora de Barcelona Gallery Weekend. A través de charlas y encuentros, coleccionistas de la ciudad comparten su experiencia poniendo el foco en las relaciones que se establecen entre coleccionistas-galeristas-artistas, las diferentes maneras de acercarse al arte y en las posibles motivaciones para adquirirlo.
El desafío va más allá de la capacidad económica, ya que demanda el cambio de percepción pública anteriormente mencionado. Marc Francés, coleccionista joven afincado entre Bruselas y Barcelona, subraya que “existe un aura de elitismo, de poca transparencia y de prejuicios contra el mundo del arte que hacen que muchas personas no se acerquen”. Aun así, destaca que en Barcelona ha encontrado “un ambiente sano, poco especulativo, donde artistas, galeristas y coleccionistas aman genuinamente lo que hacen”. La tarea, afirma, es atraer a nuevos públicos, explicarles cómo funciona el mundo del arte y hacer que se sientan bienvenidos, incorporando la compra de una obra de arte como una forma de apoyar a la cultura.
Programas como MACBA Studio, de la Fundación MACBA, demuestran que es posible promover el coleccionismo entre nuevas generaciones. Iniciado en 2022, fomenta el coleccionismo entre jóvenes menores de 35 años a través de visitas privadas a estudios de artistas, encuentros con comisarios, rutas por galerías, acceso a ferias y viajes culturales. El grupo reúne a jóvenes que inician su camino en el coleccionismo y a otros con mayor trayectoria, todos ellos vinculados por su compromiso con el MACBA y el ecosistema artístico. Gracias a esta participación, los miembros contribuyen directamente al crecimiento de la colección del museo y al desarrollo del coleccionismo en una nueva generación. Hace unas semanas, MACBA Studio recibió el Premio “A” al Coleccionismo de la Fundación ARCO, un reconocimiento a su labor y su capacidad de acercar el arte contemporáneo y fomentar el coleccionismo entre los jóvenes.
También SOFT Collectors, de la galería Chiquita Room, demuestra que es posible hacer del coleccionismo una práctica accesible. Como explica Laura González Palacios, directora de la galería, “es un excelente punto de entrada al coleccionismo de arte, de manera asequible y accesible. Intentamos derribar barreras sociales y económicas que, por desconocimiento o falta de contacto con el sector, pueden impedir empezar a adquirir obras de arte y construir una colección”. Su modelo de suscripción anual de 150 € incluye recibir tres obras gráficas o ediciones de artistas a lo largo del año, coincidiendo con citas importantes en el calendario: la noche de Reyes, Sant Jordi y Barcelona Gallery Weekend.
Barcelona no es Bruselas ni París, pero tiene una comunidad activa y dispuesta a acompañar a nuevas generaciones de coleccionistas. La base puede ser más reducida, pero el ecosistema es sólido y existe una voluntad clara de crecer. El verdadero desafío está en la sociedad: democratizar el coleccionismo, fomentar la cultura de la adquisición de arte y reconocer la función esencial del coleccionista para sostener a artistas y galerías. Porque sin coleccionistas comprometidos, el ecosistema artístico pierde impulso, y con él, la posibilidad de que la ciudad despliegue todo su potencial cultural.