LA SEMANA DE LAS GALERÍAS

El nuevo paradigma de las galerías emergentes: riesgo, comunidad y desafío

Mateo Maté en SELTZ Gallery
Mateo Maté en SELTZ Gallery

Una escena galerística renovada que desafía jerarquías, redefine el mapa artístico de la ciudad y convierte el arte en un territorio colectivo y accesible

(Redactora en The New Barcelona Post)
07 de abril de 2026

En el arte contemporáneo, arriesgar no es opcional: es la norma. Es el impulso de quienes se atreven a pensar, imaginar y crear, incluso desde los márgenes y la precariedad. En Barcelona, este espíritu experimental no se limita a las obras: desborda y transforma también las estructuras que sostienen el arte. No es solo una nueva generación de artistas, sino también de galeristas que entienden el riesgo como una forma de hacer, tanto en la creación como en la gestión. Galeristas que apuestan por superar el hermetismo y la opacidad en el negocio del arte, rompiendo estereotipos, comunicando con transparencia, abriéndose a nuevos públicos y replanteando la relación entre artista y galerista.

La ebullición de la escena galerística emergente en Barcelona es imparable. A pesar de los cierres sonados de galerías históricas como Sala Dalmau o Estrany-de la Mota, la ciudad ha visto nacer una nueva generación de espacios. Así lo evidencian las cifras: según el último informe sobre el mercado español del arte (2021), cerca de un tercio de las galerías españolas ha surgido tras la crisis de 2008, complementando un panorama en el que también destacan galerías ampliamente consolidadas, con más de 30 años de trayectoria, que han demostrado su capacidad de adaptación.

Hoy, además, el sector está mayoritariamente liderado por jóvenes o personas de mediana edad —con solo un 11,4% de trabajadores mayores de 50 años—. Se trata, además, de un liderazgo mayoritariamente femenino (74,2%). Estas nuevas generaciones de galeristas se caracterizan por un cambio de modelo: menor dependencia del coleccionismo local, una clara proyección internacional y un dominio creciente de los canales digitales y la comunicación en redes sociales.

Pero más allá de las estrategias de mercado, el aire fresco de estas galerías también se percibe en su estructura interna: abandonando los modelos “personalistas” y apuesta por la horizontalidad en los procesos. "Las galerías están dejando atrás este modelo individualista, construido en torno a la personalidad y los intereses del galerista, para apostar por un nuevo sistema en el que se suman diferentes voces", señala Lorena Pizarro, directora de SELTZ by Ritter Ferrer. La galería, que ocupa el espacio de la histórica Joan Prats, abrió sus puertas en abril de 2025 con las fotografías de Cristina García Rodero, y concibe el proyecto desde una mirada diversa, que abarca desde la pintura figurativa hasta el arte digital.

"El modelo de galería evoluciona hacia estructuras cada vez más pequeñas, pero también más ágiles y con una identidad y un discurso más definidos", asegura Laura Facci, codirectora de BETA Contemporary, galería fundada en Berlín por un colectivo de creadores venezolanos en diáspora y que, desde 2024, opera desde Barcelona.

Las fotografías de Cristina García Rodero inauguraron la galería SELTZ en abril de 2025. © Seltz

"El arte debe ser un reflejo del ritmo de la calle y del presente y, como la ciudad es vibrante, la galería también debe abrir sus puertas a diferentes lenguajes y estilos", reflexiona Pizarro mientras ultima los preparativos para las nuevas inauguraciones de SELTZ: con las muestras, por un lado, de Rosa Brun y su definido estilo abstracto, y por otro, de Mónica Jover Calvo, que llena de tejido e hilos todo el espacio expositivo.

Este abandono del personalismo y el individualismo no solo se produce en la estructura de la galería, sino también en la forma de establecer y entender los procesos artísticos. "No me interesa la figura del galerista como autoridad, sino como diálogo. El objetivo es romper las jerarquías y trabajar junto al artista, de igual a igual", defiende Juliana Sorondo desde su galería Sorondo Projects, que pronto celebrará dos años de vida.

Juliana Sorondo, con la exposición Montaña Sagrada, de Suwon Lee. © Marc Llibre

"Me gusta construir relaciones de acompañamiento, no solo representar de manera puntual", añade Sorondo. A diferencia de las galerías tradicionales, donde la relación con el artista a menudo se limita a la organización de la exposición o a la venta de las obras casi como intermediarios comerciales —a través de una comisión que puede elevarse hasta el 50%—, las galerías emergentes buscan una proximidad constante y profunda. "Es una relación constante, casi diaria, de entender sus procesos y pensar en oportunidades que les funcionen", añade Anna Pérez Milán, codirectora y responsable de ferias de Fuga, galería inaugurada a finales de 2023 dentro del eje de Trafalgar.

Laura González (Chiquita Room): "Si no hay riesgo, no hay arte"

La galería ya no es un simple representante comercial, sino un acompañante. Para Laura González, fundadora de Chiquita Room, su rol es casi el de una editora: "La tarea del galerista es garantizar las condiciones necesarias para que la creatividad del artista se despliegue en su totalidad". Fue precisamente a través de la edición de libros de artista como González inició su camino en el galerismo, un sector hasta entonces desconocido para ella: primero como editorial, Chiquita Ediciones (2013) —labor que continúa desarrollando— y, de manera casi natural, como espacio expositivo, inaugurado en 2018.

Nuevas voces y relatos en los márgenes

La revolución, sin embargo, no es solo formal, sino también conceptual: las galerías emergentes y su nuevo modelo de relación galerista-artista también favorecen el riesgo y la experimentación. "Me gusta concebir Chiquita Room como un espacio de cocina, de experimentación material y conceptual. Si no hay riesgo, no hay arte. Para mí, el riesgo es un atributo inherente al arte para que no se convierta en una commodity, sino que nos haga pensar, incomodarnos y sacudirnos emocionalmente", remarca González.

Una experimentación artística que encuentra su espacio natural en las galerías emergentes. "En los últimos años se ha consolidado una escena galerística más porosa y menos conservadora, en la que los espacios operan desde la experimentación, y no únicamente desde la lógica comercial", asegura Facci. Además, a diferencia de las galerías consolidadas, que ya tienen un discurso y un catálogo de artistas más definido y establecido, estos nuevos espacios impulsan propuestas líquidas y sin etiquetas fijas, apostando por artistas que apenas inician su trayectoria profesional; aunque también hay galerías emergentes que apuestan directamente por artistas de media o larga carrera.

Todo ello sin olvidar las exigencias del mercado. Porque, aunque las galerías emergentes sean un espacio de experimentación, este riesgo debe saber combinarse con las tendencias globales. El arte ya es de por sí una profesión marcada por la precariedad, y estas galerías deben encontrar el equilibrio entre experimentación y viabilidad. Como recuerda Pérez Milán, de Fuga, esta es también la misión del galerista: "detectar las tendencias del mercado y, sin pretender diluir la esencia del artista, asegurarse de que puede encajar con las exigencias actuales, garantizando que la experimentación no sea solo una apuesta abstracta, sino también sostenible".

Elementos para un paisaje, de Marla Jacarilla en Fuga. © Fuga

Así, las galerías emergentes aportan un aire renovado a las prácticas artísticas, dando visibilidad a voces y discursos que a menudo han quedado en los márgenes. Son proyectos que desbordan los límites establecidos de géneros y disciplinas y que amplían la presencia de voces tradicionalmente silenciadas: artistas femeninas —que es la línea principal de galerías como Fuga—, creadores queer o personas que crean desde la diáspora —concepto por el que apuestan diversos espacios de la ciudad, desde BETA Contemporary hasta Sorondo Projects o Zielinsky—, voces todas ellas infrarepresentadas en la historia del arte.

Redefiniendo los límites del espacio artístico

Esta energía transformadora de las nuevas galerías también ha reconfigurado el mapa de la ciudad. El tradicional eje galerístico de Consell de Cent ha cedido protagonismo a un nuevo polo de dinamismo cultural: el eje de Trafalgar, que hoy marca el ritmo del arte contemporáneo en Barcelona. A lo largo de esta calle se concentran trece galerías y, en momentos clave para el sector, como el Barcelona Gallery Weekend o Art Nou, se transforma en un verdadero museo colectivo con múltiples sedes abiertas al público..

El eje de Trafalgar se ha consolidado como un nuevo polo artístico de la ciudad, concentrando trece galerías. © Escat Gallery

Un sentimiento que las galerías instaladas en este eje quieren reforzar a través de la creación del Trafalgar Art Hub, impulsado por Pau Escat, director de Escat Gallery —con sede en Trafalgar, Sarrià y Maó (Menorca)—, junto con Maria Costafreda (Fuga) y Carlos Senda (Galeria Senda). El objetivo es ambicioso: sincronizar las inauguraciones de las diferentes galerías y marcar el ritmo de la agenda cultural de la ciudad. Como explica Escat: "Queremos que cualquier persona que pase por la calle, sea local o turista, pueda conectar con el arte contemporáneo a través del trabajo de galerías que colaboran para crear una experiencia única y accesible".

Pero el Trafalgar Art Hub no es el único polo activo en Barcelona. El arte contemporáneo se dispersa a lo largo de toda la cartografía barcelonesa: desde Gràcia o Ciutat Vella hasta L’Hospitalet de Llobregat. Escat, que antes de galerista fue artista, está convencido de que la soledad creativa, que a menudo puede sentir el creador, se puede compensar con nuevos modelos de trabajo y un mayor asociacionismo entre galerías e instituciones.

A medida que la ciudad ve nacer nuevos polos activos, las galerías emergentes también crean espacios flexibles y efímeros que responden a la creatividad en constante movimiento. Los Entreactes de Fuga son un ejemplo: intervenciones temporales de dos o tres semanas que se sitúan entre las grandes exposiciones, casi como un entreacto teatral entre representaciones, pero con una función crucial: dar visibilidad a "artistas emergentes que a menudo quedan fuera del circuito institucional de Barcelona y que, de otra manera, no encontrarían su espacio expositivo hasta dentro de años", resume Pérez Milán.

Chiquita Room a ARCOmadrid.
El expositor de Chiquita Room en ARCOMadrid. © Chiquita Room

Una tarea quijotesca: supervivencia y precariedad

A pesar del espíritu transformador y la energía que impulsa la escena emergente, ser galerista en Barcelona es, en palabras de la directora de SELTZ, una "tarea quijotesca": un reto que exige esfuerzo constante, ingenio y pasión, a menudo frente a condiciones precarias y un mercado exigente. La sostenibilidad del negocio es, en realidad, el verdadero desafío, ya que el galerismo es un sector con pocas barreras de entrada, pero con una tasa de supervivencia limitada. "No hay barreras de entrada: cualquiera puede abrir una galería. Lo difícil es que dure", advierte Miquel Alzueta.

En este sentido, una de las principales barreras que enfrentan los galeristas emergentes es la fiscalidad: el IVA cultural del 21 % se ha convertido en un freno notable. "El IVA cultural asfixia al coleccionismo incipiente y Catalunya corre el riesgo de perder competitividad frente a sus competidores europeos, que sí cuentan con ventajas fiscales", advierte Pérez Milán desde Fuga. "Es una situación injusta, sobre todo porque no estamos hablando de las cifras millonarias que a menudo aparecen en las subastas, sino de los ingresos básicos para que el artista sostenga su práctica y trayectoria", aclara Pizarro. Esta situación ha llevado a algunas galerías catalanas incluso a replantearse aperturas en otras ciudades europeas para mantener su competitividad, a pesar de su arraigo en Barcelona y en su escena artística.

Las galerías emergentes funcionan cada vez más como centros culturales y como nodos de comunidad. © Sorondo

"El talento en Barcelona es innegable, pero todavía falta la otra mitad: un grueso de coleccionistas locales activos. La mayoría de nuestros coleccionistas son internacionales", lamenta la directora de Chiquita Room, evidenciando que, más allá de la fiscalidad, la consolidación de un coleccionismo local y renovado, que también convoque a las nuevas generaciones, sigue siendo un desafío crucial para la escena emergente.

La falta de pedagogía e, incluso, de interés por el arte contemporáneo es palpable. Frente a esta realidad, las galerías emergentes trabajan para desmontar los estereotipos que rodean al coleccionismo, transformando sus espacios en lugares accesibles y atractivos para todo tipo de público. Además, demuestran que coleccionar arte no es exclusivo de grandes fortunas: también es posible para presupuestos más modestos, con piezas de artistas emergentes que a menudo se pueden adquirir por 200 o 300 euros —aunque el precio medio de las obras expuestas en galerías suele situarse por encima del millar de euros—, muy lejos de los precios que, a simple vista, se podrían imaginar.

Laura Facci (BETA): "No basta con ofrecer solo un espacio de representación y venta: hay que diversificar las actividades, desde residencias y ferias internacionales hasta proyectos editoriales o intervenciones públicas".

Desde galerías como Chiquita Room se impulsan iniciativas como SOFT Collectors, un modelo de suscripción anual de 150 € que permite recibir tres obras gráficas o ediciones de artistas a lo largo del año y que se convierte en una puerta de entrada accesible al coleccionismo, incluso para los más jóvenes. "Compra obra de artistas en vida. Después, ya no les ayuda a sostener su práctica y acaba siendo más cara", recuerdan desde Chiquita Room.

Looking for clovers, de Madison Tyrell en BETA Contemporary. © BETA

Una nueva concepción de la comunidad

Frente a estos retos globales, el modelo de galería está evolucionando, como advierte Laura Facci, hacia una concepción más amplia: "No basta con ofrecer solo un espacio de representación y venta: hay que diversificar las actividades, desde residencias y ferias internacionales hasta proyectos editoriales o intervenciones públicas". Así, las galerías emergentes funcionan cada vez más como centros culturales y como nodos de comunidad: con talleres, recitales, conciertos y otras actividades que propician encuentros e interacción. "La galería debe ser un elemento más del barrio, como la librería donde vas a hojear libros, a hablar con el librero y a sentirte parte de un espacio vivo y compartido", defiende Lorena Pizarro.

Y esta comunidad no solo se construye en el espacio físico: los canales digitales también se han convertido en una extensión natural del proyecto, con redes sociales y plataformas como Artsy, que ya representan el 17 % de las ventas globales y permiten conectar con coleccionistas y público internacional. Al mismo tiempo, las ferias internacionales —además de las tres grandes de Barcelona: Swab, By Invitation y Loop— continúan siendo una pieza clave para la visibilidad y la creación de redes internacionales, funcionando más como instrumentos de reputación y conexión que como fuente de rendimiento económico inmediato.

Artistas de Escat Gallery en By Invitation, la feria del Círculo Ecuestre. © Escat Gallery
Como el bambú, que fortalece sus raíces antes de crecer con fuerza, las galerías emergentes de Barcelona han trabajado con paciencia y constancia, construyendo un nuevo modelo sobre principios sólidos como la comunidad, la experimentación y la transparencia. Hoy, este esfuerzo comienza a materializarse en una escena galerística vibrante, diversa y horizontal, que se atreve a desafiar los límites del arte contemporáneo y demuestra que el arte puede ser accesible e incluso convertirse en un elemento integrado en la vida cotidiana.

Sobre el autor

Ainara Valadez
Ainara Valadez Medina

Redactora en The New Barcelona Post

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