Una buena noticia: Nace el Coptur

Ha hecho falta un cataclismo como la pandemia de la covid-19 para que algunos, no todos, de los que criticaban al turismo en Barcelona se hayan dado cuenta de que una ciudad sin turistas es una ciudad muerta. Les daba igual la cadena de valor que el visitante generaba, o la atracción de capital y talento que comporta el turismo. Durante años el debate se redujo al empobrecedor binomio turismo sí o turismo no. En el arsenal de los detractores del turismo destacaban conceptos como gentrificación, masificación, despersonalización, ocupación de baja calidad, monocultivo turístico… Cosas que son ciertas, pero que no tienen necesariamente el origen en el crecimiento de la población turística que experimentó Barcelona.

Por ejemplo, la gentrificación de barrios como el de la Barceloneta no la iniciaron precisamente los turistas extranjeros, fueron otro tipo de turistas que, procedentes de otros barrios de Barcelona o incluso de otras poblaciones de Catalunya, aplanaron el terreno a los especuladores y a los fondos buitre. Si se hubiese apostado desde el principio por un plan de hoteles ambicioso y de calidad seguramente se habría logrado aplacar esa oleada especulativa. Y otro tópico, el de las actividades profesionales de poco valor añadido y mal retribuidas. Hay que decir que este hecho tiene más que ver con el tipo de turismo que no con el turismo en general. Si se hubiese apostado por un turismo de más nivel económico, este hecho revertiría en la mejora de la calidad del empleo del sector. Pero estas medidas, entre otras, a menudo han sido tachadas de elitistas por los ideólogos del anti-modelo.


Las playas de la Barceloneta totalmente vacías. ©Edu Bayer

Ahora, sin embargo, todo ha cambiado y a pesar de que estamos en plena crisis y no se vislumbra una completa recuperación del turismo hasta 2024 —esta es la previsión de las grandes compañías aéreas y de las cadenas hoteleras— estamos a tiempo de iniciar un viraje para sentar las bases de un nuevo modelo turístico que imponga la calidad. Si la oferta turística es de alta calidad, repercute en los precios y mejora las condiciones de trabajo. Son habas contadas. Si, al contrario, se sigue optando por la falta de planificación y mejora, seguirá la masificación y los problemas para los vecinos de la ciudad que este fenómeno conlleva. La calidad demanda formación, exigencia y oferta de productos de alto nivel.

Estamos a tiempo de iniciar un viraje para sentar las bases de un nuevo modelo turístico que imponga la calidad

Por todo esto, es una buena noticia el nacimiento del Col·legi Oficial de Professionals del Turisme, COPTUR. Los profesionales del sector que apuestan por la calidad han decidido sumar esfuerzos. De entrada quieren consolidar la existencia de un interlocutor con las administraciones, los medios de comunicación y la sociedad en general. Pero quieren ir más allá y se fijan, entre otros objetivos, ordenar el ejercicio profesional. No hace mucho, en esta misma columna, hablábamos de la permisividad de las administraciones catalanas con el intrusismo profesional en el ámbito de los guías turísticos. También ponen sobre la mesa la necesidad de dignificar la profesión, además de defender los intereses de sus miembros como realiza cualquier colegio profesional.

No dejaba de ser una anomalía que un sector que generaba más del 12% del PIB de Catalunya antes de la pandemia no contara con un organismo que aglutinara a los profesionales y defendiera los intereses del sector. En el pasado ya hubo un intento de creación de un colegio profesional, pero murió por la colisión de los intereses que existen en el sector. Porque una cosa es captar turismo de calidad y gestionar in situ la excelencia y otra muy diferente es dedicarse a organizar las vacaciones o los viajes de los barceloneses y catalanes por el mundo. Nada que ver una cosa con la otra.

No dejaba de ser una anomalía que un sector que generaba más del 12% del PIB de Catalunya antes de la pandemia no contara con un organismo que aglutinara a los profesionales y defendiera los intereses del sector

Como decía, el nacimiento de este colegio profesional es una buena noticia, pero el discurso que destila es aún mejor. Porque si alguien desea un turismo de calidad, con capacidad adquisitiva e interesado en nuestra oferta cultural, es el propio sector.

El COPTUR puede también ayudar a que sectores amplios de la hostelería y la restauración se sumen también a la apuesta por la calidad. La destrucción de negocios y puestos de trabajo en este ámbito que ha provocado la crisis de la pandemia y el drama social que comporta no debe enturbiar la mirada al futuro inmediato. Estamos aún en pleno cataclismo, sí, pero esto no nos debe impedir mirar hacia el futuro. Una parte importante del sector ya ha dado un paso hacia delante.

Ahora la pregunta pertinente es saber qué están haciendo las administraciones públicas para planificar un modelo diferente. ¿Qué hacen el Ayuntamiento de Barcelona y la Generalitat? ¿Y Turisme de Barcelona? No lo sabemos. Junto a las cifras de la pandemia en los hospitales, de la masificación de las UCI, del índice de rebrote, o de las consecuencias sociales y económicas por el número de negocios cerrados o parados, estaría bien que nuestros gestores públicos en el ámbito turístico explicaran qué están haciendo y con qué perspectivas trabajan. Han actuado correctamente al habilitar recursos, siempre insuficientes, para rescatar a las personas que han quedado más expuestas a este desastre. En este momento de la película daríamos por buena la frase de Antonio Gramsci cuando afirmaba que para capear una gran crisis hacen falta dos cosas: previsión y perspectiva. Pues esto.