Isabel Coixet ha estrenado su última película en la Seminci.

Indomable Coixet

La cineasta catalana, ganadora del Nacional de Cinematografía 2020, ha inaugurado la Semana Internacional de Cine de Valladolid con Nieva en Benidorm, un thriller a ritmo de las Baccara y poemas de Sylvia Plath, y recibe el Oro de Honor del certamen.
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lla estaba por fin de vacaciones en el sur de Francia (“una Francia muy poco pretenciosa, pleno campo cerca Carcassonne”) y en lo último que estaba pensando es que fuera a sonar el teléfono y recibiera una llamada del ministro de Cultura en persona para decirle que había ganado el Nacional de Cinematografía: “Lo último, era lo último en lo que estaba pensando”. Punto. “Ni tarde ni pronto, no lo esperaba, aunque otros años me habían dicho que estaba en las listas (de barajados). Son cosas que vienen y agradezco, pero que no se me ocurre pensarlas”.

Estaba de vacaciones y era domingo por la tarde. Acaba de emitirse su programa de Radio 3, segunda entrega de Alguien debería prohibir los domingos por la tarde, en el que Isabel Coixet (Sant Adrià de Besòs, 1960), entre párrafos de Cortázar y poemas de Karmelo Iribarren, se pregunta a quién se la habrá ocurrido inventar las tardes de domingo con su deprimente soniquete de partido radiado y el resto que es silencio, y angustia porque el tiempo pasa y los minutos de arena se cuelan por el cuello del reloj riéndose de tu espejismo de ser.

Suena el teléfono y somos nosotros desde Barcelona para preguntarle qué queda de la Barcelona a la vanguardia de las artes y la cultura en general. ¿Barcelona es lo que era? “Para nada. Barcelona se está mustiando”.

Pero dejemos esto para el final, que amarga mucho, y empecemos por Benidorm. Nieva en Benidorm, su próximo estreno, que sucederá en la apertura de la Seminci este sábado 24 de octubre y de paso le granjeará la Espiga de Oro de Honor del festival vallisoletano. Benidorm, ¿el escenario donde cualquier suceso es posible? “Benidorm tiene una fascinación real, que está vinculada con lo kitsch y lo camp. Es un lugar donde triunfan cantantes, repertorios, asuntos que estaban de moda hace años, y lo hacen de un modo paródico y caricaturesco.

Es un Shangri-La donde conviven dos mundos aparte, el de los jubilados españoles que no hablan una palabra de inglés y el de los extranjeros que llevan ahí toda una vida carpe diem sin hablar una palabra de español; tiene un entorno impresionante y un urbanismo vertical a lo Copacabana que fascina a los arquitectos. He sacado un Benidorm muy peliculero, un crisol de quimeras de mucha gente dispar, strippers, cocineros, jubilados, policías…”

Isabel Coixet en el rodaje de Nieva en Benidorm

Y allí en medio Sylvia Plath, poeta de culto, maldita, para que vuelvan a decir de ella que es densa, intensa, bizantina… “No voy a renunciar a mis referencias, me la suda lo que digan. Sylvia Plath vivió en Benidorm tres meses en la década de los 50, una luna de miel, una época muy feliz de su vida (que terminó en suicidio después de repetidos intentos), y allí escribió muchos poemas, y hay una policía (Carmen Machi) que vive en el mismo lugar donde ella vivió, y busca ese otro Benidorm posible. Sí, tenemos de todo, del Yes Sir, I can boggy a poemas de Sylvia Plath, porque es lo que me gusta: cabalgar de la cultura pop a otra supuestamente más elevada, que para mí son siempre una misma”.

Es su sello personal. Aquellas críticas que 30 años atrás le hicieron llorar –ha confesado-, también la hicieron grande, y ¿no será que proyecta una falsa imagen de persona segura, pagada de sí misma? Está a punto de decirme, mira Pita, déjame en paz, y lo noto como un hormigueo a través de las ondas; pero como sabe que esto queda fatal, suspira y responde: “Ya no me importa dar que hablar. Es muy fácil hoy no ver lo que no te interesa. Y que la gente pierda un minuto de su vida criticando mi exceso de cultura, qué quieres que te diga, me da la risa (y en efecto se ríe). Afortunadamente, creo que hay mucha más gente a la que le encantan estas cosas. Pero, de verdad, lo que digan de mí no me quita el sueño”.

Me gusta cabalgar de la cultura pop a otra supuestamente más elevada, que para mí son siempre una misma

Se ha dicho de su cine (con acierto) que se lee, que es un cine de palabra, en ocasiones dedicado ex profeso a la literatura. Y cuando más lo esperábamos, en su última película, Elisa y Marcela, una historia fascinante, una novela por escribir que buceó en la memoria no archivada de dos mujeres homosexuales en 1885, Coixet optó por la imagen muda. “Hice la película que quería hacer, aproximándome a la historia de una manera muy visual, porque además me parecía muy complicado imaginar cómo hablaban en aquel tiempo estas mujeres. Pero la historia no se agotó con la película, estoy segura de que se repetirá, porque además es un asunto interminable”.

Una contadora de historias de mujeres

Ha sido galardonada con el Nacional de Cinematografía por un jurado estatutariamente paritario y de mayoría femenina, y entonces vuelven a surgir las voces de la discordia diciendo que Coixet reprocha al nuevo feminismo que… ¿qué le reprocha, esto de la cuota precisamente? “Siempre he defendido muy claramente la cuota, que me parece un modo de recuperar una deuda del pasado, que ninguneó sistemáticamente a las mujeres. Las mujeres no deberían estar pidiendo la igualdad salarial sino sueldos más altos que los hombres, y los hombres deberían estar agradecidos de que pidamos igualdad y no venganza. Pero mira, el movimiento se demuestra en acción. Yo era feminista con 5 años, porque era muy consciente del desprecio que recibíamos las mujeres, lo recuerdo muy claramente. ¿Por qué me regalas un estuche de manicura si te he pedido tres libros? ¿Por qué no puedo ser lo que quiero ser? ¿Por qué tengo que casarme y tener hijos? ¡Oiga, esto no tiene ningún sentido! Lo pensaba y lo creía de una manera natural. Y desde que empecé a hacer cine, siempre he tenido claro que me gusta contar historias de mujeres”.

Fotograma de la película ‘Elisa y Marcela’.

Un jurado que ha destacado de ella su libertad, valentía, inconformismo, versatilidad, proyección internacional, generosidad con las nuevas generaciones, compromiso con la igualdad y las causas sociales. Buf. ¿Dónde se reconoce más? “Es cierto que voy a mi aire, cada uno elige un camino, o tal vez el camino te elige, pero me recuerdo siendo así desde el patio del colegio; uno nace así, diferente, pero no lo planifica”.

Internacional: “No es algo intencionado: siempre me ha parecido muy normal irme por ahí. Es más, me sorprende que la gente no lo haga. Y sí, tal vez haya sido la que más haya ido por ahí de forma sistemática…” ¿Valentía? “Más que valentía yo diría que soy muy consciente de las dificultades en las que me meto, y de pronto me veo ahí y ¿holaaaaa? ¡A quién se le ocurre!” Causas sociales, “pues si puedo hacer lo que está en mi mano por ayudar, si puedo servir, me apunto a un bombardeo. Es verdad que he hecho muchas cosas gratis para ONGs, pero también me parece una forma de aprender”. Generosidad: “Apoyo a las nuevas generaciones porque es algo que a mí no me ocurrió. Creo que mi deber es estimular y empujar a los nuevos creadores a que se tiren a la piscina.

Isabel Coixet asegura que no le quita el sueño lo que digan de ella. ©Xavier Torres-Bacchetta

Recuerdo haber pedido consejo a directores consagrados siendo yo adolescente y salir diciendo, mejor me olvido; llegué a escuchar el fatídico ¡Tú nunca lo conseguirás! A mí en cambio me gusta contarles la verdad, la dureza que supone dedicarse a esto, pero lo fascinante que es, y animarles”. Coixet invertirá el montante del premio (30.000 euros) en proyectos noveles, “tengo tantos encima de la mesa que el problema es cómo hacer para que me dé para todos”. Cuenta en su nueva película con la producción de los hermanos Almodóvar, es su tercera colaboración con El Deseo, “sí, lo es, pero mis dos primeras películas me las financié yo sola, no te confundas”.

Los hombres deberían estar agradecidos de que pidamos igualdad y no venganza

Vale. Pues llegamos al postre amargo: Barcelona mustia. “Desde hace unos años ésta es una ciudad empobrecida, en la que la precariedad resultante de la crisis de 2008 no ha fructificado en nuevas alternativas culturales, como suele suceder con las crisis. Y ni siquiera me refiero al proceloso mundo de los recursos públicos, que nunca he sabido bien a qué obedece, sino a la receptividad de manifestaciones culturales en general”.

“Mira, estamos en un momento en que las cosas se dicen con tal ímpetu y desprecio por el otro, que la gente tiene miedo a decir lo que piensa, y se calla. Pero créanme, ¡no pasa nada! Solo pido que aquellos que no estén de acuerdo conmigo no se enfaden, que no me hagan caso si no quieren, pero que no se crezcan en el victimismo. La gente enseguida se siente herida y despreciada, qué le vamos a hacer”.

Las cosas hoy se dicen con tal ímpetu y desprecio por el otro, que la gente tiene miedo a expresar lo que piensa, y se calla

Nada. Tal vez sentarnos y disfrutar de Nieva en Benidorm, cuando llegue a las salas el 13 de noviembre. ¿A dónde? No sé.