Con motivo del décimo aniversario de la muerte del artista barcelonés, ponemos en relieve su obra y su legado cultural, que nace en Catalunya, pero alcanza los núcleos artísticos más reconocidos del panorama internacional. El MoMa de Nueva York, el Institue of Contemporany Arts de Londres o el Musée d'Art moderne de París son algunos de los muchos centros en los que ha expuesto.
Este año se cumplen diez años de la desaparición del pintor, escultor y teórico del arte Antoni Tàpies (1923-2012), el máximo exponente del informalismo abstracto y uno de los artistas catalanes más internacionales de la segunda mitad del s. XX. Para adentrarnos en la obra de Tàpies diez años después de su muerte es imprescindible conocer su momento histórico y contextualizar el informalismo abstracto, un movimiento pictórico que, a grandes rasgos, surge en Europa después de la Segunda Guerra Mundial, a raíz del malestar en el que se encontraba sumergida la sociedad después de esta catástrofe. Como consecuencia, los artistas pierden el interés por representar la realidad que les rodea, la falta de esperanza genera un gran desencanto y el arte toma el camino de la experimentación formal y de la abstracción, que sirve a los artistas para exteriorizar los sentimientos de angustia y frustración que turban su día a día.En el caso de Catalunya, este desencanto se agudiza aún más con la represión que se vive después de la Guerra Civil. El informalismo abstracto que se respira en Europa se filtra a través de algunos artistas que se sienten identificados e importan esta corriente estética hasta aquí. Estos artistas pertenecen principalmente al grupo del Dau al Set (que definiremos más adelante) y Antoni Tàpies es el máximo representante.Tàpies nace en una familia de la burguesía intelectual barcelonesa. Destaca la conexión de su entorno con la vida política de la ciudad de antes de la Guerra Civil, marcada principalmente por la figura de su padre, abogado y asesor jurídico de la Generalitat. Desgraciadamente, su formación primaria (durante la que dibuja de manera autodidacta) se ve interrumpida por serios problemas de salud el año 1940, cuando se ve obligado a hacer una larga convalecencia en diferentes sanatorios de Puigcerdà o La Garriga. Es durante este período que el joven artista desarrolla su mirada interior y nace su interés por la filosofía. Se nutre de autores como Nietzsche, Ibsen, Stendhal o Proust y también descubre la música de Wagner o Brahms y se siente muy atraído por el romanticismo alemán. La enfermedad sumada a la caída de la República y la desaparición de la sociedad que Tàpies había conocido durante su infancia marcarán profundamente su obra y su carácter.Durante su juventud inicia estudios de Derecho, que no finalizará porque siente una vocación mucho más profunda por el mundo del arte, al cual quiere abocarse completamente con la esperanza de que éste dé un sentido a su vida, que se le ha hecho insoportable. Durante esta etapa, entra en contacto con algunas personalidades con quien tendrá una gran afinidad durante su vida y que influirán también en su carrera: los poetas J.V.Foix y Joan Brossa, el galerista Joan Prats o el artista Joan Miró, de quien fue un gran admirador.También corresponde a esta etapa el nacimiento de la revista Dau al set, que merece especial atención y que surge como fruto de una serie de amistades muy fructíferas entre personajes estrechamente vinculados a la vida de Tàpies: Joan Brossa, Arnau Puig, Joan-Josep Tharrats, Joan Ponç o Modest Cuixart. La revista (que aparece de manera clandestina por estar escrita en catalán) supone un soplo de aire fresco y de modernidad casi miraculoso en una Barcelona en plena postguerra. Pretendía recuperar la vanguardia artística catalana interrumpida forzosamente por la Guerra Civil. Tal fue su impacto que el museo MoMa de Nueva York consideró esta publicación como una de las primeras revistas vanguardistas publicadas durante el s. XX, destacando su contenido y espíritu surrealista, la estética que combina textos con poemas visuales, obras pictóricas y mucho más.
Dau al set supone un soplo de aire fresco y de modernidad casi miraculoso en una Barcelona en plena postguerra
En esta primera etapa, encontramos a un artista joven que transita por los caminos ya explorados del arte figurativo y en seguida surge en él la necesidad de ir más allá, de investigar con los materiales como entidad activa de la obra de arte y de aplicar estos materiales de manera no convencional, generando nuevas realidades a través del collage y de la superposición, que son constantes en su obra. Así pues, encontramos en su obra pastas espesas, exceso de materia y una concepción innovadora de la obra de arte, no entendida como algo que representa la realidad, sino como un objeto de poder que aporta valor en sí mismo con su presencia, conectando con el primitivismo más puro de sociedades ancestrales por las que se sentía atraída y que eran tan lejanas a la suya.Durante esta etapa, el artista se sumerge también en el estudio del surrealismo y del dadaísmo. Artistas como Duchamp o Dalí influirán fuertemente en su obra que, poco a poco, perderá densidad de material e incorporará también otros elementos como cabos, cerámica y chatarra. También se siente atraído por artistas como Ives Tanguy, Max Ernst o Paul Klee, de quien le interesa su gran variedad de técnicas y su comunión con la naturaleza.
Tàpies planteó una concepción innovadora de la obra de arte, no entendida como algo que representa la realidad, sino como un objeto de poder que aporta valor en sí mismo con su presencia
Tàpies tiene otro objetivo: crear un espacio en Barcelona para promover la creación contemporánea
Y es a causa de Teresa Barba que culminan los sueños de la pareja, ya que culminando la fundación encontramos la escultura Núvol i Cadira (1990), que según se explica se trata de la representación material de un sueño que tuvo Teresa, donde volaba entre nubes por encima del cielo en una silla. Teresa compartió su sueño con Tàpies y este lo materializó coronando el edificio de la Fundación y elevando así su altura, ya que se encuentra entre dos edificios sustancialmente más altos.Acabo estas líneas saliendo de la Fundación Tàpies, donde me gustar ir de vez en cuando para redescubrir a Tàpies después de Tàpies, para corroborar que se trata de un artista que continúa vivo a través de su obra ya que, diez años después de su muerte, continúa haciendo algo que era muy propio de su arte y de su persona: generar sinergias con la obra de otros artistas para enriquecerse mutuamente, en este caso con aristas emergentes que a menudo llenan sus paredes y conviven con la obra del maestro, estableciendo nuevos diálogos y formas de conexión que nos permiten redescubrir nuevos matices de su obra. Detalle de la escultura Núvol i Cadira (1990), culminando la Fundació Tàpies.
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