Propósitos. Manifestar. Journaling. Son conceptos que en los últimos años se han popularizado para hablar de objetivos y deseos, con la idea de que ponerlos por escrito los hace más concretos y tangibles. Pero más allá del ámbito individual, es un ejercicio que también realizan las instituciones —aunque no lo llamen vision board, sino plan estratégico—, con la misma voluntad de fondo: definir hacia dónde van y cómo quieren llegar. Una de estas instituciones que acostumbra a definirse y repensarse es el Port de Barcelona, que ha presentado su nuevo Plan Estratégico 2026-2030, en el que se recogen inversiones y objetivos tanto tangibles como intangibles. Todo ello, bajo una misma premisa que guiará los próximos cinco años: la resiliencia ante la inestabilidad global.
En el caso del Puerto de Barcelona, el concepto de resiliencia no es una palabra vacía ni meramente inspiracional, sino una respuesta a la inestabilidad de los últimos cinco años. “El transporte marítimo no había vivido nunca nada similar en toda su historia, como mínimo con tanta intensidad, como lo vivido en este periodo”, ha resumido el presidente del Puerto de Barcelona, José Alberto Carbonell, durante la presentación del V Plan Estratégico. En pocos años, las infraestructuras marítimas han encadenado una serie de disrupciones: desde el estallido de la pandemia, que paralizó las cadenas logísticas globales, hasta el bloqueo temporal del canal de Suez, cuando el portacontenedores Ever Given quedó encallado en Egipto, pasando por el aumento repentino de la demanda y la congestión en diversos puertos del mundo.
A estos episodios se han sumado, más recientemente, la escalada de aranceles por parte de Estados Unidos y los conflictos geopolíticos que tensionan rutas clave para el comercio global como el estrecho de Ormuz. Aunque, en este último caso, el impacto en el Puerto de Barcelona es limitado —ya que el tráfico con los países afectados no alcanza el 2 o 3% del total—, para Carbonell estos episodios “han puesto de relieve para la sociedad la importancia de los puertos”, incluso en la vida cotidiana, con afectaciones al petróleo o al gas natural.
Pero estos episodios también han evidenciado otra realidad: la vulnerabilidad de un sistema globalizado ante impactos que, a menudo, quedan fuera de control. Ante esta realidad, el Puerto de Barcelona apuesta por la resiliencia como eje primordial de su nuevo plan estratégico. “No tenemos el poder de mejorar la situación geopolítica, pero sí podemos minimizar el impacto de las disrupciones en nuestras infraestructuras”, ha defendido Carbonell.
Sin embargo, los objetivos generales no tienen recorrido si no se traducen en metas concretas y medibles —como también ocurre con los objetivos personales cuando se plantean en vision boards. Por este motivo, el Puerto ha traducido este objetivo global en 120 iniciativas agrupadas en 25 objetivos operativos que forman parte de su Plan Estratégico. Así, ¿cómo se materializa esta apuesta del Puerto de Barcelona? En primer lugar, con más infraestructuras. Durante los próximos cinco años, el Puerto de Barcelona afrontará “el ciclo inversor más ambicioso de su historia”, según han descrito desde la institución portuaria.
También incluye la construcción de nuevas terminales —tanto de contenedores como ferroviarias—, la mejora de los accesos viarios y ferroviarios y la creación de nuevos puntos de atraque. Este crecimiento se complementa con la expansión de la actividad logística fuera del recinto portuario a través de CILSA, la empresa con participación mayoritaria del Puerto de Barcelona que gestiona la Zona de Actividades Logísticas (ZAL). En este sentido, el Puerto ya trabaja con la Generalitat para identificar nuevos espacios fuera de las instalaciones portuarias con el objetivo de ampliar la capacidad logística.
Los tres ejes de la sostenibilidad
Ahora bien, para desplegar este ambicioso plan inversor, el Puerto de Barcelona necesita una buena salud financiera. Por este motivo, otro de los objetivos del plan es la sostenibilidad financiera: la meta es aumentar un 15% el cash flow, es decir, la capacidad del Puerto de generar recursos propios para financiar inversiones.