Ayuntamiento y Puerto pactan reducir las terminales de cruceros y construir una más avanzada

Cruceros en el Puerto de Barcelona
Cruceros en el Puerto de Barcelona

Con este acuerdo, que prevé una inversión de 185 millones de euros hasta 2030, ambas instituciones estiman que se reducirá hasta un 16% la capacidad de la infraestructura para acoger a cruceristas

(Redactora en The New Barcelona Post)
28 de julio de 2025

Nuevas medidas para reducir el intenso tráfico de cruceristas en la ciudad. Tras meses de negociación, el Ayuntamiento de Barcelona y el Puerto han anunciado un nuevo protocolo para reordenar la actividad portuaria y su impacto en la ciudad y el turismo hasta 2030, pasando de siete a cinco terminales de cruceros. Para llevar a cabo este acuerdo, se derribarán las terminales más antiguas del muelle Adossat (A, B y C) y se construirá una nueva donde ahora se ubica esta última, dotándola de una infraestructura más moderna y de una mayor capacidad respecto a la actual. Con todo, estas terminales de cruceros, que ahora se derribarán, actualmente pueden acoger hasta 12.800 pasajeros a la vez, mientras que la nueva solo podrá acoger hasta 7.000.

Este nuevo pacto actualiza los acuerdos entre ambas instituciones alcanzados en 2018, cuando se limitaron a siete las terminales de cruceros y se decidió concentrar toda esta actividad en el muelle más alejado de la ciudad, el muelle Adossat, trasladándola desde los muelles Drassanes y Barcelona. Unos acuerdos que, según el presidente del Puerto de Barcelona, José Alberto Carbonell, la institución portuaria ha respetado e incluso ha culminado antes de lo previsto.

Así, en estos últimos años el puerto ha reordenado la actividad de sus muelles, abriendo nuevos espacios a la ciudadanía, como el recién inaugurado muelle de Barcelona, que ha permitido crear un nuevo paseo de 600 metros lineales junto al mar. Sin embargo, pese a que estos acuerdos lograron limitar la capacidad operativa de la infraestructura portuaria, no redujeron el número de cruceristas, que el año pasado batió su propio récord, alcanzando los 3,65 millones de pasajeros anuales, cuando se superaron incluso las cifras prepandémicas.

El nuevo acuerdo entre ambas instituciones, por tanto, quiere ir un paso más allá. Tras meses de discreta negociación entre consistorio y puerto, finalmente se ha determinado que, para 2030, el puerto contará con cuatro terminales de uso privado ---zonas en las que preferentemente atracan barcos de una compañía determinada, como las terminales de las que disponen MSC o Carnival Cruceros--- y una gran terminal pública, que se empezará a construir en 2027, en el espacio que ocupa la actual C.

Sin embargo, Carbonell ha insistido que, además, este nuevo espacio dará prioridad a embarcaciones pequeñas y cruceros que utilicen Barcelona de base para "apostar por la calidad en lugar de la cantidad". El objetivo es, por tanto, reducir los cruceristas de escala ---aquellos visitantes que solamente desembarcan por unas horas en la ciudad y vuelven a zarpar hacia un nuevo destino----, como ya defendió el alcalde de Barcelona, Jaume Collboni, en el ciclo Moments Estel·lars, organizado por The New Barcelona Post.

"Por primera vez en su historia, Barcelona pone límite al crecimiento del turismo y al número de cruceros", ha remarcado el alcalde, que ha recordado que el número de cruceristas ha aumentado un 20% entre 2018 y 2024. En cambio, con estas nuevas medidas, Collboni confía en que se podrá reducir en un 16% la capacidad máxima de la infraestructura de acoger cruceros, pasando de un máximo de 37.000 a 31.000 pasajeros diarios. Así, Collboni ha enfatizado que la capital catalana está siguiendo el ejemplo de otras ciudades como Amsterdam, Dubrovnik o Mallorca, que también están estudiando tomar medidas similares.

En el centro, el presidente del Puerto de Barcelona, José Alberto Carbonell, y el alcalde de Barcelona, Jaume Collboni, con representantes del consistorio y la institución portuaria.

Sin embargo, Collboni ha admitido que estas nuevas medidas no tendrán un "impacto inmediato", pero sí que confía que se produzca una inflexión en la curva de cruceristas. "El objetivo es que el turismo pueda ser una actividad no solo sostenible desde el punto de vista medioambiental, sino también teniendo en cuenta su impacto sobre la ciudad, el espacio público y los vecinos", ha enfatizado el alcalde.

Además de reducir el número de turistas, este nuevo pacto también incluye un ambicioso plan para mejorar la movilidad y sostenibilidad de la infraestructura portuaria. Así, las reformas facilitarán la instalación de sistemas Onshore Power Supply (OPS), un sistema que permite a las embarcaciones conectarse a la red eléctrica y que apaguen motores mientras se encuentran atracados, reduciendo, así, las emisiones contaminantes.

Collboni confía que con este nuevo pacto se reducirá en un un 16% la capacidad máxima de la infraestructura de acoger cruceros.

Asimismo, el pacto también prevé mejoras para asegurar la conectividad del puerto con el resto de la ciudad, incorporando carriles bicis y peatonales. Además, se desdoblará el puente Porta d'Europa para asegurar un mejor acceso a esta parte de la institución portuaria. Por otro lado, también está prevista la construcción de un corredor urbano, reservado a transporte público, taxis, bicicletas y peatones, que conectará la plaza de les Drassanes con la Marina del Prat Vermell y la Zona Franca, una actuación que contará con una inversión de 90 millones de euros. El conjunto de estas reformas supondrá una inversión publico-privada de 185 millones de euros, que se suman a los 265 millones de euros invertidos para el cumplimiento con el anterior acuerdo entre Ayuntamiento y puerto, firmado en 2018.

Con todo, la previsión es que este próximo año se culmine la transformación del muelle de Barcelona, para que esta zona deje de recibir cruceros de forma definitiva ---ya que la zona sur todavía está operativa---. Para el año 2027 se prevé que empiece tanto la construcción de la nueva terminal C como el desdoblamiento del puente Porta d'Europa, dos proyectos que se culminarán en 2030, año límite que se han fijado ambas instituciones para conseguir reordenar la actividad portuaria.

Sobre el autor

Ainara Valadez
Ainara Valadez Medina

Redactora en The New Barcelona Post

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