La directora artística adjunta del Palau de la Música, Mercedes Conde Pons.

La música no se detiene en Barcelona

La directora artística adjunta del Palau de la Música, Mercedes Conde Pons, nos revela en esta charla aspectos cruciales de las nuevas condiciones para la organización y el acceso a las actividades culturales, marcadas por el impacto de la crisis del coronavirus en el sector.
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l Palau de la Música ha sido uno de los agraciados con los premios Barcelona mai s’atura, creados este año por el salón BizBarcelona y Barcelona Activa para reconocer a aquellos que han contribuido a que la ciudad no se detuviese durante la pandemia. Los galardones del Ayuntamiento de Barcelona han aplaudido el plan adoptado por el Palau de la Música para no interrumpir su actividad durante el verano y reactivar la programación musical. Entregados en el salón BizBarcelona, uno de los primeros que se ha celebrado de manera híbrida en Fira de Barcelona, este reconocimiento ha celebrado la apuesta del auditorio barcelonés por músicos locales de trayectoria contrastada y jóvenes con una proyección acreditada por premios, grabaciones o actuaciones previas. El otoño supone un verdadero desafío para el Palau y, de momento, se está desarrollando con un optimismo prudente. El mismo que emana de las palabras de su directora artística adjunta, con quien conversamos.

—¿En qué consiste el reconocimiento de Barcelona Activa?

—Es un premio honorífico que Barcelona Activa nos ha otorgado por la labor de reactivación del sector en el período inmediatamente posterior al confinamiento, gracias al ciclo de conciertos realizado durante el verano. Nos ha gustado mucho que se visibilice el esfuerzo que hemos hecho en un contexto adverso. Dado que el sector turístico no se había activado aún, podríamos no haber reanudado la actividad y seguramente nadie se habría sorprendido. Por lo tanto, que se reconozca el esfuerzo, teniendo en cuenta que nuestra financiación es fundamentalmente privada, con sólo un 12% de nuestros ingresos siendo públicos, y la lógica reducción de ingresos, es algo que sienta bien.

—Aunque el galardón no conlleva ningún tipo de compensación económica, es evidente que vuestra iniciativa sí tiene repercusiones en el sector, además de ayudar a normalizar el estado de excepcionalidad que vivimos.

—En efecto, lo que el premio destaca, o al menos así lo entendemos, es nuestra voluntad de reactivar el sector, apostando además por los músicos de aquí, que han sufrido muchas cancelaciones. De alguna manera hemos servido de camión de arrastre. Al ser los primeros, hemos animado a otros a seguir y programar conciertos. Incluso festivales de verano. Se ha comprobado que en el contexto actual es posible organizar y desarrollar este tipo de actividades.

Entrega de los premios ‘Barcelona mai s’atura’ en el salón BizBarcelona, que este año ha mezclado la actividad presencial con la virtual por la pandemia.

—También habéis contribuido a que la gente pierda el miedo a asistir a conciertos. Habéis sido los primeros en recibir el sello de Bureau Veritas, que certifica las medidas implementadas, para garantizar de la mejor manera posible la seguridad del Palau.

—En un momento en que parecía que la música en vivo estaba destinada a desaparecer, al menos temporalmente, hemos demostrado que no. Que la música en vivo es insustituible. Que debe existir y se pueden encontrar maneras para que exista. Sobre todo en la presente situación, cuando quizá sea más necesaria que nunca.

—Entiendo que la idea es proseguir con la programación de la presente temporada y realizar conciertos, siempre y cuando la circulación de personas lo permita.

—Cuando en abril pasado fuimos los primeros en presentar la programación de la temporada 2020/21, en formato digital porque aún la gente no se podía reunir, tuvimos muy claro que queríamos compartir aquello que habíamos diseñado antes de saber que todo esto pasaría. Hace un año que asumí oficialmente el cargo de directora artística adjunta del Palau, como sabes, y esta temporada es la primera del nuevo proyecto, creado junto a Joan Oller. Aun desconociendo qué iba a suceder en el futuro, hemos querido ser optimistas y no ponernos en lo peor antes de tiempo. Conscientes de que, si algún concierto finalmente no se podía hacer, tendríamos que explicarlo y se entendería.

Algunos artistas han decidido viajar a pesar de las restricciones y la cuarentena a la que se les obliga de vuelta, como es el caso del pianista Paul Lewis, que incluso ha aceptado reducir su caché

—Las cancelaciones, desgraciadamente, son parte de la nueva realidad y nadie se libra de la incertidumbre, algo que estoy seguro que habéis tenido en cuenta. 

Por supuesto. De cada página de este libro —dice mientras me enseña el enjundioso volumen que compila los diferentes ciclos de la programación en el Palau—, yo he de ver qué se mantiene y qué se modifica, hacer las gestiones pertinentes y buscar alternativas atractivas, que las hay. Pero no todos los artistas que vienen de fuera han cancelado. Algunos han decidido viajar a pesar de las restricciones y la cuarentena a la que se les obliga de vuelta. Como en el caso del pianista inglés Paul Lewis, que incluso ha aceptado reducir su caché para ayudarnos a asumir las limitaciones de aforo. Realmente cada situación es distinta. Vikingur Olafsson, en cambio, sí se vio obligado a cancelar, muy a su pesar, pero lo sustituyó Francesco Tristano, un pianista excelente y muy activo internacionalmente que reside en Barcelona. En cualquier caso, también hay grandes orquestas internacionales, como la del director Teodor Currentzis, que no sólo no ha cancelado, sino que ha ratificado su voluntad de venir al Palau este mes de diciembre.

—Además de los solistas extranjeros y las grandes orquestas, está el tercer grupo, que lo conforman los artistas locales. Como hemos dicho en otra ocasión, esta es de las pocas noticias abiertamente positivas de nuestro contexto. Un panorama que habilita el espacio que merecen y no siempre reciben para el reconocimiento de su nivel artístico.

—Afortunadamente, nuestra programación ya cuenta con muchos músicos de aquí, lo que está permitiendo que, hasta cierto punto, los cambios no sean tan exagerados. Lo que sí estamos haciendo, dado que la mayoría de promotores externos están cancelando sus reservas debido al contexto, es desplazar a la Sala de Conciertos los conciertos inicialmente ubicados en el Petit Palau para mantener e incluso ampliar el aforo, siempre con la proporción de asientos vacíos que recomiendan las autoridades sanitarias. Esto repercute positivamente en el espectador y de cara al artista. En algunos casos supone un upgrade, en la medida que les dota de mayor visibilidad.

El pianista Paul Lewis no ha querido renunciar a su concierto en Barcelona.

—Cuando hablamos de artistas locales, no estamos hablando sólo de artistas jóvenes, con carreras lógicamente incipientes. Algunos de ellos ya poseen una trayectoria impresionante y han recibido incluso la aclamación internacional. Son ya protagonistas de vuestra actual programación o eventualmente podrían asumir substituciones.

—Así es, te podría decir unos cuantos artistas que no son de aquí pero que viven aquí, como Gabriela Montero o Arcadi Volodos, podrían aumentar su compromiso con nuestra sala de conciertos. Y también otros de aquí, que tienen un nivel artístico comparable al de muchos de los que nos visitan. Estoy pensando, por ejemplo, en Javier Perianes, Josep Colom, Alba Ventura, Daniel Ligorio o Ivan Martín, que ha pasado a sustituir al mítico Ivo Pogorelich, en su concierto con la Orquestra Simfònica Camera Musicae.

—Para ir acabando, no quisiera dejar de aludir a la nueva experiencia de la música, a esas condiciones de enmascaramiento colectivo. Una pérdida de rasgos externos que nos conecta con nuestra respiración y, por lo tanto, con nosotros mismos. Hasta podría facilitar una introspección positiva para la experiencia estética.

—Yo creo que nos estamos acostumbrando a la máscara y que la vamos a ver durante mucho tiempo. En los primeros conciertos, tras la reanudación, también yo pude comprobar, en efecto, una atención muy especial y un agradecimiento muy evidente en los incondicionales que asistieron al ciclo de verano. Un ciclo configurado con especial interés, como decíamos al inicio, para paliar la obligada ausencia de música.

Me gustaría reivindicar el efecto consolador y a la vez vivificador de la música en vivo. La música es terapéutica y, en tiempos de enfermedad, su prescripción es sumamente recomendable

—La música clásica, por sí misma, no acostumbra a transmitir mensajes. Pero indudablemente el disfrute que genera en el oyente conlleva algún tipo de repercusión anímica. Quizá en esta época de noticias poco edificantes el arte pueda ser algo más que balsámico o cumplir con la función de entretenimiento.

—Creo que la música es mucho más que un mero entretenimiento, aunque, por supuesto, favorece momentos lúdicos también muy necesarios. La música vehicula emociones y permite al oyente establecer una conexión con su ser más íntimo. Y, cómo no, al músico que sirve de transmisor, de médium. En un momento en que la vida social se ve limitada, la música es aún más necesaria que nunca. Y, desde mi punto de vista, su efecto es mucho mayor en el caso de la experiencia en vivo. Dado que hemos demostrado que la cultura es segura, es decir, que los espacios y los protocolos asumidos son eficaces, me gustaría reivindicar el efecto consolador y a la vez vivificador de la música en vivo. La música es terapéutica y, en tiempos de enfermedad, su prescripción es sumamente recomendable.