La moda catalana, un futuro por tejer: entre el legado artesanal y la carrera por innovar

Uno de los desfiles de la 38.ª edición de 080 Barcelona Fashion. © 080 Barcelona Fashion
Uno de los desfiles de la 38.ª edición de 080 Barcelona Fashion. © 080 Barcelona Fashion

Entre la presión por innovar, los nuevos hábitos de consumo y la necesidad de producir de manera más responsable y sostenible, la moda catalana se pregunta cómo vestir su futuro

(Redactora en The New Barcelona Post)
23 de octubre de 2026 - 05:30

Hablar del futuro de la moda se asocia a menudo a las tendencias que marcarán las próximas temporadas: qué prendas habrá que rescatar del armario porque vuelven a estar de moda, cuál será el color de la temporada, si se impondrá el minimalismo o los estampados estridentes, o si el tiro bajo volverá a hacerse un hueco. Pero el futuro de la moda no se decide únicamente en las pasarelas. Mientras la 080 Barcelona Fashion muestra estos días en el Port Vell la creatividad del diseño catalán, hay otra industria, menos visible y que también se pregunta hacia dónde evolucionará la moda catalana. ¿Tiene la moda catalana el crecimiento asegurado o deberá reinventarse para adaptarse a un consumidor cada vez más exigente e informado? ¿Será capaz el sector de transformarse para avanzar hacia una moda más sostenible y accesible para todo tipo de cuerpos? Y, en un sector donde conviven realidades empresariales muy diversas, ¿están todos los actores igualmente preparados para encarar el futuro?

Las cifras, de entrada, invitan al optimismo. Desde 2017, el sector de la moda catalana ha registrado un incremento del 21% en la facturación, del 29% en el número de empresas y del 14% en los puestos de trabajo, según los datos del último informe elaborado por ACCIÓ junto con MODACC y Leather Cluster Barcelona. Sin embargo, las cifras no permiten captar toda la complejidad del sector. Bajo el paraguas de la moda catalana conviven realidades muy diversas: desde creadores emergentes que intentan hacerse un hueco en el mercado y pequeños negocios con estructuras reducidas hasta grandes grupos empresariales como Mango, Tous o Rosa Clará, con una amplia capacidad de producción y una fuerte presencia internacional.

Entre creadores independientes y grandes compañías, el último informe de ACCIÓ cifra en cerca de un millar las empresas catalanas dedicadas a la moda, que generan 73.600 puestos de trabajo directos y facturan casi 17.600 millones de euros. Estos datos, sin embargo, solo ofrecen una visión parcial del sector, ya que se centran en la ropa y el calzado y dejan fuera otros subsectores que también forman parte de la industria de la moda, como la joyería o la perfumería. Disponer de una radiografía más completa es, precisamente, uno de los objetivos que se plantea el Ayuntamiento de Barcelona en el Plan de Moda 2025-2030, dotado con un presupuesto anual de 1,3 millones de euros.

Una radiografía que, como apuntaba Joana Ortega, presidenta del Cercle de la Moda, debería permitir establecer el punto de partida de la industria para definir hacia dónde quiere avanzar el sector y qué obstáculos deberá superar para hacerlo. Porque, más allá de consolidar el crecimiento de los últimos años, la moda catalana deberá afrontar retos globales, como adaptarse a las nuevas exigencias reguladoras en materia de sostenibilidad, avanzar hacia una moda más inclusiva —que tenga en cuenta cuerpos diversos— incorporar las nuevas tecnologías sin perder los oficios artesanales y saber responder a los hábitos de unos consumidores cada vez más exigentes y cambiantes. El reto, pues, no es solo seguir creciendo, sino decidir qué tipo de industria quiere ser la moda catalana y cómo se prepara para competir en un sector en plena transformación.

Consumir moda en tiempos de tendencias efímeras

Uno de los grandes retos de la moda catalana es mantener el interés de un consumidor cada vez más difícil de predecir. Si antes el calendario de la moda estaba marcado por dos grandes temporadas, con colecciones de primavera-verano y otoño-invierno que se presentaban en pasarelas como la 080, hoy el ritmo de las tendencias se ha acelerado hasta el extremo. Las temporadas también se han ido desdibujando, en parte porque el cambio climático hace que las estaciones sean menos definidas y previsibles, y las tendencias tienen una vida cada vez más corta: una prenda se hace viral en TikTok, las búsquedas se disparan y, en cuestión de días, todo el mundo parece quererla. Para las marcas, seguir este ritmo es un equilibrio complicado: si no tienen el producto a punto cuando estalla la tendencia, pueden perder la oportunidad de venderlo; pero si aceleran demasiado la producción para satisfacer la demanda, se arriesgan a acumular stock de una prenda que, cuando llegue a las tiendas, ya haya dejado de interesar.

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Detalle del backstage de Dominnico en la 080 Barcelona Fashion. © Àngel Bravo

Pero no es el único cambio que la tecnología está provocando en el sector de la moda. El principal, de hecho, no solo afecta qué se compra, sino sobre todo cómo. “Las ventas en línea de productos de moda en España han pasado de representar el 7,8% del total en 2019 al 24,7% el año pasado”, remarca David Garcia, director ejecutivo de MODACC, clúster nacido en 2011 que actualmente agrupa a más de 160 empresas —que, en su mayoría, facturan entre 5 y 70 millones— y 15.000 profesionales. Un nuevo canal de compra en línea, que más que sustituir la tienda física, “la ha complementado”, apunta Álvaro Minguillón, consultor de transformación digital. Las tiendas físicas deben reinventarse e integrarse en una experiencia de compra en la que el consumidor puede descubrir una prenda a través del móvil, probársela en un establecimiento y acabar comprándola desde casa.

El e-commerce ha supuesto, pues, una auténtica revolución para el sector de la moda, pero otra transformación ya está llamando a la puerta: la inteligencia artificial. Esta tecnología no solo permite a las empresas agilizar procesos internos, sino que también puede cambiar la manera en la que los consumidores descubren y compran los productos. “El comercio a través de agentes es la próxima gran revolución”, asegura Minguillón. En lugar de revisar cientos de resultados para encontrar un vestido, el consumidor podrá explicar a un agente virtual para qué ocasión lo necesita, qué estilo busca o qué presupuesto tiene, y recibir propuestas personalizadas. Incluso podrá completar la compra sin salir de la aplicación. “Llegaremos a comprar de formas que hoy ni siquiera imaginamos”, apunta Minguillón. 

Interior d'una botiga de decoració. © Clara Soler
Interior de una tienda barcelonesa. © Clara Soler

Las empresas, sin embargo, pueden sacar provecho de esta nueva forma de acceder a la moda si saben cómo adaptar su web para ser indexadas en agentes de inteligencia artificial, o si incorporan estas herramientas en todos sus procesos. De hecho, una guía práctica sobre cómo aplicar la inteligencia artificial elaborada por MODACC, Sciling y Fitex recoge hasta 73 casos de uso a lo largo de toda la cadena de valor: desde el diseño generativo y la predicción de tendencias hasta la previsión de la demanda, la personalización de las recomendaciones o la generación de contenido visual. 

Pero disponer de más herramientas para anticiparse al consumidor no significa que sea más fácil retenerlo. Más informado, con más opciones al alcance y expuesto constantemente a nuevos estímulos, el cliente es cada vez más exigente y menos fiel a las marcas. “La fidelidad a una marca ya no se puede dar por hecha: hay que ganársela día a día, con una relación personalizada”, subraya Minguillón. Ante este escenario, algunas marcas buscan ir más allá de la venta y construir un vínculo más profundo con sus clientes. Es el caso de Nude Project, nacida en Barcelona en 2019 y que acaba de desembarcar en Nueva York, que apuesta por crear un sentimiento de pertenencia alrededor de la marca. “Cuando una persona siente que forma parte de una comunidad, la relación con la marca es mucho más profunda”, defiende Bruno Casanovas, cofundador de la empresa.

Álex Benlloch i Bruno Casanovas, fundadors de Nude Project © Nude Project
Álex Benlloch y Bruno Casanovas, fundadores de Nude Project © Nude Project

Raíces locales, ambición global

Más allá de transformar los hábitos de consumo, la tecnología también ha cambiado la forma en que las marcas se dan a conocer y crecen. Una marca puede nacer hoy en las redes sociales y llegar, en poco tiempo, a miles de consumidores sin haber abierto nunca una tienda. “Hoy la moda se ha desintermediado: no hace falta una gran infraestructura ni una gran inversión de recursos”, apunta David García. Estos nuevos canales facilitan la entrada de nuevos creadores en el sector, pero no necesariamente garantiza que consigan consolidarse. De hecho, el informe de ACCIÓ identifica esta facilidad para crear nuevas marcas —a través del e-commerce y las redes sociales— como una posible amenaza para el sector, ya que la mortalidad empresarial es elevada. Además, la tecnología también “acentúa la brecha entre pequeños creadores y grandes empresas, que disponen de más recursos para invertir y expandirse”, señala el director ejecutivo de MODACC.

Una de las principales vías para seguir creciendo, tanto para pequeñas o grandes compañías, es mirar hacia fuera. De hecho, las exportaciones catalanas han crecido en los últimos años: han pasado de los 2.830 millones de euros en 2017 a los 3.622 millones en 2024. Francia es el principal mercado, con un 20% de las exportaciones, seguida de Italia (13%), Alemania (12%) y Turquía (9%). Pero todavía hay otro mundo por conquistar: según MODACC, entre el 80% y el 85% de las exportaciones se concentran en Europa, de modo que abrirse a nuevos mercados fuera del continente sigue siendo una oportunidad para que las marcas catalanas continúen su expansión.

Crecer internacionalmente, sin embargo, no debería significar que los diseñadores catalanes tengan que irse fuera para hacerse un hueco en el sector. De hecho, el objetivo es que los creadores y profesionales de la moda puedan “crecer, innovar y hacerse un hueco en este sector sin tener que irse fuera”, defiende la presidenta del Cercle de la Moda. Se trata, pues, de ganar proyección global sin dejar atrás las marcas locales ni los pequeños diseñadores. En esta estrategia, la 080 Barcelona Fashion también tiene que jugar un papel clave. Para Custo Dalmau, “no basta con mantenerla: hay que hacerla crecer y ganar fuerza”. Una 080 más potente para consolidarse como un escaparate lo suficientemente potente para que los diseñadores que hoy buscan proyección en ciudades como París o Milán encuentren en Barcelona un espacio donde presentar sus colecciones e impulsar su trayectoria. 

Innovar sin perder el hilo de los oficios artesanos

La necesidad de crecer sin perder la identidad local también implica innovar sin condenar a desaparecer los oficios artesanos, que aportan singularidad a la moda catalana. “Los oficios aportan valor, calidad e identidad”, defiende Moisés Rodríguez, director del Consorci de Comerç, Artesania i Moda de la Generalitat de Catalunya. Especialidades como el bordado de Lunéville, que practica Corina Rosselló, o la alta artesanía floral de Beatriz Natmar son ejemplos de conocimientos que se transmiten de generación en generación, puntada a puntada», y que la tecnología difícilmente puede sustituir. Porque perder estos oficios no es solo perder calidad en las prendas de ropa, implica también perder una parte del patrimonio colectivo que no se puede recuperar. 

Corina Roselló brodant amb la tècnica del Brodat de Lunéville.
Corina Roselló bordando con la técnica del Bordado de Lunéville. 

Para garantizar que estos oficios se preserven y que haya nuevas generaciones dispuestas a mantenerlos vivos, Joana Ortega considera imprescindible acreditar estos conocimientos. La presidenta del Cercle de la Moda alerta de que muchos de estos oficios no disponen de una formación reglada, hecho que puede limitar su prestigio social entre los jóvenes. Reconocerlos es, para Ortega, una manera de asegurar su continuidad.

La sostenibilidad, mucho más que reciclar ropa

Las redes sociales, pues, invitan a renovar el armario continuamente, con tendencias que apenas duran unas semanas. Una sucesión de novedades que tiene un coste elevado para el conjunto del planeta: la industria textil genera entre el 2% y el 8% de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero, según las Naciones Unidas. Buena parte de este impacto se genera lejos de donde se consume la ropa: cerca del 70% de las emisiones asociadas a los productos textiles consumidos en la Unión Europea se originan fuera del continente, principalmente en Asia, donde se concentra gran parte de la producción. En estos países, procesos como la tintura implican importante consumo de agua y productos químicos. 

La industria textil genera entre el 2% y el 8% de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero

Pero, una vez producida y transportada, esta ropa puede acabar incinerada, lo que también genera contaminación al final de su vida útil. De hecho, entre el 4% y el 9% de los productos textiles introducidos en el mercado europeo se destruyen antes de haber sido estrenados, cifra que equivale a entre 264.000 y 594.000 toneladas cada año, según la Agencia Europea de Medio Ambiente. El reto de la sostenibilidad, pues, no se resuelve únicamente reciclando las prendas finales, sino repensando toda la cadena de valor, desde las materias primas que se utilizan hasta los procesos de fabricación, la distribución o los hábitos de consumo. 

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El reto de una ropa más sostenible implica repensar toda la cadena de valor de la ropa. © Àngel Bravo

Para la diseñadora Txell Miras, hablar de moda sostenible puede ser engañoso si no se cuestiona primero el modelo de consumo. “La sostenibilidad también es una trampa: para ser sostenibles deberíamos dejar de producir y consumir ropa, y eso no pasará", reflexiona. Por eso, más que perseguir una sostenibilidad absoluta del sector, defiende alargar la vida útil de la ropa: “Tenemos que tener la sensibilidad de comprar una prenda que quizás cuesta un poco más, pero que te quieres y cuidas, y así no necesitas comprar tanto”. 

Miras también advierte que no se puede trasladar toda la responsabilidad al consumidor, especialmente en un mercado que lo empuja constantemente a comprar: “Los pequeños diseñadores podemos decir que hacemos una producción responsable, pero es imposible luchar contra un mercado tan salvaje si los gobiernos no marcan las pautas”, añade. La Unión Europea, de hecho, ya está respondiendo a estas exigencias: desde el 19 de julio de 2026, las grandes empresas tienen prohibido destruir ropa, accesorios textiles y calzado nuevos que no hayan vendido, con algunas excepciones. Además, la UE prevé introducir el sistema de pasaporte digital de producto en el sector textil a partir de 2027, una nueva herramienta que debe facilitar el acceso a información sobre la composición, el origen y otras características de las prendas

Pero transformar la manera de producir también tiene un coste. Las marcas que apuestan por los talleres locales y por unas condiciones laborales responsables a lo largo de toda la cadena de valor, además de unas prendas inclusivas, que tienen en cuenta la diversidad de cuerpos, a menudo tienen que afrontar unos costes de producción más elevados que aquellas que producen en países lejanos. Esto obliga a las marcas a competir con grandes firmas de fast fashion, capaces de fabricar a gran escala y ofrecer precios difíciles de igualar, mientras los consumidores se han acostumbrado a comprar ropa barata y a exigir estos precios. Para las marcas locales, sobrevivir en este contexto implica encontrar otras maneras de diferenciarse: apostar por la calidad, el diseño propio, la proximidad y la durabilidad de las prendas, y convencer al consumidor de que el valor de una prenda va más allá de su precio.

La desfilada de la marca barcelonina de roba adaptada Free Form Style a la passarel·la de la 080 Barcelona Fashion, l'any 2023. © 080 Barcelona Fashion
El desfile de la marca barcelonesa de ropa adaptada Free Form Style en la pasarela de la 080 Barcelona Fashion, en el año 2023. © 080 Barcelona Fashion

Coser alianzas para impulsar el sector

Para que estos cambios arraiguen, sin embargo, Ortega remarca la necesidad de que el sector privado y las instituciones avancen juntos. La presidenta del Cercle de la Moda, lamenta que durante años la moda no haya sido una prioridad institucional, a pesar de su peso económico y su tradición en Cataluña. "La moda es mucho más que un sector: es una industria con un elevado peso económico, arraigado en una larga tradición textil que proyecta Barcelona al mundo” reivindica. 

El futuro de la moda catalana dependerá, en buena parte, de la capacidad de hacer avanzar todos estos frentes a la vez: innovar sin perder los oficios artesanos, crecer internacionalmente sin desarraigar el talento local y producir de manera más responsable sin dejar a nadie fuera. El reto, en definitiva, no es solo adaptarse a los cambios del mercado, sino construir un modelo de moda que sea competitivo, inclusivo y sostenible a largo plazo.

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Sobre el autor

Ainara Valadez
Ainara Valadez Medina

Redactora en The New Barcelona Post

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