Txell Miras: "La sostenibilidad en la moda no existe"

La diseñadora de moda Txell Miras. ©Àngel Bravo
La diseñadora de moda Txell Miras. ©Àngel Bravo

Más de 20 años después de su debut, la diseñadora Txell Miras reflexiona sobre las dos décadas de su marca, el actual consumismo masivo y la necesidad de recuperar el valor de la ropa como herramienta de pensamiento

(Redactora)
21 de octubre de 2026 - 05:30

Debutó en la pasarela Gaudí en el año 2004 inspirándose en la película Persona, de Bergman. Más de veinte años después, Txell Miras se mantiene fiel a esta periferia creativa desde donde entiende la moda como un lenguaje que bebe del cine, las bellas artes, la danza y la literatura.

Según ella misma nos ha confesado, su estilo ha sido influenciado por la estética conceptual de los creadores belgas y japoneses (con Rei Kawakubo y Martin Margiela como faros), pero tiene una voz propia, auténtica y que se mueve al margen de las grandes masas.

Txell Miras ha combinado la creación de autor con proyectos de gran formato para instituciones como el Orfeó Català o la Copa América porque, para ella, la ropa es una herramienta para pensar y un espejo de la sociedad.

— En 2004 debutaste como diseñadora en la pasarela Gaudí, ya hace más de 20 años. ¿Cómo ha sido este recorrido? ¿Has cambiado mucho desde entonces o continúas fiel a la línea de tus inicios?

— En esencia sigo bastante fiel. Se reconoce bastante la marca. Pero sí que diría que he evolucionado. Supongo que la edad me ha hecho ser más pragmática. He priorizado más la comodidad que quizás no tanto la estética o el conceptualismo. El concepto lo he mantenido en lo que son los desfiles, pero las colecciones de calle, la comercialización de las colecciones, sí que la he hecho más real.

— Y en aquella primera pasarela presentaste una colección que se inspiraba en Persona de Bergman. ¿Por qué? ¿Qué tenía aquella película?

— Es una de mis películas preferidas. Te diría que siempre hay esta búsqueda de uno mismo, de los miedos, del hecho de encontrarse, del silencio, del quiénes somos... Es una película que va sobre muchos interrogantes y pocas respuestas. Es una búsqueda. Y mi trabajo siempre es esta búsqueda.

Txell Miras, entrevistada a la plaça del MACBA. ©Àngel Bravo
Txell Miras, entrevistada en la plaza del MACBA. ©Àngel Bravo

— Tu manera de relacionar la moda con otras artes es una constante. De hecho, en tus presentaciones juegas con literatura, música, fotografía... ¿Por qué?

— Al final se trata de comunicar y de expresar. No me gusta solo casarme con una disciplina, lo encuentro absurdo. Y creo que, además, pueden convivir; entre ellas se pueden mezclar y de ahí salen cosas mucho más interesantes. El lenguaje es mucho más rico cuando las disciplinas beben la una de la otra.

El lenguaje es mucho más rico cuando las disciplinas beben la una de la otra.

— ¿Y cómo son estas presentaciones?

— Dentro de lo que englobaría la moda, que es mi territorio, ha habido ilustración, poesía, música, colaboración con artistas audiovisuales, cine... Alba Corral, por ejemplo, me hizo unas proyecciones de las ilustraciones que ella hace de forma digital y después tradujimos a la colección. Las ilustraciones que yo hago las hemos aplicado a las camisetas que después se han vendido.

— ¿Cómo crees que tu formación en artes plásticas ha influenciado tu concepción de la moda?

— Creo que estudiar Bellas Artes ha influido sobre todo por este conceptualismo. Para que haya un mensaje, un concepto, y que la ropa nos sirva como una herramienta más, como el barro para el escultor, para construir. También diría que mi vertiente de bailarina me ha servido para conocer el cuerpo.

Que la ropa nos sirva como una herramienta más, como el barro para el escultor.

— ¿Cómo definirías tu estilo a la hora de diseñar?

Es una modernidad que prioriza los detalles, la calidad, pero también este ir más allá, experimentar con las formas. El patronaje tiene mucha importancia, la calidad del tejido, el material, y después esta esencia que no sé qué es lo que pongo yo, pero que la gente me reconoce. Es una voz propia, pero no te sabrían explicar exactamente qué voz es.

La dissenyadora Txell Miras. ©Àngel Bravo
La diseñadora Txell Miras. ©Àngel Bravo

— En tus diseños apuestas por desestructurar la silueta, poniéndole capas y volúmenes. ¿Por qué hiciste esta apuesta?

— Al principio le ponía mucho volumen, pero ahora diría que he ido quitando. Estoy buscando minimalismo, pero sin renunciar a la experimentación. Con volumen, pero sin abusar. Todo son épocas...

— ¿De dónde crees que bebe tu estilo? ¿Tienes alguna influencia que te haya marcado?

— Cuando terminé Bellas Artes y empecé a hacer diseño de indumentaria en La Llotja, allí descubrí a los belgas y a los japoneses. Fue un gran descubrimiento; para mí eran equiparables con Marcel Duchamp o con todos los artistas del conceptualismo que me gustaban en el mundo del arte. Dije: «Ostras, aquí en la moda también son artistas». Lo que pasa es que la disciplina es diferente. Pero mis influencias más directas son Rei Kawakubo, que en volúmenes y en formas es la arquitecta de la moda, y después Martin Margiela, que para mí sería el Marcel Duchamp, el conceptualista de la moda.

Una conversa amb Txell Miras. ©Àngel Bravo
Una conversación con Txell Miras. ©Àngel Bravo

— La moda hoy en día está obsesionada con un tipo de cuerpo muy concreto e irreal. ¿Cómo ves esta obsesión y cómo intentas dar espacio a otros cuerpos cuando diseñas?

— Creo que justamente estamos en un momento en que se está dando más espacio. Hay más variedad de cuerpos en las pasarelas, en la publicidad, las marcas están apostando por esta diversidad de color de piel, de formas... Creo que es un momento en que podemos estar bastante satisfechos de todo lo que se ha ido luchando hasta ahora.

De todas formas, los cánones de belleza siempre han existido; buscan eso porque todos tenemos en la cabeza un canon que queremos seguir. Y luchar contra eso es imposible y te diría que tiene mucho más que ver con cómo somos como sociedad. Si en nuestra sociedad tenemos esta diversidad, en la moda se verá; si no está, la moda no lo refleja, porque al final la moda es un reflejo de quiénes somos nosotros. No todo lo marca la moda; nosotros tenemos más importancia y más voz de lo que nos pensamos.

No todo lo marca la moda; nosotros tenemos más importancia y más voz de lo que nos pensamos.

— Pero hoy en día parece que vuelve a estar de moda la delgadez extrema...

— Es cierto que constantemente es una lucha por no crear estereotipos, aunque somos nosotros los que los buscamos. Y cuando ya se han creado o nos cansamos de ellos, de una forma o de la otra buscamos la contraria.

— Tú en estos años que llevas en la moda, ¿qué has ido viendo?

— En los 90, aquellas modelos eran esqueléticas, palos..., una moda donde la mujer era muy masculina en el fondo, pero femenina en cuanto a formas. Después hemos pasado a las curvas, a la exuberancia, volúmenes, y ahora parece que retornamos un poco hacia el otro extremo. Pero es como somos nosotros al final, es una balanza constante.

Un momento de la entrevista. ©Àngel Bravo
Un momento de la entrevista. ©Àngel Bravo

— ¿Y quién crees que marca estas tendencias? Si no las marca la moda, ¿quién crees que lo hace?

— La sociedad. Porque cuando ya hemos conseguido una cosa, buscamos la contraria. Es un poco como la política: pasamos de un extremo al otro.

— Y mirando la moda de ahora mismo, ¿cuál es la tendencia de la industria con la que menos conectas?

— Claramente, diría que la fast fashion, la que trata el oficio como si fuera un producto vacío y puramente estético. Para mí la moda tiene que ser otras cosas. Tampoco tiene por qué ser exclusiva ni de las élites, pero sí que tiene que ser para la gente que tiene un cierto interés en darle importancia a aquello que se pone sobre el cuerpo y que habla de ella. Porque la ropa al final habla de uno mismo y de la imagen que quieres dar a los demás; dice mucho más de lo que nos pensamos.

La ropa al final habla de uno mismo y de la imagen que quieres dar a los demás; dice mucho más de lo que nos pensamos.

— ¿Qué opinas de Shein?

— Tenemos que plantearnos qué valores estamos dando a las nuevas generaciones, qué está pasando. Y no solo eso: la moda a veces es un reflejo de muchas cosas que vienen de más adentro. Es para planteárselo.

— ¿La moda como comunicación?

— Totalmente. Y es un espejo de lo que somos como sociedad. Lo ha sido siempre a lo largo de la historia. Cuando ha habido épocas austeras, la moda ha sido austera. Cuando ha habido épocas mucho más frívolas, es cuando la moda ha sido más frívola y más pasada de vueltas. Habla mucho de cómo somos como sociedad, van muy ligadas.

(La moda) es un espejo de lo que somos como sociedad.

— Y ahora que todo el mundo habla de sostenibilidad, ¿cómo se lucha contra el «comprar y tirar» desde el diseño de autor?

— La sostenibilidad también es una trampa. Es la moda de ahora. Pero sostenible no hay nada. Deberíamos dejar de consumir, y eso no pasará. Entonces puede ser más sostenible o menos sostenible. Sí que es cierto que con esto del Vinted (la gente que se intercambia la ropa) parece que debería ser más sostenible, pero al final siempre nos pasamos de vueltas y lo acabamos estropeando. Porque la gente se pone dos veces ese jersey y quiere otro, y a ese mismo jersey no es que le hayas dado más vida, sino que lo cambias de persona; si antes se lo ponía 20 veces una persona, ahora lo que hacemos es mover el transporte constantemente, y eso tampoco es sostenible. Creo que deberíamos valorar más la ropa; tener la sensibilidad de comprar una prenda que quizás cuesta un poco más, pero te la quieres, la cuidas y no necesitas comprar tanto.

Sostenible no hay nada. Deberíamos dejar de consumir, y eso no pasará.

— Y con tanta ropa vieja y residuos como acumulamos, ¿qué papel tiene la industria de la moda a la hora de frenar este ritmo?

— Creo que al final tiene que haber leyes, porque si no las hay es imposible. Los pequeños podemos ir diciendo que hacemos una producción responsable, pero es imposible luchar contra un mercado tan salvaje. Si los gobiernos no marcan las pautas, es imposible. Y darle la responsabilidad al consumidor me parece injusto, porque se juega con el consumidor mediante la publicidad y mensajes subliminares que te venden una felicidad vestida de producto. Creo que los gobiernos son los que deberían regular el mercado.

Txell Miras. ©Àngel Bravo
Txell Miras. ©Àngel Bravo

— En tus inicios la moda tenía otro ritmo. ¿Te gusta más el sector de antes o encuentras cosas interesantes en el panorama actual?

— Creo que desde que empecé el ritmo ha ido aumentando a una velocidad muy heavy, y estamos llegando a un punto que estamos saturados. La gente no sabe si ve precolecciones o colecciones. Y el hecho de que el lujo también haya bajado las facturaciones indica que algo está pasando, y deberíamos aprender a frenar e ir a un ritmo más despacio. Ya hace un par de años que lo veo: volvamos a hacer las cosas bien, a dar importancia a los pequeños detalles y no a producir y producir colecciones una tras otra que ya no sabes ni qué has visto. Creo que la globalización en este aspecto nos está colapsando.

Deberíamos aprender a frenar e ir a un ritmo más despacio.

— Entiendo que esta urgencia de ir deprisa viene supeditada por las redes sociales.

— Totalmente. Es todo inmediato. Cuando una colección se presenta la gente la quiere ya, pero se tiene que producir, no se entrega enseguida. Antes eran las revistas las que iban a los desfiles, y la prensa hacía las fotografías y no las enseñaba hasta que la ropa no llegaba a las tiendas.

Ahora es todo muy rápido. Por eso al final todo es más imagen de marca, hay más celebrities en los desfiles, se compite... La ropa ha perdido el significado y el valor; cuenta más qué actrices la llevan o quién la vende en las redes. Yo espero que esto pare y volvamos atrás, porque creo siempre en este balance: cuando llegamos al extremo, volvemos al otro. Y así, constantemente.

La ropa ha perdido el significado y el valor; cuenta más qué actrices la llevan o quién la vende en las redes.

— ¿Cómo crees que las redes sociales influencian el sector de la moda?

— De manera absoluta. De hecho, los desfiles en París han cambiado: todo está hecho y diseñado para las redes sociales.

— ¿Tú trabajas con alguna persona influencer o de lifestyle?

— No. Soy bastante anti. Me encanta la gente que viste mi ropa y que la valora. También sigo a alguna persona por redes, pero siempre me gusta que sea alguien a quien puedo admirar o que me aporta algo. El concepto de vestir por vestir o para enseñar looks solo por pura estética no lo entiendo.

Un skater a la plaça del MACBA durant l'entrevista. ©Àngel Bravo
Un skater en la plaza del MACBA durante la entrevista. ©Àngel Bravo

— Más de una vez te han relacionado con la estética belga o la japonesa, que suele ser más intelectual y menos de escaparate. ¿Te has sentido alguna vez un poco rara dentro del panorama de la moda de aquí?

— Cuando empecé fue un poco una sorpresa, y eso me jugó a favor, creo. Había muy poca cultura aquí de todo lo que estaba pasando fuera de forma más alternativa. Fue un embrión del que vino mucha moda después. Estar un poco en la periferia ya me está bien: yo voy al público que voy, no pretendo llegar a las grandes masas, y no por elitismo, sino porque hago lo que hago y llega a quien llega. Me lo he podido montar bien, llego a la gente a la que tengo que llegar y puedo hacer lo que quiero.

— ¿Y cómo haces el marketing, hoy en día?

— Te diría que es mucho de boca a oreja y de pequeño formato. A veces no hace falta hacer mucho ruido. Si tú quieres crear una gran empresa con muchos trabajadores, sí, pero yo creo mucho en las pequeñas empresas y que haya sitio para todos, con muchas voces diferentes antes que pocas y muy grandes. Con la globalización todos acaban haciendo lo mismo y acabamos saturados. Prefiero mantener la personalidad y tener una voz pequeña, pero auténtica.

Prefiero mantener la personalidad y tener una voz pequeña, pero auténtica.

— Has hecho cosas muy íntimas, como dibujar dolor o deseo directamente sobre la tela en Cadaqués, y a la vez has vestido el Orfeó Català o la Copa América. ¿Cómo se hace para no perder tu actitud cuando trabajas con grandes instituciones?

— Cuando he trabajado con grandes instituciones me han venido a buscar a mí porque les gusta mi estilo. Lógicamente, te adaptas a las necesidades de cada espectáculo, pero buscaban mi esencia, por lo tanto, no he encontrado dificultad. Ha sido más complicado en el caso del Orfeó, que eran 400 cantantes, con muchos cuerpos y muchos gustos... Fue un reto muy grande, pero muy satisfactorio.

— También has utilizado tus desfiles para cuestionar el poder o la jerarquía. ¿Has sentido alguna vez que a alguien del sector le incomodaba tu mensaje?

— Si le incomodaba a alguien, me da igual. Al contrario, a veces hago cosas justamente para sacudir. Si alguien se siente aludido, será por algo.

A veces hago cosas justamente para sacudir. Si alguien se siente aludido, será por algo.

— En la colección Descorsetant hablabas de la opresión física de los corsés, pero también de la social. ¿Cuáles son los corsés invisibles que nos pone la sociedad de hoy en día?

— Estamos en un momento en que claudicamos pensando que somos libres, y eso es lo peor. Muchas veces veo cómo nos manipulan inconscientemente y encima pensamos que no.

— ¿Cómo crees que se relaciona el mundo de la moda con la sociedad?

— Es un espejo, aunque haya gente que diga: «A mí la moda no me interesa, yo soy antimoda». Tal como te vistes y te posicionas como antimoda, ya te estás posicionando. Porque vestirnos nos vestimos, y es la imagen que damos. Y no solo con la ropa, sino con la manera de moverte, de hablar, de ponerte el pelo... Comunicas sobre ti mismo, sobre la sociedad y sobre ti como individuo.

Estamos en un momento en que claudicamos pensando que somos libres, y eso es lo peor.

— ¿Cómo ves el futuro de la moda?

— No quiero pensar demasiado en ello ni ser derrotista. A veces pienso que llevar las cosas al límite hace resurgir las esencias: la creatividad, la artesanía, las cosas únicas, el valor. Puede que nos venga a favor o puede que no.

Txell Miras. ©Àngel Bravo
Txell Miras. ©Àngel Bravo 

— ¿La IA ha entrado en el mundo de la moda?

— En mi caso no, pero es fácil que entre. Seguramente en cosas mucho más funcionales ya está: con patronajes, diseño digital, hacer híbridos o análisis de tendencias. Pero son bases de datos. El creador original y auténtico tiene recorrido para mucho tiempo. El diseño digital puede ser una herramienta bien utilizada, como lo fueron otras técnicas. Dependerá de cómo la usemos.

— ¿Qué crees que se verá en la 080? ¿Cuáles serán las tendencias?

— Creo que la 080 en Barcelona es bastante ecléctica. Conviven marcas consolidadas con gente joven que empieza. Cuando empecé en la Gaudí me gustaba mucho que estuvieran Toni Miró, Armand Basi, Victorio & Lucchino... Estar al lado de ellos cuando estás empezando es lo que te da la oportunidad de hacerte un nombre. Este matrimonio entre nuevas voces y consolidadas es lo que debe ser.

— ¿Con qué te quedas de la moda actual?

— Conecto con el hecho de que la moda sea una herramienta más para pensar. Al final también es pensamiento y creación, y me quedo con los diseñadores que la entienden de esta manera.

Conecto con el hecho de que la moda sea una herramienta más para pensar.

— ¿Hay sinergias entre los diseñadores de autor?

— Pocas. En mi época, con Josep Abril o Míriam Ponsa hacíamos mucha piña. Mucha gente con mucho talento ha tenido que dejarlo porque el mercado es difícil y mantener la vertiente creativa y la comercial a la vez es complicado.

— ¿Te has planteado alguna vez dejarlo?

— Lo pensé, sí. Al principio trabajaba en Milán e iba y venía, y eso me permitió aguantar los inicios, que son muy duros. A los estudiantes les digo siempre que vayan a trabajar fuera para otros antes de montar su proyecto, para tener una estabilidad financiera que les permita arriesgar. Ahora ya hace tiempo que no pienso en dejarlo. También intento hacer cosas diferentes: solo la moda me ahoga. Hice una exposición en Cadaqués, ahora estoy haciendo cursos de narrativa en el Ateneu; todo se retroalimenta.

— ¿Y cómo fue la exposición en Cadaqués?

Hice una exposición en la Galería H2O y de allí surgió adaptarla para Cadaqués. Se llamaba El deseo simplificado en una lágrima. Es una frase adaptada de Clarice Lispector. Ella dice que el dolor es cansado y una lágrima lo simplifica; yo lo adapté a «el deseo simplificado en una lágrima».

La moda es una industria; no es arte.

— Y ya para terminar: ¿qué es la moda para ti?

— Yo siempre digo que la moda es una industria; no es arte. Pero como en toda industria macro, en las periferias pueden surgir cosas originales, artísticas y creativas. Yo me sitúo en esa grieta.

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Elia Tabuenca
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