Cuando a menudo se plantea el debate sobre si el turismo es beneficioso o perjudicial, la respuesta siempre es la misma: depende de qué turismo. Se trata, sin duda, de uno de los motores económicos más importantes del país y de un activo que hay que cuidar. Apostar por el turismo no puede ser sinónimo de crecer sin límites, sino de hacerlo con criterio, poniendo el acento en la calidad, el valor añadido y la convivencia con la ciudad. Un turismo sostenible, respetuoso y generador de riqueza a largo plazo es el único capaz de reforzar la economía sin comprometer el bienestar de los ciudadanos.
En este sentido, el turismo MICE —reuniones, incentivos, congresos, eventos— es un ejemplo de cómo esta actividad puede proporcionar un impacto de alto nivel y contribuir a llenar hoteles y restaurantes en la ciudad, crear puestos de trabajo de calidad, atraer a profesionales e inversiones de sectores clave, y posicionar a Barcelona en el mundo, reforzando su marca y la del país.
El visitante de negocios que viene a un congreso médico o a una feria tecnológica tiene un perfil muy distinto al del turista tradicional. Gasta más, pernocta más noches y, en muchas ocasiones regresa: primero como congresista, después como turista e incluso como empresario que establece una oficina en la ciudad. Porque lo verdaderamente valioso no es ese gasto directo, sino el legado que deja cada gran evento en la ciudad que lo acoge. El congreso pasa; el ecosistema permanece y crece.
En este sentido, los grandes salones tecnológicos, industriales o los congresos médicos que se celebran en Barcelona han contribuido a convertir la ciudad en un ecosistema de innovación que ha atraído startups, grandes empresas y la ha consolidado como un polo de excelencia científica reconocido en todo el mundo.
Otra de las virtudes del turismo MICE es la desestacionalización. No se trata de una característica menor si lo que buscamos es un tipo de turismo que proporcione crecimiento sostenible a largo plazo. Eventos de primer nivel mundial como ISE, MWC Barcelona, Smart City Expo o Alimentaria se celebran en fechas que permiten al sector turístico operar a pleno rendimiento en temporadas tradicionalmente consideradas “bajas”.
Barcelona juega hoy en la Champions League del sector ferial y congresual, y tenemos que estar orgullosos de ello. Pero para seguir compitiendo a nivel internacional es necesario planificar el futuro con una mirada larga y hacer un esfuerzo conjunto, empresas, instituciones y administraciones.
Precisamente, gracias a este trabajo en común, en Fira de Barcelona estamos proyectando los recintos del futuro, con infraestructuras de primer nivel como la construcción del nuevo pabellón Zero en el recinto de Gran Via y la remodelación del recinto de Montjuïc, inversiones que consolidarán nuestra capacidad para acoger los mayores eventos del mundo.
Pero más allá de las instalaciones feriales, debemos dar un paso decidido de ciudad y de país, impulsando un aeropuerto de gran conectividad internacional, consolidando una oferta hotelera amplia y de alto nivel, garantizando un entorno seguro y amable para el visitante y apostando por una oferta cultural y gastronómica basada en la excelencia.
Solo con la ambición de ser los mejores podremos atraer a los mejores. Porque el sector MICE no genera solo visitantes, genera ecosistemas, talento y por encima de todo nos concede un pasaporte hacia el crecimiento sostenible y la prosperidad compartida.