Joan Martínez, alias Linux, veterano fotógrafo, grafista, docente y editor.
EL BAR DEL POST

Joan Linux Martínez: Instantáneas en azul noche

“Soy un poco ansioso y jamás había estado tres años sin enseñar mi trabajo, así que no podía aguantar más y he sacado este pequeño divertimento, para que la espera no sea tan dura”, explica Joan Martínez, alias Linux, veterano fotógrafo, grafista, docente y editor, a propósito de Preses falses, suerte de aperitivo bibliográfico que precede el ambicioso libro fotográfico que está ultimando sobre los últimos cuarenta años de escena blues barcelonesa. “En este volumen salen algunas de las imágenes más gamberras y menos formales, que fueron descartadas del libro que presentaré en ocasión del 20 Festival de Blues de la ciudad”, advierte, agua con gas en mano, acodado a la barra, mientras de fondo Diz y los suyos se emplean a fondo con Salt peanuts.

“Llevo muchos años especializado en retratar eventos culturales como el Festival de Blues de Barcelona o la Barcelona Tattoo Expo, además de trabajar para varios músicos de la escena local. En este sentido, no resulta raro verme haciendo fotos en cualquier concierto. 40 anys de Blues a Barcelona será mi tercer libro”.

— Veo que mezclas imágenes de espectáculos con retratos de músicos.

— Sí, habitualmente hacía fotografías de shows en directo, pero cada vez más me gustaba el reto del retrato y tuve la gran suerte de poder contar con enormes artistas que colaboraron felizmente. Así que, desde justo antes de la pandemia, inicié el proyecto de los retratos de blues. En principio lo hice para probar a fondo y en serio el gran formato de 10×8 pulgadas. Y, al final, se está consolidando como una completa guía de todo lo que ha ido ocurriendo en la escena de Barcelona.

— ¿Y dónde haces todas esas sesiones?

— Mi estudio está actualmente en la Nau Bostik, un espacio increíble en la Sagrera. Allí tengo un pequeño plató y, sobre todo, mi laboratorio para revelar y hacer copias, siempre analógicas, a la manera tradicional.

Orgulloso de no haber dejado de hacer casi siempre “trabajos de muchos tipos distintos que me han llenado el alma”, el parroquiano se muestra satisfecho de su condición de autónomo. “El placer de ser tu propio jefe es lo mejor”, asegura.

Imagen de Linux. El fotógrafo está ultimando su trabajo Preses falses.

Una educación artística

Nacido en Nou Barris, donde actualmente reside, cuando Joan tenía aproximadamente un año sus padres emigraron a uno de los núcleos de población del municipio de Subirats, Alt Penedès. “Ahí crecí rodeado de un ambiente bastante artístico, pues mis padres son ceramistas, pintores y escultores. Creo que aquel entorno me permitió ver cosas que mis amigos no entendían demasiado”.

A los 15 años retornaba a la ciudad para estudiar Artes Gráficas, compaginándolo “con varios trabajos curiosos, desde vendedor de discos para una distribuidora, hasta creador de fanzines y revistas, sobreviviendo con otros empleos más precarios”. A los 17 ya se independizó y se mudó en los aledaños de la Plaza Real. “Entonces compaginaba mi trabajo en distintos periódicos como La Vanguardia o el Avui, con la vida nocturna todavía canalla del Gótico”.

— ¿Y cuándo volviste a tu barrio de origen?

— Fue hace unos veinte años, cuando rondaba los 30, gracias a la especulación inmobiliaria. Al principio aterricé allí un poco deprimido por salir del centro de Barcelona, pero en pocos meses me integré y ahora no cambiaría ese lugar por ningún otro.

En Nou Barris, Joan forma parte del colectivo 9barrisimatge.org “con el que exploro la fotografía más social sin apartarme del mundo de la cultura” y está implicado “en muchas de las movidas que ahí se fraguan, dando talleres y cursos de fotografía en centros sociales y en Lomography, una tienda que apuesta e impulsa la fotografía analógica, la de toda la vida”.

El fotógrafo se ha especializado en retratar eventos culturales como el Festival de Blues de Barcelona o la Barcelona Tattoo Expo.

Un negocio para unos pocos

“Esta ciudad me vio nacer, me ausenté toda mi infancia y regresé a ella para iniciar mi vida como adulto”, razona el fotógrafo, antes de añadir entre risas: “Si he llegado alguna vez a ese estadio”.

Enamorado del carácter pluricultural de Barcelona, ve en ésta “una de las pocas ciudades que conozco con una calidad de vida, una ubicación y un clima que permiten conocer a personas de otras culturas y lugares. Eso considero que es el valor añadido que tiene Barcelona para los que somos curiosos. En cualquier momento puedes conocer a gente de cualquier lugar y compartir con ella un montón de experiencias y movidas”.

Una perspectiva que choca con su percepción actual de la urbe, “que actualmente es una marca y no un sito para vivir, un negocio para unos pocos y una ruina para la mayoría”, lamenta.

— Lo que, en cambio, es un muy buen negocio son nuestras tapas, raciones, bocatas o menú, que aquí se sirve todo rico y en abundancia.

Con una media sonrisa que denota apetito, Joan Martínez repasa la oferta gastronómica del Bar antes de sentenciar:

— A poder ser raciones, en plural, para probar de todo.

Y pide otra agua, porque la comida la va a querer bien picante.

Preses falses es el libro fotográfico que está ultimando sobre los últimos cuarenta años de la escena blues barcelonesa.