Interacción de los ciudadanos con el piano delante del centro comercial Pedralbes Centre, Barcelona.

¡Invasión de pianos de cola!

En el marco del Concurso Internacional Maria Canals, entre el 3 y el 19 de Marzo, se instalan en las calles de Barcelona pianos para promover la interacción por parte de los ciudadanos, aprovechando la paradoja que hace del piano un elemento tan identificable, por la absoluta mayoría de individuos, como extraño en lo que a uso y disfrute se refiere

Carles Santos, artista recientemente desaparecido, logró despertar la perplejidad de los transeúntes en 1971 al arrastrar un piano Rambla arriba y, ya en 2009, al ser arrastrado Rambla abajo, empujado por otras personas mientras tocaba frenéticamente, con una pareja en actitud cariñosa y poca ropa sobre la tapa del instrumento. Sin llegar al extremo de la performance, la decisión de ubicar en diferentes puntos del espacio urbano esos mismos instrumentos para ser libremente empleados (del 3 al 19 de marzo), con los consejos de un músico que ejerce de dinamizador, forma parte de los actos de promoción del Concurso Internacional Maria Canals. Estas instalaciones buscan promover la interacción por parte de los ciudadanos, aprovechando la paradoja que hace del piano un elemento tan identificable, por la absoluta mayoría de individuos, como extraño en lo que a uso y disfrute se refiere.

Pocas artes son más disfrutables universalmente -y con menos medios- que la música. En nuestros días proliferan las posibilidades de acercarse por precios mínimos (inferiores a una entrada de cine) o gracias a la reciente puesta en marcha de una “taquilla inversa”, que hace que cada oyente escoja responsablemente, según su criterio, el precio de la entrada del concierto al que ha asistido.

Son cada vez más las iniciativas que tratan de hacer de la música un patrimonio realmente público, ajeno a los caducos estereotipos que ven en ella (en la clásica, o en cualquier otro género diferente al omnipresente pop) un asunto para personas con formación o sensibilidad especiales. Eso se propone el Concurso Maria Canals de Música para piano en su edición 64, mediante un despliegue que no pretende ser sólo promocional de la competición pianística. Un evento dirigido a jóvenes intérpretes, de 18 a 30 años, que cuenta con una larga trayectoria y reconocimiento internacional. De hecho, la promoción se dirige a la naturaleza misma de la música, constitutiva de experiencias estéticas que añaden matices a la vida anímica, y cuya variedad expresiva permite al oyente ampliar sus horizontes y le invitan a descubrirse no sólo pasivamente, sino como creador de sonidos más o menos articulados.


Interacción de los ciudadanos con el piano delante del centro comercial Pedralbes Centre, Barcelona.

Pocas artes son más disfrutables universalmente -y con menos medios- que la música. En nuestros días proliferan las posibilidades de acercarse por precios mínimos (inferiores a una entrada de cine) o gracias a la reciente puesta en marcha de una “taquilla inversa”, que hace que cada oyente escoja responsablemente, según su criterio, el precio de la entrada del concierto al que ha asistido. También, a través de grandes pantallas en el espacio público, como se ha hecho con la ópera en ciudades como Madrid o Barcelona. En ocasión del concurso Maria Canals, además del posible empleo de los instrumentos, se ofrecerán pequeños recitales al final de las jornadas, por parte de pianistas profesionales, de forma completamente gratuita.

Interacción de los ciudadanos con el piano delante del centro comercial Pedralbes Centre, Barcelona.

La curiosidad espontánea que naturalmente demuestran todos los niños hacia la música, su innata capacidad para identificar ritmos e impregnarse de las vibraciones sonoras, se confirma un año más con la instalación sorpresiva de pianos. Algo que se comprueba asimismo en los cada vez más frecuentes conciertos para todos los públicos, o público infantil (por mencionar dos recientes, Big Bang Beethoven, en el Palau, o la proyección de la película ET con acompañamiento orquestal en directo, en el Auditori). La percepción directa del hecho musical, gestado en proximidad del oyente e irrepetible -la música interpretada en vivo, lo que podría parecer más antiguo- en realidad da pie al asombro.

Quienes se hallan acostumbrados desde siempre a la reproducción automatizada, a una interpretación impersonal se sorprenden al descubrir que la música está hecha por un músico para la ocasión. Sienten cómo la música les interpela con un lenguaje desconocido, que sin embargo entienden. Así, aquella invasión de pianos no sólo pretende dar a conocer el Concurso Maria Canals, en convenio con el Palau de la música. Su función más importante reside en recordar que la música es de todos y para todos. El pretexto de la lejanía o falta de formación puede convertirse en un pre-texto: una ocasión óptima para descubrir la originalidad de un lenguaje que, en efecto, nos ofrece herramientas para conectar con nuestros orígenes.