El hilo invisible del mecenazgo

Guillem Carol

Editor de The New Barcelona Post

12 de octubre de 2025

El mecenazgo es a menudo silencioso —no crea grandes titulares—, pero constituye una de las piedras angulares del ecosistema cultural, científico y social catalán. La historia reciente de Cataluña no se entendería sin la fuerza del mecenazgo. Desde Vila Casas hasta La Marató de TV3. El mecenazgo tiene muchas caras y, por suerte, a pesar del maltrato constante de la administración, goza de una capacidad de resiliencia digna de estudio.

Durante la Semana del Mecenazgo, The New Barcelona Post ha desplegado una mirada coral sobre las muchas caras de este compromiso, que es a la vez un motor y el cemento de la historia de nuestra ciudad y del conjunto del país. Los distintos artículos publicados han servido para radiografiar el estado del mecenazgo, entender su evolución histórica y analizar sus retos actuales, con la participación de voces representativas de la cultura, la investigación, la empresa y el tercer sector.

En una de las piezas centrales de la serie de esta semana, la directora de The NBP, Elena Busquets, describe el mecenazgo como un “puente invisible” entre la empresa y la cultura, entre la ciencia y la sociedad. Su artículo subraya que, aunque tradicionalmente el mecenazgo ha sido discreto, las fundaciones catalanas han tejido una red con un impacto real que es necesario cultivar y adaptar a los nuevos tiempos. Cataluña es heredera de grandes mecenas de otras épocas, figuras que ayudaron a construir instituciones culturales y científicas que todavía hoy definen el país. Pero, en un contexto contemporáneo, la lógica del mecenazgo se ha vuelto más estratégica y profesional: no basta con aportar recursos, hay que conectarlos con proyectos sostenibles y con vocación de trascendencia.

El debate sobre el marco legal es otra de las piezas clave de la semana. Sergi Miquel, en su artículo, aporta una mirada lúcida al laberinto normativo que rodea el mecenazgo y muestra cómo las leyes actuales son fruto de un proceso lento, de avances parciales y de voluntades que a menudo chocan con una excesiva burocracia. Las políticas públicas, recuerda, no solo deberían facilitar las donaciones, sino también reconocer su valor cívico y cultural. Esta es una reivindicación que comparten muchos de los testimonios recogidos durante la Semana del Mecenazgo.

Entre ellos destaca la voz de Gabriel de Mariscal, director general de Llet Nostra, que defiende que “el mecenazgo no es un gasto, sino una responsabilidad”. Su proyecto muestra cómo una empresa puede actuar como agente cultural y social sin perder su esencia productiva. En el mismo espíritu, diversas entidades del tercer sector reclaman alianzas que vayan más allá del patrocinio puntual, apostando por relaciones de confianza y de largo recorrido con el tejido empresarial. Jèssica Celda Rescalvo, de la Taula del Tercer Sector, lo expresa con claridad: “El mecenazgo es también una manera de cohesionar la sociedad, de dar sentido y voz a aquello que a menudo queda fuera del foco.”

En el ámbito científico, el artículo de Glòria Oliver es un buen ejemplo: recuerda que, para muchos investigadores, el apoyo filantrópico es un complemento imprescindible ante la limitación de los recursos públicos. Y Lluís Bernabé, desde la Fundació La Marató, subraya cómo la implicación ciudadana puede convertir la solidaridad en investigación de primer nivel: incluso la contribución más pequeña puede generar un impacto enorme.

Laboratorio del Clínic, uno de los centros que trabaja con programas de mecenazgo.

La directora de la Fundació Catalunya Cultura, la amiga Maite Esteve, cierra el círculo con una reflexión sobre el talento y la necesidad de una legislación propia que dé estabilidad y visibilidad al sector cultural. “Cuando el talento no encuentra recursos, se marcha o desaparece”, advierte. Sus palabras resumen el espíritu de toda la semana: el mecenazgo no puede verse como un gesto puntual ni como una estrategia de marketing, sino como un compromiso estructural con la cultura, la investigación y la cohesión social.

La Semana del Mecenazgo de The New Barcelona Post ha dejado, en definitiva, una idea clara: el futuro del mecenazgo en Catalunya pasa por reforzar la colaboración entre sectores, repensar los incentivos y construir una cultura del mecenazgo más madura, más transparente y más compartida.

En tiempos inciertos, en los que la cultura y la ciencia a menudo dependen del ingenio para sobrevivir, el mecenazgo se presenta como una forma contemporánea y madura de responsabilidad colectiva.

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Guillem Carol
Guillem Carol Vallès

Editor de The New Barcelona Post

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