El futuro del mecenazgo en Catalunya: más accessible, inmediato y emocional, y con una ley en camino

El mecenatge d’empreses i particulars ha permès col·laborar activament en la creació d’una col·lecció de més de 5.000 obres a la Fundació Macba
El mecenatge d’empreses i particulars ha permès col·laborar activament en la creació d’una col·lecció de més de 5.000 obres a la Fundació Macba
(Directora de The New Barcelona Post)
12 de octubre de 2025

El futuro del mecenazgo en Catalunya encuentra en su horizonte una evolución natural de la filantropía clásica hacia la participación ciudadana, y de la donación económica hacia el compromiso colectivo; un camino que ya se está dibujando en los últimos años a golpe de tecnología, de mayores instrumentos de iniciativa pública —como la propuesta de ley catalana de mecenazgo— y de la democratización del mecenazgo y, en consecuencia, del micromecenazgo. Es decir, a golpe de nuevos formatos, nuevas reglas y nuevas voces.

Tras una semana radiografiando el mecenazgo en Catalunya en los ámbitos cultural, social y de la investigación científica, es evidente que el mecenazgo no es algo que pertenezca únicamente a épocas remotas —aunque haya mucha literatura al respecto en Internet—. La burguesía de finales del siglo XIX y del XX ha dejado un listado de mecenas que, con nombres y apellidos, han sostenido e impulsado iniciativas e instituciones —especialmente culturales— que perdurarán en nuestra sociedad durante generaciones. Y los ejemplos desbordan cualquier listado: el Palau de la Música Catalana o el Gran Teatre del Liceu, en el ámbito cultural; el Institut de Ciències Fotòniques o el Institut d'Oncologia de Vall d'Hebron, en el científico; o la Obra Social Sant Joan de Déu, en el ámbito social.

A lo largo de los dos últimos siglos, el mecenazgo ha encontrado distintas formas de expresar la filantropía: en primer lugar, lo protagonizaron grandes personalidades que realizaron contribuciones económicas muy generosas; más tarde, durante las décadas de opresión que vivió la cultura catalana tras la Guerra Civil, floreció a través de proyectos culturales impulsados por mecenas que velaban por la lengua y la identidad del país. Algunos de ellos empezaron a organizarse a través de movimientos asociativos. Y ya hacia las décadas de 1980 y 1990, el mecenazgo dio el salto al mundo corporativo y la profesionalización, con la aparición de nuevas fundaciones, entidades culturales y la fórmula del patrocinio.

¿El resultado? Más de 2.000 entidades fundacionales activas en la actualidad, una aportación económica que representa el 1,7% del VAB total de Catalunya y más de 45.000 personas voluntarias activas colaborando. Sus ámbitos de actuación son principalmente la cultura (49%), la acción social (39%), la educación (8%) y la investigación científica (4%).

Una nueva forma de entender el mecenazgo: accesible, inmediata y emocional

Las entidades fundacionales son hoy el instrumento con el que se estructura y coordina el mecenazgo del siglo XXI, adaptado a las nuevas generaciones —y a sus exigencias— y a los nuevos formatos digitales. La digitalización ha abierto la puerta a una nueva forma de entender el mecenazgo: más accesible, más inmediata y más emocional. Y plataformas como Verkami o Migranodearena son un buen ejemplo de ello, donde, por cierto, los donantes tienen entre 25 y 45 años de media.

La primera es una plataforma de micromecenazgo cultural fundada en 2010 en Mataró que, con una tasa de éxito del 75%, ha conseguido financiar 13.000 proyectos con 66,8 millones de euros y el apoyo de 1,8 millones de mecenas. La segunda, Migranodearena, es una plataforma barcelonesa de crowdfunding social y solidario que permite implicarse en causas sociales a través de retos solidarios. Si antes el mecenazgo era un acto reservado a unos pocos bolsillos de alto poder adquisitivo, hoy cualquier ciudadano puede convertirse en mecenas con un solo clic, siempre que la causa le inspire.

Pare i fills, fundadors de Verkami
Padre e hijos, fundadores de Verkami

Este nuevo modelo, más abierto y trazable, permite establecer un vínculo directo con las causas que se quieren impulsar. Ya no se trata solo de donar dinero, sino de participar, sentirse parte del proyecto y seguir su impacto. Y un ejemplo de kilómetro cero lo encontramos en la Magic Line, organizada por Sant Joan de Déu. Esta marcha solidaria, que en su última edición recaudó 500.000 euros, es “una fiesta de la solidaridad y una invitación al conjunto de la sociedad a formar parte de las soluciones", destaca el director de Sant Joan de Déu Serveis Socials, Salvador Maneu.

Amar aquello que se conoce

“Es difícil amar lo que no se conoce”, recordaba Eloi Planes, presidente de la Fundació Catalunya Cultura y presidente ejecutivo de Fluidra, durante la sesión Mecenazgo e impacto: más allá de la financiación, organizada por The New Barcelona Post y la Fundació Catalunya Cultura dentro del ciclo Moments Estel·lars en la Casa Seat. En el caso del mecenazgo, sucede lo mismo: los mecenas invierten en causas con las que empatizan más, aquellas que conocen; y eso, últimamente, ha hecho que la cultura reciba menos atención que otros ámbitos.

Según el estudio La filantropía en España y Portugal. Actitudes y comportamientos sociales, del Observatorio Social de la Fundación "la Caixa", las causas que han recibido más apoyo financiero en el último año han sido la acción social (23,5% de los españoles), la salud (22%), el medio ambiente y los animales (14,9%), los derechos humanos (13,2%) y la investigación (12,2%). Son causas con un impacto directo y visible en la sociedad, que despiertan una conexión emocional, uno de los grandes retos del mecenazgo actual.

Voluntaris de La Marató
Voluntarios de La Marató.

El camino, según varios expertos, pasa por incidir en la etapa escolar. “El vínculo con las artes y la cultura debe crearse desde pequeños, en las escuelas y también en las familias”, afirma Maite Esteve, directora de la Fundació Catalunya Cultura. Así, estas nuevas generaciones desarrollarán sensibilidad hacia el impacto de la cultura en la sociedad y el territorio, y podrán cuidarla e impulsarla a través del mecenazgo.

Un marco regulador en Catalunya

El futuro del mecenazgo en Cataluña pasa, necesariamente, por un marco legal claro y estimulante, adaptado a la realidad del mecenazgo en el territorio. El 19 de diciembre de 2023, el Consejo de Ministros aprobó un Real Decreto-ley estatal que modificaba la Ley de Mecenazgo vigente desde hacía 21 años. Pero, aunque fue bien recibida por el sector, la nueva normativa estatal no resuelve todas las especificidades del tejido cultural y social catalán. De ahí la importancia de impulsar una ley propia, que aproveche las competencias en materia de IRPF y ofrezca incentivos ajustados a su dimensión y diversidad.

La Fundació Catalunya Cultura, uno de los principales impulsores de la ley catalana, recuerda que se trata de un mandato reiterado del Parlament de Catalunya desde hace más de una década. En 2011 ya se instaba al Govern a presentar un proyecto de ley para incentivar las aportaciones privadas mediante medidas fiscales y convenios de colaboración. Y, de hecho, Cataluña tiene competencias en materia de IRPF: durante el mandato del conseller Antoni Castells (2003-2010) se aprobaron tres disposiciones que aumentaban las deducciones autonómicas.

Maite Esteve, directora de la Fundació Catalunya Cultrua © Marc Llibre
Maite Esteve, directora de la Fundació Catalunya Cultrua © Marc Llibre

Ahora, finalmente, la ley está en poco de conseguir luz verde. "Tenemos la propuesta de ley en trámite y los partidos políticos están de acuerdo con el texto, pero falta el contexto”, afirma Esteve; y habla en plural. La Fundació Catalunya Cultura es la principal impulsora de la Plataforma pel Mecenatge, una plataforma que reúne el consenso y la implicación de los sectores cultural, social y de investigación, y que ya cuenta con 180 entidades. ¿El objetivo? Que esta ley catalana de mecenazgo, inspirada en el modelo francés, tenga un futuro muy Aillagon.

Si la nueva ley logra equilibrar incentivos fiscales, reconocimiento social y participación ciudadana, Catalunya podrá consolidar un modelo propio de mecenazgo abierto, arraigado al territorio y capaz de sostener la cultura, la investigación y la solidaridad con la misma fuerza que los grandes mecenas del pasado. Porque, al fin y al cabo, el mecenazgo no es solo un acto de generosidad: es una forma colectiva de construir futuro.

Sobre el autor

Elena Busquets
Elena Busquets

Directora de The New Barcelona Post

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