Llibres sobre el procés

¿Quién definirá la Barcelona del procés?

Será pues aquel que, con su talento, cree un Vida privada, una Plaza del diamante, una Ciudad de los prodigios, un Diario de un ladrón o para su extrarradio una trilogía como la de Julià de Jodar, L’Atzar i les ombres, quién logre cristalizar la visión del proceso separatista en el imaginario popular
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scribía un par de semanas atrás Enric Juliana en La Vanguardia que el título del breve panfleto de Jordi Amat La confabulación de los irresponsables definirá la época —para los optimistas el último lustro— del kafkiano Der Prozess que a usted y a mi nos ha tocado vivir, sobre todo en Barcelona. Sin que la reflexión tenga un atisbo de crítica a la obra del ensayista en cuestión, me permito discrepar y enseguida comprenderán por qué.

Desde que comenzaron las primeras manifestaciones multitudinarias en Paseo de Gracia allá por 2012 y, a medida que la propuesta secesionista se consolidaba y avanzaba hacia el proceso de desconexión —que al final no ha sido—, periodistas, ensayistas y columnistas han utilizado por doquier el dietario Abans del sis d’octubre, publicado en 2008, del abogado Amadeu Hurtado para reforzar sus respectivos argumentos. Normalmente, claro está, contra las voluntades independentistas.

El dietario, inédito hasta entonces, no marcó por supuesto ninguna época, ni tuvo influencia alguna entre sus contemporáneos. La tuvieron otros textos, hoy por completo olvidados. Fue el caso de Crítica del 6 d’octubre del propagandista Jaume Miravitlles (1935) que se escribió con la finalidad de eximir a Companys de los fallidos ‘Hechos de octubre de 1934’ y para cargar el muerto al entonces consejero de Gobernación, Josep Dencàs, y a la facción independentista que lideraba dentro de ERC, Estat Català.

El dietario de Hurtado, en cambio, ha tenido un fuerte impacto entre los ensayistas actuales. Y es que subsiste entre los plumíferos la voluntad de conseguir que su mirada perdure, al estilo del reportaje del periodista John Reed, Diez días que estremecieron el mundo (1919) sobre lo acontecido en la Revolución Rusa de Octubre. Trascender, más que analizar o explicar, es el objetivo de las obras.

En el caso catalán, por ejemplo, en una mezcla de Reed y traslación contemporánea —confesada— de Hurtado, Enric Ucelay-Da Cal, Arnau Gonzàlez Vilalta y Plàcid Garcia-Planas han escrito en apuntes de urgencia entrelazados unas meditaciones sobre el octubre catalán, Tumulto. Sin duda los investigadores del futuro lo ojearán para tomar el pulso a más perspectivas. Aunque difícilmente será el Abans del sis… del momento puesto que el abogado republicano fue copartícipe de los hechos y los historiadores y el periodista son observadores con criterio, que no es poco, pero no suficiente para el cometido. Lo más hurtadiano hasta la fecha son los testimonios de Santi Vila en su De héroes y traidores o el Empantanados de Joan Coscubiela. Desde una posición periférica y en la otra orilla del Misisipí, donde habita el agitprop independentista, encontramos Nou homenatge a Catalunya de Vicent Partal.

Sin duda éstos y muchos otros ensayos aparecidos, sean más o menos certeros en sus análisis, son interesantes y se complementan. Será necesario leerlos a todos, o esperar a caso a una síntesis, para tener un fresco multicolor de lo acontecido. A pesar de ello ninguno definirá los días que vivimos peligrosamente. La percepción futura no dependerá de lo mucho que los medios afines a sus tesis los hayan, machaconamente, encumbrado. No. Si en algún momento importó la realidad y se pudo considerar que algo parecido a ella podía objetivarse, hoy ésta cotiza a la baja. No es que la realidad, pasada o presente, no exista —que se podría discutir—, es que simplemente no importa.

En el ámbito cultural catalán esto ya era así antes de la aparición del mundo digital y de la modernidad líquida. Cada vez son más los que leyendo una novela histórica creen leer Historia. Se ha llegado a tal absurdo que el público lector prefiere ‘la verdad’ de Victus, de Soldados de Salamina o de Yo, Claudio antes que los estudios de Joaquim Albareda, Joan Maria Thomas, Mary Beard o las anotaciones de los Hurtado de turno.

Será pues aquel que, con su talento, cree un Vida privada, una Plaza del diamante, una Ciudad de los prodigios, un Diario de un ladrón o para su extrarradio una trilogía como la de Julià de Jodar, L’Atzar i les ombres, quién logre cristalizar la visión del proceso separatista en el imaginario popular. Lo mismo que Fallada lo hizo con los años de la República de Weimar y del régimen hitleriano o Dickens con los de la Inglaterra victoriana, por paradójico que parezca, quién fijará la imagen de nuestra década revolucionaria barcelonesa no será el ensayo sobre la realidad, sino directamente la ficción. Al fin y al cabo, ¿a quién le importa el análisis de John Ferling sobre la vida del segundo presidente de los Estados Unidos, si la serie John Adams la despacha en siete amenos (y sesgados) episodios?

 

Imagen destacada

De arriba abajo y de izquierda a derecha: D’herois i traïdors, Santi Vila / Nou homenatge a Catalunya, Vicent Partal / La ciudad de los prodigios, Eduardo Mendoza / Diez dias que estremecieron el mundo, John Reed / Empantanados, Joan Coscubiela / Yo Claudio, Robert Graves / Soldados de salamina, Javier Cercas / Tumulto, Arnau Gonzàlez i Vila, Enric Ucelay-Da Cal, Plàcid Garcia-Planas.