Clase de arteterapia.

Arteterapia: todos somos artistas

El lenguaje del arte es el lenguaje del alma. Gracias a él podemos hacer manifiesto aquello que no se ve, una emoción, un pensamiento, una palabra. Cuando desarrollamos un proceso artístico, somos sinceros, imaginativos, valientes frente al lienzo vacío, la hoja en blanco o la roca en bruto, se despiertan una serie de cualidades que se convierten en instrumento para desenvolvernos en la vida. La cualidad no verbal que ofrece el arte permite la expresión de un mensaje auténtico donde no es posible el autoengaño

E

l paradigma de la sociedad actual tiende a reducir la constitución humana al cuerpo físico y nos olvidamos de ese lugar donde viven las emociones o nuestros más profundos anhelos. La creciente tendencia a la mecanización en todos los ámbitos humanos, la desconexión de los ritmos naturales, el acumular conocimientos pensados por otros sin aprender a desarrollar un pensar individualmente vivo, la atención casi robotizada que presenta la medicina convencional, la diversidad de sustancias tóxicas en la industria alimentaria, etc. nos presenta un escenario donde el ser humano ha perdido importancia. Vivimos en una sociedad que tiende a la deshumanización y por consecuencia al egoísmo; pasamos más tiempo consumiendo pantallas que atardeceres. Es en este escenario donde aparecen y se instalan desequilibrios como depresiones, ansiedades, insomnios, síndromes de hipersensibilidad química, trastornos y alergias alimentarias, cáncer, TDAH (trastorno por déficit de atención e hiperactividad), o la denominada demencia digital y la adicción a Internet de las que habla el psiquiatra y neurocientífico Manfred Spitzer.

En este tipo de trabajo terapéutico es más importante el proceso que el resultado, es aquí donde la obra de arte ya no es el lienzo sino el propio ser humano modelándose a sí mismo en la búsqueda de la armonía

El arte nos devuelve la condición humana, reconstruye el camino hacia el sentido de ser humanos. Todos llevamos el anhelo de libertad, el impulso de amar y la capacidad de crear; ¡todos somos artistas! Tenemos el compromiso de consentir que así sea, de dar una mirada a aquello invisible que vive en nosotros, para conocerlo, transformarnos a nosotros mismos y por consecuencia, a la sociedad. El arte no es una distracción, ni un lujo exclusivo de algunos pocos, sino una necesidad humana; sólo hace falta reconocernos como seres creativos y es aquí donde el arteterapia juega un papel importante como medio de diagnóstico, autoconocimiento y cambio. La terapia artística reconoce el poder y la necesidad de la dimensión creativa. Se sirve de diferentes artes, como pintura, modelado, escultura, movimiento y música para construir un puente hacia el interior del individuo facilitando no sólo la expresión sino también la impresión, en el alma, de aquello que puede estar faltando. El mundo de los colores es la expresión directa del mundo anímico, un trabajo consciente con el color, como pariente de las emociones, ejercerá un efecto sobre la fisiología armonizando aquello que ha perdido su equilibrio. Mediante el arteterapia se puede influir sobre las funciones físicas, vital-psicológicas, mentales e intelectuales. En este tipo de trabajo terapéutico es más importante el proceso que el resultado, es aquí donde la obra de arte ya no es el lienzo sino el propio ser humano modelándose a sí mismo en la búsqueda de la armonía.

Material de arte. Foto de So Flow a Unsplash.

El efecto curativo de la creación artística se hace posible gracias al hecho de que, en la actividad artística, se evidencian leyes que podemos observar y percibir en las personas mismas, por ejemplo a modo de elementos que fortalecen o debilitan, unen o disuelven, estimulan o calman, que dan forma a imágenes o escuchan; y que también encontramos en procesos patológicos como desequilibrios. Se acompaña y anima a los pacientes, mediante las terapias, a intervenir ellos mismos activa y creativamente en el proceso patológico y a explotar su acceso a los recursos curativos. De este modo, el proceso de dar forma a su propio destino, y al desafío que constituye la enfermedad, es uno de los temas centrales en el transcurso de una arteterapia que servirá de base para la curación.

De esta manera, la arteterapia acompaña a la medicina, la pedagogía y la terapia social. La terapia a través del arte ofrece atención hospitalaria y ambulatoria en clínicas, centros de rehabilitación, instituciones de salud y educación especial, instituciones terapéuticas sociales, en el sistema penal y en el contexto de situaciones traumáticas. En algunos países europeos, los fondos del seguro médico cubren el coste de la terapia artística prescrita médicamente. También actúa como medicina social en grupos de personas con un objetivo común como lo son los equipos de trabajo, para mejorar la calidad de las relaciones, desarrollar la confianza y la comunicación verdadera, en la resolución de conflictos y en despertar la capacidad creativa.

En algunas instituciones en Barcelona se aplica la arteterapia como parte activa del tratamiento, por ejemplo, en el hospital Sant Joan de Déu donde es una valiosa herramienta de conocimiento de los niños, en La Santa Creu i Sant Pau también está presente dentro de los servicios de oncología médica y la Unidad de curas paliativas. Hay varias iniciativas independientes soportadas por entidades estatales como el caso de la Comisión Verdad, Memoria y Reconciliación (para víctimas del conflicto armado en Colombia) que apoya el Instituto Catalán Internacional por la Paz (ICIP) junto con el Ajuntament de Barcelona, y en psicoterapia hay centros que acompañan a niños, jóvenes y adultos dando prioridad a los recursos que ofrece el arte como lo es el Centro de psicoterapia Psique i Art. El arteterapia es, entonces, un valioso elemento de autoconocimiento, de transformación individual y colectiva. Es un espacio de encuentro con lo divino que vive en nosotros.