Tal y como hicimos con Pablo Picasso y Federico García Lorca, se trata de una conversación imaginaria y distópica con Albert Einstein, forzando la línea del tiempo, de modo que podamos acercarnos a lo que estas figuras nos dirían hoy sobre su vida, sobre Barcelona y sobre los tiempos que vivimos ahora.
--- Bienvenido a la ciudad del conocimiento.
--- ¿No exagera, joven?
--- No lo digo yo, son los grandes nombres que utilizan los diversos gobiernos municipales cuando deben hablar de investigación, cultura, conocimiento e investigación.
--- A mí cuando me invitaron solo fue para realizar tres entrevistas. Y no fue el ayuntamiento, sino ese tipo de gobierno autónomo que…
--- La Mancomunitat, sí. Febrero de 1923, invitado por el ingeniero y matemático Esteve Terradas.
--- ¡Eso! Terradas.
--- ¡Fue todo un acontecimiento, recibir un reciente Nobel de Física!
--- Ganas le ponían, eso sí. Recuerdo la visita a la Real Academia de Ciencias y Artes, la del edificio del reloj…
--- Aquí mismo subiendo la Rambla, sí.
--- ¿Aún marca la hora oficial?
--- Ahora la hora oficial ya no la marca ni el Big Ben, maestro, sino los teléfonos móviles. Todos ellos perfectamente sincronizados.
--- Aquí en el Museo no paran de hacerme retratos con estos trastos.
--- No tantos como a Messi o a Rosalía, supongo.
--- A mí me ha tocado compartir espacio con compañeros más discretos, como Marie Curie, o ese señor de la silla de ruedas de allí al fondo.
--- Stephen Hawking. Un discípulo suyo.
--- ¿Discípulo?
--- Unió su teoría de la relatividad con la de la mecánica cuántica, aparte de su investigación sobre los agujeros negros y el origen del Universo.
--- Ah! ¿Ahora ya sabemos por qué existimos?
--- Eso ya sería algo más metafísico, me temo.
--- El caso es que él se lleva muchas más fotografías que yo.
--- No me diga que eso le importa.
--- No, no. Tampoco me hicieron muchas, cuando vine a Barcelona. De hecho, nadie vino a recogerme a la Estación de Francia.

--- ¿Lo decís en serio?
--- No fue culpa de nadie, simplemente no había tenido tiempo de enviar un telegrama para confirmar mi hora de llegada.
--- Pues cerca de la estación están planeando la “Ciutadella del Coneixement”, una especie de gran área dedicada a la biomedicina, la biodiversidad y las ciencias del mar.
--- Confío en que hagan algo más que poner piedras. Ustedes son muy buenos construyendo edificios, pero deben llenarse.
--- Harán también una gran biblioteca provincial, que es lo que se hace en las provincias.
--- No se queje, que tienen una ciudad preciosa.
--- Una gran "cocapital cultural", sí. ¿Dónde se alojó, por cierto? Decían que declinó la invitación al Ritz y se alojó en el Quatre Nacions, aquí mismo, en la Rambla.
--- Algunos también decían que en el Hotel Colón, en la Plaza Catalunya.
--- ¿Y dónde fue?
--- Elsa y yo estuvimos muy bien en Barcelona, solo le diré eso.
--- “Ha venido a Barcelona un gran hombre”, escribió Sagarra.
--- Tengo un buen recuerdo de todo. Gente amable, Terradas, Campalans, Lana, la hija de Tirpitz… Canciones populares, bailes…
--- ¿Quiere decir la sardana?
--- Me encantaron. Escuché durante muchos años los discos que me regalaron. ¡Ah, y la Marieta de l’ull viu!
--- ¿En serio?
--- No soy de piedra, ni ninguna figura de cera. Ah, ¡Y también recuerdo el Refectorium!

--- ¿El restaurante?
--- Sí, en la misma Rambla. Era un establecimiento curioso, como una brasserie pero metida en un sótano y con un aspecto muy medieval. Era muy popular. Por cierto, ¿aún está ese cine, en los bajos de la Academia?
--- ¿Qué cine? Ahora hay un teatro, el Poliorama.
--- Pues había un cine… Martí, creo que se llamaba.
--- Ni idea.
--- Y recuerdo un reloj astronómico impresionante, ahí dentro, que marcaba la posición de los planetas y del Sol.
--- El reloj de Albert Billeter, sí. Son cosas de ser una Academia fundada en 1764, ya ve que las ansias de conocimiento son antiguas aquí.
--- El tiempo pasa muy rápido.
--- Eso es relativo, ¿no?
--- No creo que usted lo entendiera.
--- Pues este Museo de Cera es, precisamente, una especie de túnel del tiempo.
--- Es aún más complicado que eso. De hecho, en las tres conferencias que hice en Barcelona pude ver en las caras de todos los asistentes que no habían entendido nada.
--- Es que quizá les habló como si fueran físicos o matemáticos.
--- Diría que solo me entendió Esteve Terradas.

--- ¿Y dónde la hizo, la primera?
--- En la sede del Institut d'Estudis Catalans.
--- ¿Quiere decir en la calle del Carme, junto a la Biblioteca Nacional?
--- ¡No, no! Quiero decir en ese palacio renacentista que hay en la Plaza Sant Jaume. Palacio de la Diputación, creo que lo llamaban.
--- Ah! ¡El Palau de la Generalitat!
--- No cabía ni una aguja, y eso que hubo que pagar entrada para escucharme. Veinticinco pesetas, creo que eran.
--- No es poco. Por no acabar entendiendo nada de alguien que hablaba en una mezcla de francés y alemán…
--- ¿No son ustedes la ciudad del conocimiento, me decía?
--- No me haga hablar. En cualquier caso, usted cobró 3.500. Por las tres conferencias.
--- Mi sueldo de un año como científico.
--- Caramba.
--- Las otras las hice en el mismo Palau, pero en otro salón. Y después me hicieron una gran cena de homenaje a Ritz.
--- Pero aparte de Barcelona, también visitó Poblet, L'Espluga de Francolí, Sant Cugat, Terrassa…
--- Me acompañaba el presidente Puig i Cadafalch y un señor muy simpático con pajarita, no recuerdo su nombre…
--- Ventura Gassol.
--- Eso. Y luego recuerdo la Escuela del Mar de Barcelona, el Grupo Escolar Baixeras, la Escuela Industrial, el Somorrostro, la visita al Ayuntamiento…

--- Y el coloquio en la Academia. Pero también se entrevistó con un líder de la CNT, ¿verdad?
--- Recomendé a ese tal Pestaña que hiciera leer a Spinoza a sus sindicalistas.
--- ¿Spinoza? ¿El filósofo?
--- Yo sólo creo en el Dios de Spinoza.
--- Un dios unido a la Naturaleza, a la ciencia. Debería leer a Francesc Pujols.
--- En todo caso fue más constructiva la cena que nos organizó Rafael Campalans, en su casa, en la calle Rosselló. Recuerdo el menú en latín, y que cantó una soprano del Orfeó Català.
--- Pues ahora Campalans da nombre a la Fundación del PSC.
--- Diría que era responsable de pedagogía del gobierno de la Mancomunidad…
--- Sí, un socialista como usted, en un gobierno de supuestos "burgueses".
--- Yo creo que la anarquía económica de la sociedad capitalista, tal y como existe hoy en día, es la verdadera fuente del mal.
--- Campalans estaría de acuerdo, en eso. Por eso planteaba su política pedagógica igualitaria.
--- La educación debería desarrollar el sentido de responsabilidad del individuo hacia sus conciudadanos, en lugar de la glorificación del poder y del éxito.
--- Íbamos hacia ahí... Pero en ese mismo mes de septiembre Primo de Rivera eliminaría la Mancomunitat.
--- ¿Y la sardana?
--- Y la sardana. Aunque las hubiera bailado, también.
--- No puede ser.

--- Incluso la “Marieta de l’ull viu”, señor Albert Einstein.
--- En fin… Pero bueno, no sé si sabe que yo también tuve que abandonar Alemania más tarde.
--- Por supuesto que lo sé. Todo está conectado: espacio, tiempo y fascismo.
--- No bromee. Un día quizás entenderá lo que digo.
--- No necesito entender: Sagarra, pese a no entender nada de sus conferencias, habría querido llevarse una pizarra sin borrar.
--- Hay recuerdos imborrables.
--- O puro fetichismo, maestro.
--- Ya le he dicho que, por mucho que ahora lo parezca, no soy una pieza de museo.
--- Las cosas están aquí y dejan de estar a la vez, ¿no? Usted mismo se fue en seguida a Madrid.
--- Era lo normal, ¿no?
--- Por supuesto, maestro. No sufra. Es lo que tiene ser una “cocapital”.