La Barcelona que no sale en la fotografía

Turistas en el Park Güell. © Àngel Bravo
Turistas en el Park Güell. © Àngel Bravo

Desde la Sagrada Familia hasta el Park Güell, los responsables de comunicación de los grandes equipamientos de Barcelona debaten, en una sesión organizada por Dircom Catalunya, cómo transformar los iconos turísticos en un elemento de proyección, identidad y orgullo compartido

(Redactora en The New Barcelona Post)
19 de junio de 2026

Durante unas horas, Barcelona parecía condensada en una sola imagen: la del Papa León XIV ante la Sagrada Familia, rodeado por los fuegos artificiales, los fanalets y una coreografía de drones que proyectaba el legado de Gaudí sobre el cielo de la ciudad. La imagen dio la vuelta al mundo: fue compartida y comentada en todas las redes sociales y reproducida por los principales medios internacionales. La fuerza simbólica de la imagen despertó un sentimiento de orgullo barcelonés que, para algunos, incluso recordaba al impulso y la proyección internacional que la capital catalana experimentó después de los Juegos Olímpicos de 1992.

Pero, más allá de la fuerza visual de la instantánea, la imagen plantea una pregunta más profunda: ¿puede una sola fotografía explicar toda una ciudad? Y, sobre todo, ¿qué queda cuando se apaga la euforia del momento? Esta ha sido precisamente una de las cuestiones que ha centrado la jornada Espacios que comunican: arquitectura, narrativa y reputación de Barcelona, organizada por Dircom Catalunya con la colaboración de The New Barcelona Post, Barcelona de Serveis Municipals y el Park Güell.

Una jornada durante la que los responsables de comunicación de algunas de las instituciones más emblemáticas de la ciudad —de la Sagrada Familia a La Pedrera— han coincidido en una misma idea: la arquitectura se ha convertido en uno de los principales activos de proyección internacional de Barcelona, pero el reto es que estas iconos arquitectónicos y turísticos no sean solo una postal, sino una puerta de entrada para conseguir explicar toda la ciudad. Una reflexión que toma aún más fuerza este 2026, cuando Barcelona pone la arquitectura en el centro de su relato como Capital Mundial de la Arquitectura.

La Sagrada Família i la figura de Gaudí dibuixada amb drons.
La Sagrada Familia y la figura de Gaudí dibujada con drones. © Basílica de la Sagrada Familia

"La fotografía del espectáculo de drones transmite belleza", ha señalado Xavier Purcallà, director de Comunicación, Marca y Relaciones Institucionales de la Basílica de la Sagrada Familia. Pero, según él, esta imagen es solo una primera capa de un relato mucho más amplio. “La fotografía ha recorrido el mundo, pero no nos podemos quedar con una imagen bonita: tenemos que ser capaces de explicar que hay mucho más. Explicar, por ejemplo, por qué Gaudí proyectó una torre de cuatro brazos que abraza la ciudad o por qué esta mide 172,5 metros —sin superar la altura de Montjuïc—”, ha añadido.

Detrás de la nueva torre de Jesús, ha recordado Purcallà, no hay solo una imagen espectacular, sino todo un universo de simbolismo, espiritualidad y decisiones arquitectónicas. “No es una foto bonita porque sí”. En esta misma línea, Esther Grávalos, directora de Comunicación y Public Affairs de Barcelona Global, considera que acontecimientos como la visita del Papa o la Capitalidad Mundial de la Arquitectura son oportunidades para “enseñar no solo edificios emblemáticos y bellos, sino también para explicar al mundo —y a los propios barceloneses— qué modelo de ciudad estamos construyendo”.

La jornada
La jornada Espacios que comunican: arquitectura, narrativa y reputación de Barcelona. © Àngel Bravo

Cuando la arquitectura deja de ser solo arquitectura

Hace décadas que Barcelona utiliza la arquitectura como una de sus principales cartas de presentación al mundo. Pero esta proyección no es solo una cuestión de imagen: también se ha convertido en una parte del relato que la ciudad construye sobre sí misma. Como ha remarcado Paula Zapata, vocal de la junta directiva de Dircom Catalunya y moderadora de la sesión, Barcelona vive “un gran momento de proyección internacional”, y este éxito se explica, en parte, a través de la arquitectura, que se ha convertido en “un activo reputacional imprescindible”. 

Además, “en un contexto en que las ciudades compiten por atraer talento, inversiones o centros de investigación, Barcelona dispone de una ventaja difícilmente replicable: una arquitectura y un relato urbano que no solo se pueden admirar, sino también vivir y tocar”, ha remarcado Grávalos.

Esther Grávalos, de Barcelona Global; i Xavier Purcallà, de la Basílica de la Sagrada Família.
Esther Grávalos (Barcelona Global) y Xavier Purcallà (Basílica de la Sagrada Familia). © Àngel Bravo

Pero esta arquitectura no solo proyecta la ciudad hacia afuera. También construye una mirada hacia adentro y refuerza el sentimiento de pertenencia. Ana María Alvarez, arquitecta, directora de comunicación de 48h Open House Barcelona y colaboradora de The New Barcelona Post, ha recordado que la arquitectura no son solo las grandes iconos urbanas, sino también los espacios cotidianos que forman parte de la vida de las personas. "Desde que abrimos los ojos hasta que nos vamos a dormir, todo está diseñado desde un punto de vista arquitectónico". 

Cuando la ciudadanía reconoce estos espacios, entiende su valor y los siente como propios, ha añadido, es cuando “la arquitectura se convierte en identidad”. De hecho, parte de la fuerza de estos espacios es precisamente su capacidad de emocionar, una dimensión que también quedó reflejada en el acto de la Sagrada Familia.

Sin embargo, a pesar del potencial de la arquitectura para proyectar la ciudad —hacia afuera y hacia adentro—, Barcelona no se puede reducir a una sola fotografía ni a un único instante. Ana María Álvarez ha recordado que durante muchos años la ciudad “se ha explicado a través de Gaudí, del diseño o de la transformación olímpica”. Pero estas imágenes, ha advertido, solo son una parte de la complejidad de Barcelona. “La ciudad es mucho más que eso: también se tiene que explicar como una ciudad viva e innovadora”.

Ana María Álvarez (48 h Open House) i Ana Lorente (Fundació Catalunya-La Pedrera). © Àngel Bravo
Ana María Álvarez (48 h Open House) y Ana Lorente (Fundació Catalunya-La Pedrera). © Àngel Bravo

De la postal al relato

La capital catalana, por lo tanto, aunque se proyecte a través de fotografías virales, no se puede reducir a una sola imagen o unos pocos edificios. Los iconos arquitectónicos, ha añadido Álvarez, “pueden ser la puerta de entrada a la ciudad, pero tienen que servir para explicar un relato mucho más amplio”.

El Park Güell, espacio que los asistentes han visitado después de la mesa redonda, ilustra bien esta idea. Millones de personas visitan cada año el dragón, la plaza central o los famosos bancos ondulados. Pero detrás de las fotografías hay una historia mucho más rica. Quizás algunos barceloneses conocen el fracaso inmobiliario que dio origen al parque. Eusebi Güell había imaginado una urbanización para familias acomodadas en las afueras de Barcelona, con unas sesenta parcelas rodeadas de naturaleza. El proyecto, sin embargo, no prosperó. El precio elevado, la falta de buenas conexiones y la atracción que ejercía el Eixample sobre las clases acomodadas actuaron como impedimentos.

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La jornada ha culminado con una visita guiada al Park Güell. © Àngel Bravo

Pero hay muchas otras capas menos conocidas. El sistema de drenaje del agua integrado en toda la estructura, los bancos concebidos ergonómicamente para que las personas pudieran conversar mirándose a los ojos o el trencadís de los bancos como una forma innovadora de reutilización de materiales, donde incluso se pueden encontrar algunos de los materiales que pertenecían a la fachada de la Casa Batlló. Elementos que a menudo pasan desapercibidos detrás de la postal turística.

Purcallà ha reflejado esta complejidad en una metáfora: una cebolla con diversas capas. "La Sagrada Familia es como una cebolla, con diferentes capas". Es arte y es arquitectura, pero también es un templo religioso, obra social e incluso innovación y tecnología —ya que se están empleando las técnicas más avanzadas para construirla—. "La complejidad de la ciudad, igual que la de la Sagrada Familia, es explicar todas estas capas”. 

El reto es compartido por muchas instituciones. Ana Lorente, directora de comunicación de la Fundació Catalunya-La Pedrera, ha explicado que La Pedrera es mucho más que un edificio emblemático de Gaudí. "El reto es salir del edificio singular y explicar el resto". Es decir, explicar que detrás de las colas de turistas hay una fundación que reinvierte los beneficios de las entradas en proyectos sociales, educativos o ambientales. "Deberíamos ser capaces de que la ciudadanía entendiera que la visita a La Pedrera repercute positivamente en la ciudad y el territorio".

Una reflexión que también ha compartido Albert Ortas, director corporativo de Comunicación y Relaciones Institucionales de BSM, que ha recordado la diversidad de servicios que gestiona la empresa municipal. Desde la Anilla Olímpica hasta el Tibidabo, pasando por los puntos de recarga o la Estación del Norte. Realidades muy diferentes que también forman parte del relato urbano de Barcelona.

Albert Ortas (BSM), Xavier Purcallà (Basílica de la Sagrada Família) i Eshter Grávalos (Barcelona Global). © Àngel Bravo
Albert Ortas (BSM), Xavier Purcallà (Basílica de la Sagrada Família) y Eshter Grávalos (Barcelona Global). © Àngel Bravo

El reto: explicarse mejor a los barceloneses

Pero, más allá de explicarse de puertas afuera, la ciudad todavía tiene otro reto pendiente: explicarse mejor a sí misma. “La gente de la ciudad debe entender qué representan estos edificios y por qué es importante tenerlos”, ha defendido Lorente. Y esto implica explicar, por ejemplo, que las largas colas de turistas delante de La Pedrera tienen un impacto positivo sobre la ciudad y el territorio, que gestionar el turismo también significa buscar un equilibrio entre el acceso a los monumentos y la vida de los barrios. El caso del Park Güell lo ejemplifica: el recinto ha pasado de recibir 10 millones de visitantes anuales a 4,5 millones con el objetivo de preservar la convivencia con los vecinos.

Pero si estas instituciones ya tienen dificultades para llegar al público general —Purcallà ha recordado que una parte de los barceloneses no ha entrado nunca en la Sagrada Familia—, el reto es aún mayor con las generaciones más jóvenes. La solución, según los ponentes, pasa por dominar los nuevos canales y formatos, y saber conectar en nuevos espacios como TikTok.

Carme Lanuza, directora del Park Güell. © Àngel Bravo
Carme Lanuza, directora del Park Güell. © Àngel Bravo

Durante toda la sesión, sin embargo, ha habido una idea que se ha ido repitiendo: el papel imprescindible de los directores de comunicación para afrontar estas oportunidades y retos. La directora del Park Güell, Carme Lanuza, ha recuperado una frase de Gaudí para resumir esta responsabilidad: “La belleza es el resplandor de la verdad”. Para ella, comunicar implica rigor, autenticidad y capacidad de generar confianza. 

Para Ortas, además, la comunicación también debe conseguir ir más allá de la información: “Tenemos que ser constructores de orgullo”. En un contexto en el que a menudo predominan las miradas críticas sobre la ciudad, considera que las instituciones tienen la responsabilidad de poner en valor los activos de Barcelona: desde la Sagrada Familia hasta la Anilla Olímpica, que permite acoger eventos de primer nivel.

Son todas estas miradas, retos y oportunidades los que se esconden detrás de la fotografía que ha cautivado el mundo. Porque detrás de la postal del Papa hay una ciudad que busca el equilibrio entre proyección internacional y orgullo local. Y una arquitectura que, más que decorar Barcelona, se ha convertido en una de sus formas más potentes de explicarse.

La jornada
La jornada Espacios que comunican: arquitectura, narrativa y reputación de Barcelona. © Àngel Bravo

Sobre el autor

Ainara Valadez
Ainara Valadez Medina

Redactora en The New Barcelona Post

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