La Sagrada Familia: de la Gloria a la originalidad del origen

Xavier Martínez y Jordi Faulí en Moments Estel·lars por Marc Llibre
Xavier Martínez y Jordi Faulí en Moments Estel·lars por Marc Llibre

La nueva sesión del ciclo Moments Estel·lars mira al futuro de la basílica a través de su director general, Xavier Martínez, y de su arquitecto director, Jordi Faulí, en un año histórico para el templo y la ciudad

(Redactora)
14 de abril de 2026

La Sagrada Familia no empezó a levantarse en Barcelona; emergió en Sant Martí. Entre descampados de tierra, empezaron a colocarse las primeras piedras de la que tenía que ser una iglesia dedicada a la Sagrada Familia, proyectada por el arquitecto diocesano Francisco de Paula del Villar. Pero las desavenencias por los precios de los materiales desembocaron en su destitución, y fue ahí cuando se apostó por un nuevo arquitecto: Antoni Gaudí. “La complejidad de la Sagrada Familia ha ido creciendo desde su fundación”, ha ilustrado el director general de la basílica, Xavier Martínez, en una nueva sesión del ciclo Moments Estel·lars, junto al arquitecto director, Jordi Faulí.

Y es que, desde la primera piedra colocada en marzo de 1882, la Sagrada Familia no ha hecho más que crecer, en dimensión y en complejidad constructiva y de gestión, hasta coronar su cumbre con la Torre de Jesús. Pero llegar a lo más alto no significa, ni de lejos, el fin de la construcción. Todavía queda la fachada de la Glòria, la que será la principal del templo. “Su magnitud y el esfuerzo constructivo es más grande que el de las torres”, ha destacado Martínez en la sesión, organizada por The New Barcelona Post con la colaboración de Casa Cupra Raval, Must Media Group y Barcelona Global, para abordar un momento histórico de la basílica, marcado por el Any Gaudí, la Torre de Jesús y la visita del Papa en junio.

“Las piezas de piedra que tienen las torres son 20.000. Para la fachada de la Glòria, serán 100.000. Cinco veces más”, ha enfatizado Martínez en el debate, moderado por el profesor de la UPF-BSM y periodista Toni Aira. Además, la fachada proyectada por Gaudí incluye otro elemento: la escalinata para salvar el desnivel de cinco metros de la calle Mallorca respecto a la de Provença, donde ahora se ubican edificios de viviendas: “Estamos en contacto con el Ayuntamiento, para ver qué forma es la más idónea para que ganen los vecinos, gane la ciudad y gane la Sagrada Familia”.

Gaudí, arquitecto del futuro

Y es que, pese a nacer entre descampados, “la Sagrada Familia ha ido creciendo con la ciudad, y se ha ido integrando en el núcleo urbano”. Por este motivo, la basílica se ha tenido que ir adaptando a su entorno transformado, con medidas como el traslado de gran parte de los trabajos constructivos.

“La Sagrada Familia no se construye en la calle Mallorca; se construye en dos fábricas externas, y en la Sagrada Familia lo que hacemos es ensamblar las piezas”. Son técnicas muy distintas a las que empezaron a erigir el templo, que ha visto evolucionar tanto la ciudad como las técnicas y las tendencias artísticas. Desde el inicio, sin embargo, Gaudí ya previó que los cambios llegarían, aunque no sabía ni cuándo ni en qué forma: “Construyó para el futuro”, ha subrayado Faulí.

El patronato ya dispone de las propuestas solicitadas a los artistas Miquel Barceló, Cristina Iglesias y Javier Marín, y ahora deliberará sobre cuál vestirá la fachada de la Glòria
Tanto es así que Gaudí “deseaba que la Sagrada Familia se incardinara en cada momento histórico”. La gente que construiría el templo, los artistas, las técnicas, la tecnología, irían evolucionando, y la basílica debía hacerlo también en consonancia con el momento, como ha defendido Faulí. Esa filosofía también quedará plasmada en la fachada de la Glòria: explicará los conceptos del cielo y el infierno, y “todo lo que la Iglesia y Cristo proponen para llegar a la Glòria”, como ya planteó Gaudí “de una forma muy pedagógica y muy clara”. Pero, “aunque el contenido será ese, la aportación contemporánea estará en la expresión artística”, que debe ser la correspondiente a este momento histórico”, ha defendido Faulí.

De hecho, la Junta Constructora ya está avanzando en la definición de esta expresión artística. Un año después de que el patronato pidiera a los artistas Miquel Barceló, Cristina Iglesias y Javier Marín que crearan propuestas artísticas para la fachada, las tres propuestas ya se han entregado. “Ahora, el patronato deliberará. En estos momentos, hay mucho trabajo”. ¿Cuándo se desvelará la decisión? “No hay fecha”, ha señalado Martínez. El proyecto básico de la fachada, sin embargo, ya ha tomado forma, como ha detallado Faulí.

¿Y después de la construcción?

Así, el templo sigue avanzando en su construcción, con ese deseo de verlo culminado en diez años. Pese a este avance, “la Sagrada Familia es un proyecto atemporal”, según Faulí, que considera que, una vez se vayan terminando las principales partes constructivas, “se podrá entender mejor cómo Gaudí imaginó el proyecto”. ¿Y qué ocurrirá cuando se terminen esta construcción? Seguirá habiendo trabajos por hacer, y la Sagrada Familia prevé reforzar un ámbito por el que ya apuesta desde hace años: la acción social. Desde 2023, ha financiado a más de 300 proyectos sociales con un total de más de 11 millones de euros.

“Estamos pasando de una obra constructiva a una obra social. Cuando se vayan restando recursos para la construcción, irán al fondo de acción social, dirigido a los colectivos más vulnerables”, ha avanzado Martínez. Y es que la Sagrada Familia es mucho más que su construcción. “La Sagrada Familia es una síntesis de arquitectura, simbolismo y arte”, ha proclamado Faulí. Siempre, siguiendo los principios de Gaudí, y la máxima del arquitecto que ha recordado Martínez: “La originalidad es volver al origen”.

Y ese origen, para la Sagrada Familia, es la de un templo expiatorio con el que ha construido “un modelo único en el mundo” no sólo en arquitectura, sino también en gestión y financiación. Esa concepción de la basílica como templo expiatorio implicó que su construcción avanzara a base de donaciones durante todo el siglo XX, lo que “condicionó el ritmo de la construcción” por la falta de recursos suficientes. Todo cambió cuando en 1992 las fotos desde la Piscina Municipal de Montjuïc hicieron que el mundo se preguntara por aquel peculiar edificio que se veía en obras en plena ciudad. Los turistas empezaron a llegar a la Sagrada Familia, y se multiplicaron con la visita del Papa Benedicto XVI en 2010, hasta los 4,8 millones de personas que visitan anualmente el templo.

“La llegada del turismo fue un punto de inflexión. La entrada que paga el visitante es una aportación a la construcción de la Sagrada Familia. Es un modelo único en el mundo, y nos ha permitido cambiar de velocidad”, ha explicado Martínez. Así, el ritmo de la construcción ha aumentado a base de visitantes, tras décadas en las que las obras siguieron el ritmo de las donaciones. “Somos la quinta generación que estamos construyendo la Sagrada Familia, y tenemos muchos recursos que nuestros predecesores no tuvieron. Gracias al turismo podemos financiar de forma estable la construcción. Y pensar ya en la finalización”.

Esta vertiente turística añade complejidad a la basílica, cuya gestión oscila entre tres esferas: la construcción, el culto y los visitantes. En este punto, el templo se acerca a los barceloneses con jornadas de puertas abiertas y actividades. “Hace 15 años, la percepción era que nos dirigíamos más al turista que al local. Hemos hecho muchos esfuerzos para revertirlo”, ha destacado Martínez. A preguntas del público sobre la posibilidad de que los barceloneses tengan entradas gratuita, el director general de la basílica ha reafirmado su apuesta por las jornadas de puertas abiertas, que se ofrecen por la Mercè y por Santa Eulàlia con 15.000 entradas cada una. Los inscritos siempre desbordan la cifra: “Hemos comprobado el interés creciente de la ciudadanía, que quiere participar de la Sagrada Familia, y cada vez participa más”.

“El interés por la Sagrada Familia nos llena de orgullo, porque significa que estamos conectando”. Y más aún en un año histórico, con la Torre de Jesús en lo más alto y con la visita del Papa León XIV prevista para junio. “Es un reconocimiento, un regalo”, ha ensalzado Martínez. Es la “guinda” para un momento histórico, para una basílica que mira al futuro a través de la fachada de la Glòria, y siempre con la originalidad del origen como faro.

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Anna Badia López
Anna Badia López

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