“Siempre he pensado —dijo una vez Julio Cortázar— que la literatura no nació para dar respuestas, una tarea que corresponde específicamente a la ciencia y a la filosofía, sino más bien para hacer preguntas, para inquietar, para abrir la inteligencia y la sensibilidad a nuevas perspectivas de lo real”. Y es precisamente esta capacidad de interpelar, de sacudirnos y de mirar el mundo desde perspectivas inesperadas lo que explica por qué —a pesar de pantallas, algoritmos y ladrones de tiempo infinitos— la literatura sigue viva y, sobre todo, sigue transformándose con nuevos formatos, nuevos lectores y nuevas tecnologías que redefinirán cómo escribimos, qué leemos e incluso qué consideramos literatura.
El futuro del libro no es una certeza cerrada, sino una pregunta abierta en la que estas 9 claves pueden acercarnos a la respuesta:
1. El futuro es de quien lee
En un mundo digital e hiperconectado en el que algunos auguraron el fin del libro físico, la realidad es que los hábitos de lectura están creciendo, y la facturación del libro no ha dejado de incrementarse desde 2013. En 2024, la industria alcanzó los 3.037,51 millones de euros, un 6,3% más que el año anterior, según cifras de la Federación de Gremios de Editores de España. Y el incremento no proviene del encarecimiento del libro —el precio medio solo subió cuatro céntimos—, sino del volumen de ejemplares vendidos (+5,6%).Y eso es porque cada vez más lectores se suman al hábito de leer habitualmente: el porcentaje de lectores mayores de 14 años crece año tras año —hoy ya es del 70,3%— y la franja que más lee es la de 14 a 24 años (75,5%), hecho que desmiente el tópico de que los jóvenes no leen. Es un público, además, que no solo lee, sino que prescribe, recomienda y viraliza la lectura, haciendo que algunos títulos pasen del anonimato al fenómeno global en cuestión de días.
En un momento en que los índices de comprensión lectora de los jóvenes españoles se sitúan por debajo de la media europea según el último informe PISA y en que las redes sociales imponen el scrolling infinito y el contenido rápido, muchos han caído en la trampa de pensar que los jóvenes no leen. Pero los números dicen justamente lo contrario y, además, sitúan a los catalanes muy por encima de la media europea.
¿Y qué leen? Géneros que a menudo esquivan los circuitos tradicionales, como el young adult —de temáticas adolescentes—, el romantasy —que combina romance y fantasía—, el manga, los cómics y la novela ilustrada. Según el Informe de Hábitos de Lectura y Compra de Libros, un 37,5% de los jóvenes entre 14 y 24 años ha leído al menos un cómic en el último trimestre.
Por cierto, curiosamente, en el ranking de las generaciones más lectoras, les siguen los adultos entre 55 y 64 (leen el 73%). Y los que menos leen son, justamente, quienes están en medio: los adultos entre 25 y 44 años, que no superan el 68%.
2. La literatura traspasa las letras: nuevos formatos de consumo
La lectura ya no se limita al papel. Audiolibros, ebooks y pódcasts narrativos abren ventanas de acceso que se adaptan a los nuevos ritmos de vida. Aunque el ebook representa solo el 5% de la facturación —y los audiolibros crecen lentamente—, lo que sí ha cambiado es la percepción del lector: hoy, el formato digital no compite, sino que convive con el físico. De hecho, según el Informe de Hábitos de Lectura y Compra de Libros, un 28,3% de la población combina la lectura en formatos digitales y en papel.
Ahora bien, el físico sigue manteniendo su reinado: en Penguin Random House, según nos explicaba su CEO Núria Cabutí este martes, el libro físico representa el 90% de las ventas. Y no está de capa caída: es el formato que más crece en la editorial.
3. La tecnología que escribe con nosotros
La escritura asistida por inteligencia artificial ha entrado en la escena literaria, y ha generado entusiasmo e inquietudes a partes iguales. Algunos autores la utilizan como herramienta de brainstorming, otros como apoyo estilístico, y unos cuantos recelan por miedo a perder la propia voz. Ahora bien, cada vez son más los que abiertamente —y no tan abiertamente— publican libros que han sido íntegramente escritos a cuatro manos, con la inteligencia artificial. De hecho, la proliferación de obras escritas parcial o completamente con IA ha obligado a plataformas como Amazon a limitar a tres libros por autor y día la publicación para evitar una avalancha incontrolable de contenidos.
Y no es de extrañar: hay un “escritor” estadounidense, Tim Boucher, que ya ha publicado más de 120 libros con la ayuda de la inteligencia artificial. Y pese a la avalancha de críticas que recibe continuamente en las redes, los números le salen: dedica 8 horas a cada libro y los vende por 5 dólares.
Esta nueva herramienta, que ha alterado desde el proceso de escritura hasta la traducción, el diseño de portadas o las ilustraciones de los libros, es ya una realidad adoptada en el sector editorial: el 61% de los escritores ya utiliza herramientas de IA y los escritores que la integran generan un 64% más de ingresos, según un estudio de Gotham Ghostwriters.
El cambio ya está en marcha, pero como apunta el consultor experto en cultura digital Genís Roca, de momento estamos en “una primera fase de exploración, después vendrán los casos de uso y finalmente llegará el cambio real: el nuevo sistema”, como muy pronto, dentro de tres o cuatro años.
4. La autoedición y las plataformas digitales: nuevo paradigma para el poder editorial
El mapa editorial se ha vuelto más poroso y competitivo gracias a plataformas como Amazon KDP o Wattpad, que han cambiado las reglas del juego permitiendo la autoedición y autopublicación en el entorno digital. Y aunque es cierto que las editoriales siguen siendo esenciales, estas nuevas herramientas han permitido que la editorial tradicional no sea la única vía de acceso al mercado. De hecho, muchos escritores que hoy mueven masas empezaron al margen de la industria editorial, como las estadounidenses Sarah J. Maas (Una corte de rosas y espinas) o Rebecca Yarros (Alas de sangre), que empezaron autopublicándose.
Esta transformación no solo ha dado nuevas herramientas a autores para lograr la meta de la publicación, sino que también transforma la profesión del editor: tanto de las editoriales independientes como de las más grandes. El editor y diseñador Agustí Estruga nos explicaba esta semana —a través de Carme Escales— los retos que presenta “este doble aspecto entre tradición e innovación”, animando a los editores a “estar pendientes de las innovaciones, pero sin perder nunca la tradición que acompaña al oficio”.
5. El comercio en línea y las librerías: hay espacio para ambos
La logística es hoy un factor estratégico para un cliente —el lector— que exige inmediatez. Grupos como Penguin Random House han invertido este año cantidades millonarias —como en su nuevo centro de Cerdanyola, de 42.000 m² y equipado con robótica— para acortar los tiempos de distribución en un mercado acostumbrado a plazos de entrega que no superan las 24 horas. Pero la estrategia no es nueva: Planeta participa mayoritariamente en Logista —la mayor distribuidora de España— y es propietaria de la cadena La Casa del Libro. Y el grupo Anaya, tercero en el ranking editorial, también cuenta con un gran centro logístico en Getafe, desde donde gestiona más de 30.000 referencias.
Las grandes editoriales muestran una clara estrategia para abarcar el máximo de eslabones de la cadena de valor del libro. Y la distribución no es el único camino para llegar a la meta. De hecho, las librerías siguen siendo el principal canal de venta, y crecieron un 8% en facturación en 2024. Como explica Jordi Ferrer, director de 9 Grup Editorial, “cuando queremos algo, lo queremos ya, pero el librero mantiene una virtud insustituible: sabe escuchar al lector y recomendar con conocimiento”.
6. Las redes sociales y los booktokers
Las redes sociales —a pesar de todos los pronósticos fatales— han creado un nuevo espacio de prescripción para el mundo de la literatura. En TikTok, por ejemplo, los booktokers recomiendan con espontaneidad, emoción y ritmo, y han conseguido transformar el acto de leer en una experiencia e identidad compartida. Muchos títulos que hace unos años habrían pasado desapercibidos son hoy éxitos gracias a esta viralidad. Y no es una exageración: una publicación de la booktoker Shula Li, de Barcelona, puede llegar a tener 200.000 visualizaciones y más de 20.000 “me gusta”. ¿En cuántas compras puede traducirse una recomendación suya?
Según Núria Cabutí, CEO de Penguin Random House, “las redes no son un enemigo, sino un altavoz que amplifica las comunidades lectoras y favorece el fenómeno fan”. Y así, la recomendación literaria ya no es vertical, sino horizontal y emocional.
7. Derechos de autor en tiempos digitales
La IA y la digitalización han puesto presión sobre el marco legal que debe acompañar la literatura en el entorno digital, con el fin de preservar la propiedad intelectual. Principalmente, plantea dos grandes retos: quién es el autor cuando una máquina participa en el proceso, y cómo debe remunerarse el contenido que se utiliza para entrenar modelos de lenguaje generativos.
Para Eva Güell, profesora del máster en Edición en la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) y la Universidad de Alcalá, “el respeto a la propiedad intelectual es irrenunciable porque es la materia prima del sector, y la legislación debe avanzar para garantizar que si la tecnología se nutre de los textos publicados, al menos lo haga reconociendo y retribuyendo a sus autores”, concluye.
Y en el mismo barco se encuentra Patrici Tixis, director de comunicación corporativa del Grupo Planeta y presidente del Gremi d’Editors de Catalunya, quien lanza un mensaje contundente a las grandes tecnológicas: “Si tienen dinero para invertir en desarrollar estas tecnologías, también deberían tener sensibilidad para reconocer y compensar a creadores y editoriales”.
8. El ecosistema de una ciudad literaria
Barcelona ha desembarcado en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL) esta semana en un momento simbólico: la ciudad es la invitada de la cita el mismo año que ha celebrado el décimo aniversario de su designación como Ciudad Literaria de la Unesco. Pero a pesar de la relevancia del evento, este privilegio no es la culminación de ningún camino: es un paso más para un sector consolidado que aspira a seguir creciendo tanto a escala local como internacional. Barcelona no es solo un escenario literario; es un agente activo, con un ecosistema que se ha construido a lo largo de más de un siglo de complicidades entre editores, autores y lectores, y que ahora incluye, además, una gran red de librerías, distribuidoras y eventos con una buena acogida por parte de los barceloneses. ¿O no es Sant Jordi una de las mejores jornadas de la ciudad, y de Catalunya?En este contexto, la ciudad se escribe desde perspectivas diversas, que han generado un imaginario literario en el que Barcelona actúa como escenario e incluso protagonista de innumerables relatos que recorren sus calles y dibujan historias de quienes las habitan desde hace décadas. Ale Samaniego lo expresaba en su artículo de este viernes: “Barcelona no solo se vive; Barcelona se lee”. Y, de hecho, nos ha hecho unas cuantas recomendaciones de libros que llevan Barcelona muy dentro. Algunos de manera explícita y otros, “como un latido subterráneo”.
Mantener vivo este latido, este escenario de fondo, esta fertilidad creativa y esta complicidad requerirá cuidar a todos los actores que hoy forman parte de este rico ecosistema: autores, editores, distribuidoras, librerías y lectores.
9. El futuro también es de quien lo escribe
Quizás la respuesta es que la literatura —como siempre— pertenece a todos. A quien la crea, a quien la difunde y a quien la lee. Pero si no se escribe, no existe. El futuro de la literatura es de los autores de bestsellers que recorren el mundo —como Ildefonso Falcones, que ya lleva 11 millones de ejemplares vendidos este año con En el amor y en la guerra— y también de los perfiles más jóvenes, como la escritora y poeta barcelonesa Júlia Peró (1995), que el año pasado se ganó el corazón de muchos lectores con Olor a formiga. Es de todos los que han conformado nuestra cultura a lo largo de la historia, de las voces contemporáneas —mejor no empezar a enumerarlas porque cualquier lista sería injusta— y de aquellos que aún guardan un borrador en una carpeta oculta del ordenador o una idea desordenada entre libretas.
Porque, para ser escrita, la literatura primero debe imaginarse. Y luego, dejarse arrastrar: “Yo me rindo antes de escribir, y la historia me arrastra”, nos ha confesado Eva Baltasar.
