¿Qué pasaría si una mañana decidieras cambiar el rumbo de tu día? Si, por una vez, dejaras de lado todos los planes que has ido elaborando en tu cabeza con milimétrica perfección. Si te propusieras huir de la hiperconectividad, de las prisas y de las tareas, y simplemente te decidieras a dar un paseo por Barcelona. Un paseo para acallar el ruido y conectar con el presente. Así transcurre Hoy, la novela ilustrada de Agustina Guerrero —autora argentina afincada en Barcelona desde 2003— que ya ha conquistado a más de 200.000 lectores. Guerrero convierte un simple trayecto por la ciudad en una celebración de la vida, reivindicando el arte de detenerse y sumando una obra más a la larga lista de éxitos literarios nacidos en Barcelona.
Barcelona estos días realza su relato como polo artístico, cuna de grandes escritores y sellos editoriales, y motor de una industria del libro que proyecta su influencia al mundo. Esta semana es la ciudad invitada de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL), en México, una cita que coincide con el décimo aniversario de su designación como Ciudad Literaria de la Unesco. Hitos que, junto con un ecosistema literario vivo y dinámico, consolidan Barcelona como el principal epicentro editorial del sur de Europa y un referente con proyección internacional.
Catalunya, de hecho, concentra un tercio de las editoriales de España y supera la media europea de sellos por población. Según la Federación de Gremios de Editores de España, un 31% del tejido editorial del Estado se ubica en Catalunya: 268 sellos de un total de 860. Solo Madrid la supera, con un 38%.
“La industria editorial catalana vive un momento muy dulce y muestra un gran dinamismo”, reflexiona Patrici Tixis, director de comunicación corporativa del Grupo Planeta, y presidente del Gremi d'Editors de Catalunya. En los últimos 4-5 años, recuerda, el número de editoriales ha crecido un 20%, una muestra de que estamos “en un momento en el que la industria editorial ve muy claro el futuro”, impulsado especialmente por dos géneros: “la literatura de ficción y la juvenil”. Núria Cabutí, CEO de Penguin Random House, destaca el romantasy, el nuevo género que está triunfando entre los jóvenes, gracias al altavoz de las redes sociales.
Estos géneros alcanzan cuotas inéditas. “Hace diez años pensábamos que los jóvenes no leían, pero las encuestas dicen lo contrario. Están leyendo diez puntos por encima de la media del sector”, apunta Tixis.
Los datos lo corroboran: el porcentaje de lectores mayores de 14 años crece año tras año —hoy ya es del 70,3%— y la franja que más lee es la de 14 a 24 años (75,5%), seguida de la de adultos de 55 a 64 (73%). Los que menos leen son los adultos de entre 25 y 44 años, que no superan el 68%.
En términos de facturación, el crecimiento es sostenido desde 2013. En 2024, el sector alcanzó los 3.037,51 millones de euros, un 6,3% más que el año anterior. Y en el sector destacan dos principales gigantes: Penguin Random House, que facturó 410 millones en 2024, y Grupo Planeta, que facturó unos 500 millones en su negocio editorial (y 2.000 millones en total como grupo).
La Federación de Gremios también señala que este aumento generalizado en el sector no responde a un encarecimiento del libro —el precio medio subió solo cuatro céntimos en 2024— sino al aumento de ejemplares vendidos: un 5,6% respecto a 2023.
"Las librerías continúan siendo el principal canal de venta, y son el que más crece, con un 8%"
De la edición a la distribución
Tras la irrupción del e-commerce y la disrupción que supuso Amazon, las grandes editoriales han acelerado sus estrategias por controlar cada vez más eslabones de la cadena de valor. La distribución se ha convertido en una clave estratégica. Un ejemplo cercano y reciente es el nuevo centro logístico de Penguin Random House en Cerdanyola del Vallès: 42.000 m², tecnología puntera, robótica y una inversión de 36 millones. Desde allí centralizarán todas sus operaciones en el territorio y darán servicio de distribución también a terceros.
No es un movimiento aislado. Planeta participa mayoritariamente en Logista —la mayor distribuidora de España— y es propietaria de la cadena La Casa del Libro. Y el grupo Anaya, tercero en el ranking editorial, cuenta con un gran centro logístico en Getafe, desde donde gestiona más de 30.000 referencias.
Aun así, fijarse únicamente en estos gigantes distorsiona la foto real del sector. La mayoría de las editoriales en Catalunya (156 de 268) son pequeñas empresas que no superan los 600.000 euros de facturación anual.
En esta cadena de valor, las librerías continúan siendo el principal canal de venta. Y no solo resisten: son el que más crece, con un 8% más de facturación en 2024.
Objetivo 2030: “Más lectores, más habituales y en catalán”
Ilya Pérdigo, presidente de la Associació d'Editors en Llengua Catalana y fundador de la Editorial Clandestina, celebra también el buen momento del libro en catalán. El 30% de los libros vendidos en Catalunya son en catalán, un porcentaje que ha crecido ligeramente en los últimos años gracias, según Pérdigo, a “la buena sintonía entre las administraciones y el sector del libro”.
Un ejemplo es el Pla Nacional del Llibre i la Lectura, que define la estrategia del sector entre 2023 y 2030. Sus objetivos son claros: más lectores, más habituales y más lectura en catalán. A través de este plan, de cara a 2030, la Generalitat se ha marcado tres principales metas: que el 76% de la población mayor de 14 años lea un libro al trimestre, que el 65% lo haga al menos una vez por semana, y que el 40% lea habitualmente en catalán. La clave para conseguirlas "es que se impliquen todas las partes", añade Pérdigo: Educación, Cultura, la indústria editorial en sí...
Y en el cajón de los retos y el futuro, Tixis añade un más: integrar adecuadamente “el papel de las nuevas tecnologías, especialmente la IA generativa”, en el mundo editorial. Denuncia que las grandes tecnológicas no están siendo transparentes ni respetan la propiedad intelectual de los autores cuyos textos utilizan para entrenar sus modelos. Contenido que, recuerda, “debería estar remunerado”. Y concluye: “Si tienen dinero para invertir en estas tecnologías, también deberían tener la sensibilidad de reconocer y compensar a creadores y editoriales”.
En un sector en plena transformación, Barcelona no solo reafirma su peso histórico, sino que dibuja un futuro donde conviven tradición, innovación y diversidad lingüística. Una industria que crece, se internacionaliza y reivindica, ahora más que nunca, el valor de leer y de crear, con Barcelona como escenario de fondo.