LA SEMANA DE LA LITERATURA

El artesano de libros

Agustí Estruga © Isabel Asensio
Agustí Estruga © Isabel Asensio

Escritores, editores, traductores o críticos literarios aparecen muy a menudo en los medios de comunicación, pero hay otros profesionales de los cuales no se habla tanto, y son clave para que un libro llegue a nuestras manos. Quienes hacen, literalmente, los libros, diseñando la portada, eligiendo la letra, organizando el texto en páginas maquetadas con un estilo concreto. Ese es el trabajo de Agustí Estruga.

02 de diciembre de 2025

Cuando Agustí Estruga era pequeño, su padre era el responsable de una imprenta en Barcelona y, a veces, se lo llevaba con él al trabajo. Un día, incluso, invitó a toda su clase. “Nos hizo una visita cultural por toda la imprenta”, explica. De aquel lugar, todavía hoy “recuerdo el ruido de las máquinas, el olor a tinta y los palés de madera sobre los cuales iban dejando las hojas impresas. Ibas caminando, y veías sábanas imprimidas”. 

Después, con la experiencia adquirida en aquella imprenta, el padre de Agustí creó una empresa de servicios editoriales que bautizó con el nombre de Coordinadora Gráfica Miquel Estruga, porque su dedicación era coordinar todos los pasos para hacer un libro. “Hacía libros de forma artesanal, porque todavía no había ordenadores. Utilizaba las tablas de luz, que era un elemento tecnológicamente muy avanzado en aquel momento, enganchaba las galeradas de texto, recortaba líneas de texto con el cúter y creaba títulos con Letraset (Letras transferibles para crear títulos de forma manual cuando no había ordenadores). Todo se hacía muy a mano”, remarca. 

Otros recuerdos de ese padre dedicado a los libros, ya los ubica en casa. “Una imagen que guardo de él es que leía mucho. Sentado en el sillón, lo veía siempre leyendo y, cuando eres jovencito, te llama la atención que tu padre pueda dedicar tantas horas a la lectura”. Pero, pensándolo ahora, Agustí saca alguna conclusión: “Veo que los cuatro hermanos somos muy lectores, y esto me hace pensar en aquello que oímos mucho decir, que la juventud de hoy no lee. Y es una lástima porque la lectura te puede crear momentos muy placenteros, pero no es cuestión de obligar a nadie a leer, sino más bien de ayudar a despertar ese placer por la lectura”.

Cuando el padre de Agustí trabajaba en algún libro algo más especial, lo traía a casa para enseñárnoslo. “Recuerdo el libro de un pintor iraní, escrito en francés y en árabe, encuadernado en tapa dura y forrado en cuero, y que se podía leer abriéndolo tanto por delante como por detrás. Así mi padre siempre nos transmitió que el libro puede ser un objeto especial”. Con aquel aprecio transmitido, aquel vínculo tan singular con el libro, Agustí ha hecho de este objeto un presente. “Yo muchas veces lo que regalo es un libro, siempre puedes encontrar uno que se ajuste a cada persona”.

Agustí estudió Periodismo. Primero, porque ---dice--- “de pequeño me leí varias veces todos los títulos de Tintín, y también porque quería dedicarme a algo que no fuera un trabajo rutinario. Pero, además, yo tenía atravesadas las ciencias. Me gustaban mucho más las asignaturas relacionadas con la literatura, y mientras mis compañeros ponían mala cara cuando teníamos que leer libros como El quadern gris, Don Quijote o El Lazarillo de Tormes, a mí me gustaba hacerlo”.

En la biblioteca de su padre, descubrió libros de autores como Dominique Lapierre y Larry Collins, en los cuales novelaban con textos de auténticas crónicas periodísticas el nacimiento del Estado de Israel en Oh, Jerusalén, o la independencia de la India a Esta noche la libertad.  “Estos libros también me acercaron a la carrera de periodismo, para explicar qué pasaba en el mundo. Y al final me decanté por estudiar una carrera relacionada con la escritura”. Disfrutó mucho de la carrera, “la volvería a hacer” ---afirma---. 

Agustí Estruga con sus hermanas, Gemma y Dolors, ahora a cargo del negocio familiar que fundó su padre hace más de cuatro décadas. © Raúl Vicente

Cuando estaba en el cuarto curso ---del entonces itinerario a la UAB de cinco años de Ciencias de la Información--- su padre murió. Una de sus tres hermanas ya había empezado a trabajar con él en la Coordinadora gráfica y otra estudiaba Artes Gráficas. “Pero éramos muy jóvenes y nos dimos cuenta de que no estábamos preparados para llevar la empresa. Y continuó solo una de las hermanas que ya trabajaba allí”. Agustí acabó la carrera y empezó a trabajar en una editorial de revistas técnicas. Le gustó mucho coordinar proyectos. Allí descubrió que “en el mundo de la edición tienes que dominar diferentes facetas: diseño y maquetación, encargar artículos, coordinar grupos, crear los contenidos, o validar los textos, y todo eso vi que me gustaba bastante”.

Y volvió a enfocar aquello que hacía su padre: “ofrecía servicios de artes gráficas para empresas, por ejemplo, empresas que impartían cursos y les tenías que hacer los libros. Entonces, buscabas a un ilustrador, a empresas que picaban el texto y montaban las galeradas. Después, todo pasaba a fotomecánica y se generaban los fotolitos. Y todo eso era lo que se tenía que coordinar, de ahí viene el nombre de la empresa”, explica. 

Agustí considera que "cualquier maquetación o diseño de libro que nos encargan, lo mimamos, respetamos y cuidamos". © Raúl Vicente

Con la idea de poder tomar las riendas del negocio familiar, Agustí hizo un posgrado de edición en la Universitat Pompeu Fabra y, en la segunda o tercera clase, el contenido de la materia le sedujo tanto que acabar haciendo libros se convirtió en su obsesión. “No quería tener una editorial, ni corregir los libros, yo quería darle forma al libro. Es un trabajo colectivo, pero tiene que haber alguien que lo controle todo.” Y todavía se enriqueció con más formación, esta vez, un posgrado que fue muy importante para él de Tipografía, en el centro de diseño y arte de Barcelona, la escuela Eina. “Si te quieres dedicar al diseño editorial, la tipografía es clave”, explica.

Y un buen día, con sus hermanas, Dolors y Gemma, decidió expandir el negocio y dirigirlo hacia el mundo editorial. Queríamos trabajar directamente con las editoriales, teniendo en cuenta que Barcelona es una de las grandes capitales de la edición. La informática había llegado, y en aquellos años, programas de edición como el QuarkXpress, el Freehand, o el Photoshop les podían ayudar mucho. “Tuvimos claro que nos formaríamos en todo, nos pondríamos al día para dominar bien los programas de edición y todas las herramientas que teníamos al alcance”, recuerda Agustí. Ahora ya sentían que eran más maduros y, sabiendo lo que querían, empezaron a llamar a las puertas de las editoriales. El camino y su constancia les ha llevado hasta hoy, que pueden decir que no solo han cogido las riendas del legado profesional de su padre, sino que hacen el trabajo que les gusta.

“Al principio no fue fácil, pero ahora, mirando atrás, veo todo el que hemos conseguido. Aquello que queríamos hacer, trabajar para editoriales, hacer libros, lo estamos haciendo. Y siempre digo que nosotros nos dedicamos a ello de manera muy vocacional. Cualquier maquetación o diseño de libro que nos encargan, lo mimamos. Unos necesitan más horas que otros, pero trabajamos en aquello que amamos, respetamos y cuidamos”. Sentir que las editoriales confían en la tarea que hacen les enorgullece y es un aliciente para continuar adelante.

La máquina de escribir de Miquel

Conversamos en el lugar habitual de trabajo de Agustí, mientras una figurita de Tintín nos vigila desde la estantería llena de libros. Bien cerca tenemos tres cosas importantísimas para Agustí: dos máquinas de escribir de su padre, una Olivetti y una Lexicon. Encima de estas dos reliquias, un poema venera el despacho, desde la pared. Es el Elogi del Viure, de Joan Maragall, que empieza con contundencia: “Ama tu oficio, tu vocación... Aquello que hagas, hazlo con devoción y valorando lo que haces...”. Las palabras del poeta están muy presentes y acompaña inconscientemente a los Estruga en su día a día. Son los versos que han guiado veinticinco años haciendo libros para editoriales del país ---cuarenta, contando desde que su padre fundó la empresa--- y, en los últimos años, acompañando también a escritores noveles a publicar sus obras a través de BubbleBooks, el sello editorial para la autoedición que crearon hace cinco años.
"Hoy en día hay mucha gente que escribe, hay muchos cursos y escuelas de escritura, quizás porque en el fondo escribir es terapéutico. Y entre quienes escriben, hay mucha gente que siente la necesidad de publica
“La autoedición, publicar fuera del circuito del mundo de la edición, se ha hecho siempre”, explica Agustí. “Estos años hemos publicado desde la tesis de un licenciado en pedagogía, u otras tesis que toman forma de libro; a poemas de escritores amateurs; o un cuento que un abuelo había escrito y dibujado para sus nietos... Pero sí que es cierto que con la digitalización y las nuevas tecnologías que han llegado, las artes gráficas han hecho evolucionar mucho el mundo de la publicación”.

Durante la pandemia de Covid, Agustí se encontró con un amigo corrector que le pidió que lo ayudara a publicar un texto que una editorial le había prometido convertir en libro, pero al final se desdijo. Él lo había intentado por su cuenta, subiéndolo a Amazon, pero se encontró con muchas limitaciones y les pidió maquetarlo, darle un formato más profesional. “Y decidimos crear una editorial para poner en marcha proyectos de autoedición”. Se llama Bubblebooks y con ella ahora miman manuscritos y asesoran a los autores que se estrenan.

Además de acompañar y coordinar el proceso de diseño y maquetación de libros y revistas, los tres hermanos también han fundado el sello editorial Bubblebooks, centrado en la autoedición. © Raúl Vicente

“Nosotros lo que recomendamos siempre es que aquel que escriba se centre en el texto, que lo disfrute, lo trabaje, lo pula y, después, ya encontraremos la manera de publicarlo. Porque hoy en día hay mucha gente que escribe, hay muchos cursos y escuelas de escritura, quizás porque en el fondo escribir es terapéutico. Y entre quienes escriben, hay mucha gente que siente la necesidad de publicar”. Agustí recuerda que, “si hace unos años querías publicar, era carísimo, porque la única opción era hacerlo imprimiendo el libro, y no existía la posibilidad de hacer tiradas cortas. Hoy en día, en cambio, con el print on demand (impresión a demanda), incluso puedes publicar un solo ejemplar del libro. Pero, además, con la edición digital del libro consigues subirlo a las principales plataformas como Amazon, FNAC, Apple Books, Casa del Libro o El Corte Inglés y, así, darle más difusión”.

Recomendaciones a los autores noveles

“Es complicado que una editorial publique aquello que alguien escribe porque semanalmente reciban muchos manuscritos, pero no se tiene que descartar. Hace falta, eso sí, elegir bien la editorial a quien se le envía, según la temática del libro”, aconseja Agustí. Otra opción que también recomienda es buscar entre los muchos premios que Ayuntamientos, Diputaciones y pequeñas asociaciones convocan cada año y mirar dónde puede encajar nuestra obra que, si gana, será publicada. Cuando se agotan todas las opciones, siempre queda la autoedición. “Ahora es mucho más económico y ha evolucionado tanto el mundo digital, que es muy fácil que un libro llegue a más gente”.
“Quizás quienes amamos tanto la lectura y los libros lo tenemos mitificado, pero el libro es un invento que apenas ha cambiado. Y mientras que hoy en día hay inventos más recientes como una casete o un CD que, por ejemplo, ya no se pueden utilizar si no conservas los aparatos antiguos, podemos continuar abriendo un libro impreso en el siglo XV”
A través de Grafime, que es el nombre con el que los tres hijos de Miquel rebautizaron la empresa (Gráfica Miquel Estruga), trabajan también los libros del sello de autoedición: dan un ISBN a cada obra y tratan el libro como si lo trabajaran para una editorial, diseñando los interiores y las cubiertas de forma profesional, porque, saben que a través de las redes y una buena página web se le puede dar mucha visibilidad. “Lo importante de un libro es que tenga difusión. Y, si el libro es bueno y destaca, puede ser que una gran editorial se acabe fijando en él, aunque con esto no queremos engañar a nadie. Podemos acabar haciendo un buen libro, pero de aquí a ganarse la vida escribiendo, eso es muy complicado”.

De hecho, tal como precisa, puedes encontrar libros muy interesantes que se han autoeditado y, de todos modos, él destaca por encima de todo la importancia de ese ejercicio de escribir un libro. Citando a Jorge Luis Borges, Agustí expone: "De todos los instrumentos del hombre, el más sorprendente es, sin duda, el libro. Los otros son extensiones de su cuerpo. El microscopio, el telescopio, son extensiones de su vista; el teléfono es una extensión de la voz; después tenemos el arado y la espada, extensiones de su brazo. Pero el libro es otra cosa: el libro es una extensión de la memoria y de la imaginación".

"El diseño debe estar supeditado a facilitar la lectura del libro, y esto no siempre se entiende así
Y Agustí añade: “Quizás quienes amamos tanto la lectura y los libros lo tenemos mitificado, pero el libro es un invento que apenas ha cambiado. Y mientras que hoy en día hay inventos más recientes como una casete o un CD que, por ejemplo, ya no se pueden utilizar si no conservas los aparatos antiguos, podemos continuar abriendo un libro impreso en el siglo XV”. 

Ahora bien, de cómo su padre hacía los libros, a cómo lo hacen sus descendientes, ha cambiado mucho. “Esto nos obliga a estar muy al día en la evolución de los programas de edición”, precisa Agustí. Aun así, él conserva todo el romanticismo de un oficio que tiene más de quinientos años de tradición. “Cuando maqueto un libro, utilizo un vocabulario que ya usaba Gutenberg: sangrías, el uso de la capitular, columnas de texto, colofón...” En definitiva, es un oficio que nos obliga a estar pendientes de las innovaciones, pero sin perder nunca la tradición que arrastra: “Hay un oficio detrás de este trabajo, un bagaje, pero el software que usamos evoluciona muy rápidamente. Por ello, no es suficiente solo conocer el oficio, el avance tecnológico nos obliga a ponernos al día en todo. Y esta doble vertiente entre tradición e innovación es todo un reto para nosotros”. 

Los tres hermanos consideran que su oficio les obliga a estar pendientes de las innovaciones, pero sin perder nunca la tradición que arrastra y que aprendieron de su padre. © Raúl Vicente

Olfato periodístico

En la coordinación de un libro, cuenta Agustí, “a menudo se necesitan perfiles de profesionales vinculados al mundo del periodismo y por eso en el sector editorial hay muchos compañeros que también vienen de las facultades de periodismo. Así como un periodista debe tener una gran capacidad de curiosidad cuando tiene que escribir sobre un tema, nosotros también nos tenemos que empapar de la temática que aborda el libro que te encargan diseñar; debes tener la capacidad para pulir los textos que se publicarán, u ordenar jerárquicamente esos textos dentro del libro para facilitar su lectura. Por eso hice el curso de diseño y tipografía, porque te ayuda a ordenar visualmente toda la información que se incluirá en el libro. El diseño debe estar supeditado a facilitar la lectura del libro, y esto no siempre se entiende así”. 

Dentro del mundo de la edición, a Agustí también le apasiona la parte de la tipografía. “Hay un texto clásico de una tipógrafa norteamericana, Beatrice Warde, escrito en 1939 titulado “La copa de vidrio”, que viene a decir que, del mismo modo que, cuando quieres probar un buen vino, necesitas una copa transparente para que nada te distraiga y te ayude a percibir todos los aromas y colores de aquel vino, en el diseño tipográfico tiene que ser igual: el mejor diseño tiene que utilizar una tipografía que no distraiga aquella página donde se maquetará el texto, todo lo contrario. Y para conseguir ese objetivo, debes tener buenos conocimientos de tipografía”.

Con la irrupción de las pantallas móviles, un gran tiempo de dedicación a la lectura, en el metro y en casa, cuando se apagaba el televisor, ha pasado a la historia. Cuántas horas ha robado el mundo moderno a esta relación tan íntima con una lectura, un libro en las manos. Cuando estudiaba en la UAB, una mañana, a las 9, Agustí entró en la hemeroteca de la facultad y encontró sobre una mesa el libro Todos los caminos llevan a Roma, de Gaziel. “Alguien lo había dejado allí encima y yo lo abrí, empecé a leerlo y se me hizo la hora de comer. Aquella mañana no asistí a ninguna clase”. No es extraño, pues, que hoy le cojan ganas de hacerle la ola a quien se pueda cruzar por la calle que vaya caminando y leyendo, o en el metro, camino hacia algún lugar. Es señal de que el libro engancha.

Por eso hay que continuar haciéndolos, con todo el mimo que aprendieron de su padre Dolors, Gemma y Agustí. “Yo creo que nuestro padre estaría sorprendido porque en aquel momento no parecía que quisiéramos continuar la empresa, y él en eso nos daba mucha libertad. Hoy podría estar orgulloso de que lo hayamos hecho tan familiar, donde cada uno de los tres hermanos que trabajamos en la empresa tiene su área. Llevar una empresa familiar no es sencillo, pero siempre intentamos priorizar el equipo que somos y el objetivo que tenemos, y gestionar con un tono positivo las diferencias de opinión que puedan surgir entre nosotros”. Y, fuera de horas de trabajo, añade Agustí, “cuando nos reunimos el fin de semana, intentamos no hablar de trabajo, aunque siempre acaba saliendo, porque lo vivimos de manera muy natural. Evidentemente, en nuestro trabajo diario también nos tenemos que enfrentar a presiones y otras dificultades, como la mayoría de pequeñas empresas, pero, aun así, no hemos perdido la ilusión por cada proyecto editorial que nos encargan”, concluye.

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Carme Escales
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