Los datos, de hecho, desmienten el tópico: las nuevas generaciones no solo no han dejado de leer, sino que leen más que las anteriores. En Catalunya, el porcentaje de lectores mayores de 14 años crece año tras año: un 73,9% de la población catalana ha leído al menos un libro por trimestre, según el informe de Hábitos de lectura y compra de libros; cuando hace menos de diez años, en 2016, esta cifra se situaba diez puntos por debajo (67,8%). Y el grupo que más lee es, precisamente, el de 14 a 24 años (76,1%), seguido de los adultos de 55 a 64 años (75,9%).
Esta tendencia sitúa a los jóvenes catalanes casi como una excepción europea. Mientras el mercado editorial pierde fuerza en países como Francia, Italia o Reino Unido, en España, Portugal y Latinoamérica la industria alcanza cifras récord tanto en número de lectores como en facturación. Solo en la primera mitad de 2025, el sector facturó 586 millones de euros en ventas, según GfK (NielsenIQ). Un fenómeno que, en el mercado editorial, ya se conoce como “la excepcionalidad ibérica”.
“En comparación con el resto de Europa, el caso de España y especialmente el de Catalunya es muy significativo”, reconoce Eva Güell, profesora de Edición en la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) y la Universidad de Alcalá, y consultora editorial especializada en estrategia digital. Pero, ¿qué explica esta excepcionalidad? Por un lado, “la buena salud de la red de bibliotecas públicas, pero también de librerías, que no solo no han desaparecido como se vaticinaba hace unos años, sino que se han reforzado como agentes esenciales para la promoción lectora”.Güell apunta, además, otro factor clave: la explosión de la literatura juvenil, impulsada especialmente por el género del romantasy (que combina fantasía y novela romántica) y el young adult, sobre todo entre las lectoras. De hecho, el género infantil y juvenil es el que más ha crecido en valor durante la primera mitad de 2025, con un incremento del 9,2%, según GfK.
La fantasía como refugio
Vampiros, dragones, brujas, reinos imaginarios… El romantasy combina la magia de la fantasía con la inocencia y la pasión del primer amor, generando historias adictivas que inundan las redes sociales, se agotan en las librerías y llenan festivales y ferias con colas interminables. Un fenómeno comercial del que los grandes grupos editoriales están sabiendo aprovecharse, y que, además, refleja una realidad más profunda: adolescentes y jóvenes reclamaban historias diferentes a las que el mercado tradicional les estaba ofreciendo.
Este fenómeno comenzó, de hecho, al margen de la industria editorial —pero ahora ha sido absorbido y potenciado por el sector—. Muchas de las autoras que hoy mueven masas, como las estadounidenses Sarah J. Maas (Una corte de rosas y espinas) o Rebecca Yarros (Alas de sangre), empezaron autopublicándose. Algunas, además, se dieron a conocer a través de plataformas como Wattpad, donde destacan sobre todo la ciencia ficción, las historias románticas e incluso los fanfics (textos generados por los fans de un producto cultural, como una serie).
Ampliar la mirada, romper prejuicios
“Solemos tener una visión muy reduccionista y simplificada de los adolescentes. Y con las novelas pasa lo mismo: parece que todos se enamoran de la misma manera o que solo tienen preocupaciones banales, cuando, en realidad, tienen un mundo interior tan rico como el de los adultos”, sentencia Cristian Olivé (Barcelona, 1987), autor de varios libros de pedagogía y de la dilogía juvenil Únics (Rosa dels Vents). Por este motivo, en sus historias intenta reflejar esta diversidad y estas preocupaciones, basándose en vivencias propias pero también en lo que observa en las aulas, impartiendo clases de lengua y literatura en secundaria.
A partir de la historia de dos hermanos, aparentemente idénticos pero con personalidades muy diferentes, Olivé explora en Únics temas cotidianos pero complejos como la preocupación por los conflictos bélicos internacionales, la traición, la amistad, los secretos o el primer amor. El objetivo de esta saga también era ofrecer historias de amor protagonizadas por parejas gays, pero “de forma muy natural, sin convertir este hecho en el centro de la trama”.
“Hay que romper con las clasificaciones por género o edad: una obra literaria no entiende de edades, sino de conexión. Los jóvenes necesitan y agradecen que los protagonistas reflejen la diversidad de su generación”, reflexiona Olivé. En este argumento coincide Laura Huerga, cofundadora de la editorial de ensayo y narrativa Raig Verd: “A los jóvenes debemos ofrecerles contenido de calidad, que no sea solo comercial, porque solo así podrán descubrir el verdadero amor por la lectura, con libros que dejan huella, y que no son un mero entretenimiento rápido de baja calidad”, argumenta Huerga.
El cómic, un lenguaje universal
Otro de los géneros que seduce a jóvenes y adolescentes es el cómic y la novela ilustrada. Según el informe de Hábitos de lectura y compra de libros, un 37,5% de los jóvenes entre 14 y 24 años ha leído al menos un cómic en el último trimestre. Una tipología de historias que continúa seduciendo generación tras generación, aunque sea un formato estéticamente analógico. “Es paradójico cómo, en un mundo digital, triunfa un formato en blanco y negro que se lee al revés”, enfatiza Óscar Valiente, director de Norma Editorial. Impulsado sobre todo por el manga japonés, que llegó a Catalunya en la década de los 90 gracias al exitoso fenómeno de Bola de Drac, sigue triunfando entre jóvenes y adolescentes gracias a las producciones audiovisuales, además de los superhéroes norteamericanos o el cómic europeo.
Valiente también destaca el cambio de mentalidad por parte de las editoriales: de ser un fenómeno considerado casi de segunda o una subcultura, a ser un género masivo, no solo entre jóvenes, sino también entre adultos. “De ser un tipo de historias que se consumía en quioscos, ya que en las librerías solo podías encontrar Astérix y Obélix o Mortadelo y Filemón, a ser un género apreciado por una gran variedad de lectores”, resume.
Conectar físicamente en la era digital
En la difusión de este género también han jugado un papel clave los salones y eventos presenciales como el Manga Barcelona: “eventos como este son un punto de entrada para miles de lectores cada año, personas que quizás todavía no han adquirido hábitos de lectura consolidados, pero que al visitar el salón comienzan a fascinarse por este mundo, además de ser un punto de fidelización y vínculo para toda la comunidad de lectores fieles”, defiende Puig, a pocos días del inicio del salón, que se celebrará del 5 al 8 de diciembre, con la presencia de autores internacionales de renombre como Gou Tanabe, Tsutomu Takahashi o Akemi Takada. Pero Manga Barcelona no es único en su especie; la ciudad dispone de eventos para todos los gustos y lectores: desde el BCNegra, el Crush Fest (centrado en el género young adult), hasta el festival 42, de géneros fantásticos.
El catalán, la asignatura pendiente
Con el trabajo de todos los agentes implicados en la industria literaria —desde bibliotecas o librerías hasta editoriales o autores que se acercan a sus preocupaciones—, el sector está logrando que una generación que habitualmente se considera perdida se movilice masivamente por la literatura, llenando eventos y ferias del libro e impulsando la compra de ejemplares, mayoritariamente en formato físico. Sin embargo, el reto actual es que estas nuevas generaciones lean en catalán: solo un 33,9% de los catalanes lee habitualmente en esta lengua (mientras que un 63,9% lo hace en castellano)."Afortunadamente, hay mucha diversidad en la literatura, pero esa diversidad no siempre llega a la literatura catalana"Aunque el porcentaje ha aumentado ligeramente en los últimos años, el castellano sigue siendo la lengua predominante en la lectura, especialmente entre los jóvenes: solo un 27,2% de las personas entre 14 y 24 años y un 27% de las personas entre 25 y 34 años lee habitualmente en catalán. El Govern trabaja ahora precisamente para revertir estas cifras a través del conocido Pla Nacional del Llibre i la Lectura, que define la estrategia del sector entre 2023 y 2030: con el objetivo el 76% de la población mayor de 14 años lea un libro al trimestre, que el 65% lo haga al menos una vez por semana y que el 40% lea habitualmente en catalán. La idea es implicar a todo el sector: desde el Departament de Cultura hasta el de Educación, pero también a la industria editorial para que publique más títulos.
“Afortunadamente, hay mucha diversidad en la literatura, pero esa diversidad no siempre llega a la literatura catalana”, lamenta el autor Cristian Olivé. De hecho, todavía hay pocos ejemplares de traducciones de novelas del género young adult o romantasy —el género predominante entre jóvenes y adolescentes—, y aunque cada vez hay más, siguen faltando referentes en el cómic en catalán. Son sobre todo las pequeñas editoriales independientes, que predominan en el mercado catalán con una gran variedad de compañías (156 de las 268 editoriales catalanas son pequeñas empresas que no superan los 600.000 euros de facturación anual), las que trabajan para que los éxitos internacionales se puedan leer en catalán y para que los grandes autores catalanes se traduzcan a diversas lenguas.
Para Laura Huerga, presidenta de la asociación PEN Català, la literatura catalana tiene cada vez más reconocimiento internacional: “la calidad de nuestra cultura es excepcional y está atrayendo las miradas de la crítica mundial, gracias también a la incansable labor de instituciones como el Institut Ramon Llull”. Así lo ha podido constatar estos días también en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL), la gran cita literaria que esta semana se celebra en Guadalajara (México), con Barcelona como ciudad invitada. Asegura que editores de todo el mundo se han interesado por los autores representados y también por la lengua en la que escriben, animándolos a leer fragmentos en catalán al final de cada presentación. Desde las redes sociales, diversos creadores como Marta Sangrà —que crea contenido sobre literatura únicamente en catalán— también luchan por difundir el uso de esta lengua entre los más jóvenes.
Sin embargo, Huerga recuerda que, para que el prestigio internacional de los autores catalanes se consolide, hacen falta más traductores al catalán, pero también más incentivos económicos, reclamando la aprobación de los presupuestos y que Cultura alcance el tan deseado 2%. En este sentido, considera que propuestas como las becas de residencia Narrar Barcelona, anunciadas en el marco de la FIL y destinadas a autores latinoamericanos, suponen un retroceso en los derechos lingüísticos, “sobre todo por el agravio económico comparativo con otras ayudas pensadas para textos en catalán”, como las becas Montserrat Roig.
Es con el esfuerzo de todos estos agentes implicados para ofrecer a los jóvenes y adolescentes contenido de calidad que conecte con estas nuevas generaciones, que hable su lenguaje —y que también lo haga en catalán— que la literatura continuará seduciendo lectores generación tras generación. Con historias diversas y variadas que los interpelen y emocionen, porque esta generación, a la que algunos califican de “perdida”, está más que dispuesta a perderse en la magia de los libros.