LA SEMANA DE LA LITERATURA

La revolución de leer en una Barcelona que no se detiene

Libros en Pixabay
Libros en Pixabay
04 de diciembre de 2025

En Barcelona, todo corre. Corren las bicicletas por el carril, los turistas por las Ramblas, las notificaciones por el móvil y las agendas por la vida. Corren las luces que anuncian la Navidad, los anuncios que prometen felicidad envuelta en papel brillante, los descuentos que parecen inaplazables y las reuniones sociales que se multiplican como si el tiempo fuera infinito. Sin embargo, cada diciembre nos damos cuenta de que no lo es. El tiempo es el recurso más escaso en una ciudad frenética.

Por eso, en medio de esta coreografía acelerada, hay un gesto que se ha vuelto profundamente revolucionario: parar para leer. No comprar un libro ni fotografiarlo para compartirlo en redes, sino leerlo de verdad. Abrirlo, respirarlo, habitarlo. Dedicarle minutos sin prisa y sin culpa.

Cada vez veo a más personas buscándolo: jóvenes que descubren que un libro puede ser un refugio, adultos que cierran la puerta al ruido y regresan a las páginas que un día dejaron atrás. Todos buscan lo mismo: un momento de calma en un mundo que nos quiere permanentemente disponibles. Leer es el nuevo lujo. Pero un lujo que no se compra: se conquista.

Leer Barcelona: una ciudad que también necesita pausa

Este año he leído libros que, de un modo u otro, llevaban Barcelona dentro. Algunos de forma explícita; otros como un latido soterrado. Entre mis lecturas más significativas está Ens hem perdut, de Patricia Martínez del Hoyo, un retrato generacional que habla de vínculos que se tensan y de búsquedas que parecen no tener final. Es fácil reconocerse en sus personajes, quizás porque todos, en esta Barcelona que no para, sentimos que nos perdemos un poco por el camino.

También tuve el placer de regalarme un paseo por Barcelona con Hoy, de Agustina Guerrero, una novela gráfica que es un canto al momento presente y a los pequeños rituales relegados. Una invitación a recorrer la Ciudad Condal con otros ojos y a otro ritmo.  Y entre viajes y cafés, Matriz, de Sofía Brotons, me recordó que parar para crear puede ser un gesto terapéutico. Me quedo con una de sus escenas: Greta comprando óleos cerca de Enric Granados para expresar lo que no conseguía decir con palabras.

Y Mujeres bien, de Pilar Eyre, que retrata una Barcelona elegante y contradictoria, llena de capas sociales y de historias invisibles que merecen ser contadas. Sus mujeres, fuertes y vulnerables a la vez, son un espejo en el que muchas lectoras pueden verse reflejadas.

Hay libros que retratan Barcelona y libros que la revelan. Los segundos se quedan a vivir contigo.

Mis refugios: donde Barcelona baja la intensidad

Una ciudad acelerada necesita lugares donde el tiempo se detenga, aunque sea un poco. Espacios que se convierten en refugios personales, los míos suelen ser las librerías. Llibreria Ona es un lugar que me recuerda que la belleza también puede ser tranquila. Allí cada rincón invita a perderse en un libro o simplemente a detenerse sin más pretensiones.

La Central del Raval siempre será un oasis en un barrio lleno de prisas y contrastes. Es una librería que escucha, que acoge, que invita a perderse sin prisa. Su hermana de la calle Mallorca no se queda atrás, me encanta pedirme un café en la segunda planta y jugar a que tengo todo el tiempo del mundo. Y Finestres es modernidad y vanguardia: un espacio donde compartir un té con un buen amigo, un silencio amable y recomendaciones manuscritas por sus libreras que me ayudan a descubrir historias fuera del algoritmo. Cada una de ellas confirma que Barcelona no solo se vive; Barcelona se lee.

Y si hablamos de refugios, la Biblioteca Pública Gabriel García Márquez es un privilegio absoluto. A veces voy sola huyendo del estrés y la ansiedad. Otras, con mis hijos, porque hay amores —como el de los libros— que merecen heredarse. Su curiosidad al descubrir historias es uno de mis mayores regalos.

Biblioteca Gabriel García Márquez

Interior de la Biblioteca Gabriel García Márquez. © Maria Pratdesaba/ACN

Regalarnos tiempo, regalarnos calma

Con las fiestas a la vuelta de la esquina, me pregunto qué deseo realmente. No necesito más objetos: necesito tiempo. No quiero más ruido: quiero más páginas. No quiero más prisas: quiero más historias. Porque leer es una forma de volver a casa, incluso cuando estamos lejos de nosotros mismos. Detenerse a leer es, hoy más que nunca, un acto de resistencia emocional.

El libro que me acompañará estas Navidades

Estas fiestas ya sé qué historia me refugiará: Aprender a volar con las alas rotas, de Lola Gulias. Conozco a Lola desde hace años, con una larga trayectoria como librera y editora, y me emociona verla ahora debutar con una novela tan luminosa y profundamente humana.

La historia de cuatro mujeres que coinciden en una librería-café del Eixample. Todas rondan la cincuentena. Todas arrastran pérdidas. Todas creen haber tocado fondo hasta que descubren que nunca es tarde para empezar de nuevo.Es una novela sobre la amistad, la sororidad, la resiliencia y ese poder silencioso que tienen los libros para curarnos cuando la vida nos desordena.

No es casualidad que sea mi elección para cerrar el año. En el fondo, todas necesitamos que alguien —o algún libro— nos recuerde que incluso con las alas rotas se puede volar. Y que, a veces, basta con abrir una página para volver a levantarnos.

Sobre el autor

Ale Samaniego.
Ale Samaniego
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