Zeleste, el refugio musical de la Barcelona de los 70
Lluís Vidal dirigint la BAO-3-2
El Mas i Mas Festival cierra su vigésima edición con un homenaje a la sala Zeleste, abierta en 1973 y que mudó la piel musical de la ciudad, convocando a importantes elementos de lo que se llamó entonces la Ona Laietana, en la sala P62, llena de un público participativo
Zeleste fue un buque insignia de la música popular con caché, con clase, de los años 70 y 80 del siglo pasado. Una gestión irregular, acompañada de una nueva localización, que no acabó de funcionar, provocaron su cierre en el 2000. Como no podría ser menos en una ciudad cultural y socialmente cainita como Barcelona, Víctor Jou (1939-2023), el mentor del invento, trazó un rico manto de músicas alrededor del jazz, el rock y el cubanismo, todo con aromas mediterráneos. En otras palabras, la sala Zeleste fue un panteón de un sinfín de fusiones, alianzas y controversias. Zeleste también fue agencia de contratación, sello discográfico y escuela de música. El resultado musical se conoció como la Ona Laietana. Bajo el nombre de 1973-2023 50 anys Zeleste Ona Laitena Barcelona, el concierto de homenaje es una iniciativa del Jamboree, el club de jazz y otras hierbas de la Plaça Reial, que también cuenta con sus idas y venidas. Con esta propuesta, el Mas i Mas Festival, en su vigésima edición,captó una presencia masiva, una clientela natural de Zeleste, que encontró cinco décadas atrás, en el espacio del Born, un refugio emocional, que daba cabida a un bosque musical muy amplio. La sala se comportaba como un transformador cultural, una suerte de incubadora de ideas y proyectos interdisciplinarios avant la lettre. El escenario, poblado de cualificados músicos jóvenes, de la repleta sala P62 complació a la concurrencia, en la que el segmento social inferior a los 35 años brilló por ausencia.
El sonidodela Ona Laietana iba de Jaume Sisa a Xavier “Gato” Pérez (1951-1990), en su etapa rock en Secta Sònica, junto a Jordi Bonell, compositor y fino guitarrista, a cuya figura se dedicó la primera parte de la sesión, como a Música Urbana, una incipiente y, entonces, inquieta Dharma; Toti Soler, que no pudo asistir. También Blay Tritono y la Orquestra Mirasol –agrupación que sufrió diversas transformaciones en su corta existencia y que merece un descubrimiento por parte de las audiencias ausentes en la sala–, representada, la noche del pasado sábado, por la mandolina de Xavier Batllés y homenajeada por la pianística de Lluís Vidal. Más Iceberg, el quinteto de rock progresivo de Max Sunyer, que derivaría años después en el jazz fusión de una nueva formación, Pegasus.