Manuel González (LIBER): “El futuro del libro no peligra: ha sabido adaptarse a cada revolución tecnológica”

El presidente de Liber, Manuel González Moreno.
El presidente de Liber, Manuel González Moreno.
(Redactora en The New Barcelona Post)
23 de septiembre de 2026 - 01:30

Un libro escrito por un autor catalán, producido por una editorial de Barcelona que acaba expuesto en una librería de Buenos Aires. Otro título cruza el Atlántico y llega a Nueva York; mientras que otro cambia de idioma para encontrar lectores en Frankfurt, Nueva Delhi o Pekín. A veces, incluso, esa historia traspasa el papel para convertirse en película, serie o videojuego. Porque las historias literarias muchas veces tienen más recorrido del que se acostumbra a pensar, y ferias como Liber —que celebrará su 44.ª edición del 29 de septiembre al 1 de octubre en Fira de Barcelona— actúan como uno de los puentes que hacen posible ese viaje, conectando a los editores españoles con profesionales, agentes y compradores de otros mercados.

Con cerca de 250 expositores y 9.000 profesionales en su próxima edición, Liber no solo impulsa el viaje de los libros de la industria editorial española, sino que también muestra la transformación de un sector que no ha dejado de evolucionar. Nuevos hábitos de lectura, mercados y formatos conviven hoy con retos como la comprensión lectora, de nuevo en el foco tras el último informe PISA, y la irrupción de la inteligencia artificial. Sobre estos cambios y el futuro del libro hablamos con Manuel González Moreno, nuevo presidente de la Federación de Gremios de Editores de España y de Liber. Un sector que, pese a las transformaciones, sigue buscando nuevas formas de hacer viajar las historias.

— Se ha vaticinado muchas veces la muerte del libro, primero con la televisión, después con internet y ahora con las redes sociales o la inteligencia artificial. ¿Por qué sigue resistiendo?

— Como historiador, tengo tendencia a remontarme incluso a la prehistoria. Pero lo cierto es que ya entonces el ser humano sentía la necesidad de transmitir historias, conocimientos e ideas. Primero mediante la narración oral; después llegaron la escritura y distintas formas de fijar y reproducir los textos, desde las tablillas de arcilla, los pergaminos y hasta el papel.

El formato, por tanto, se ha ido transformando, pero no esa necesidad de contar historias. Por todos esos motivos, el futuro del libro no peligra: la industria ha sabido adaptarse a cada revolución tecnológica. La imprenta transformó la difusión de la palabra escrita, pero no acabó con otras formas de transmisión; tampoco lo hicieron la radio, la televisión, internet o los audiolibros. Los distintos formatos conviven y responden a diferentes formas de leer y acceder a los contenidos.

Manuel González Liber
Manuel González Moreno, nuevo presidente de la Federación de Gremios de Editores de España y de Liber. © Fira Barcelona

Sin embargo, para entender el crecimiento de la industria editorial, tambiénhay que tener en cuenta de dónde partíamos. En 1975, alrededor de un 25% de la población tenía dificultades para comprender textos de cierta complejidad. España tenía entonces unos niveles de lectura muy inferiores a los actuales y, por tanto, el sector tenía un amplio margen de crecimiento. Después de la crisis de 2008 que también impactó en el sector, la industria inició una recuperación que se ha prolongado hasta hoy.

"Saber leer, pero no ser capaz de comprender plenamente lo que se está leyendo, nos hace más vulnerables a los mensajes simplistas y a la manipulación"

— Sin embargo, pese a las cifras positivas en ventas y facturación, el último informe PISA alerta sobre la comprensión lectora. ¿Qué nos dicen estos datos sobre cómo leen los jóvenes?

Los jóvenes son el segmento de población que más lee, pero eso no significa necesariamente que comprendan mejor lo que leen. El último informe PISA nos ha puesto una señal de alarma: la comprensión lectora es baja entre los alumnos evaluados. No hablamos de que tengan que leer obras de enorme complejidad como Los hermanos Karamázov, sino de que sean capaces de profundizar, analizar y comprender lo que están leyendo, de ir más allá de los mensajes breves.

— ¿A qué se debe este deterioro?

— Tiene mucho que ver con el modo en que nos relacionamos con la información, especialmente a través de las redes sociales, donde predominan contenidos breves, fragmentados y simplificados. Esto dificulta que una parte de los jóvenes desarrolle la capacidad de enfrentarse a textos que requieren mayor atención y profundidad.

Y todo esto comporta peligros. Una baja comprensión lectora puede acabar derivando en una forma de analfabetismo funcional: saber leer, pero no ser capaz de comprender plenamente lo que se está leyendo, nos hace más vulnerables a los mensajes simplistas y a la manipulación. Por eso es importante que el lector tenga acceso a una gran diversidad de libros, autores y perspectivas, que le permitan comparar, reflexionar y formarse su propio criterio.

— ¿Con la enorme cantidad de títulos publicados cada año, no existe un cierto riesgo de sobreproducción editorial?

— No creo que haya sobreproducción. España tiene unas características particulares que explican buena parte de esos 65.000 títulos publicados anualmente como novedades. Solo los libros educativos en las cuatro lenguas oficiales superan los 20.000, y además hay muchas reediciones y actualizaciones necesarias en campos como el derecho, la medicina o la ingeniería.

No todos esos títulos son nuevas obras dirigidas al mismo público. Responden a realidades y necesidades diferentes. Por eso, más que de sobreproducción, hablaría de riqueza cultural.

Manuel González, presi Liber
Manuel González, presidente de Liber, afirma que el libro no ha desaparecido, sino que se ha ido adaptando. © Fira Barcelona

— Y toda esa diversidad del sector tiene también un punto de encuentro en Liber. ¿Qué papel juega la feria para la industria editorial española?

— Liber ha evolucionado mucho en estas cuatro décadas. Al principio también servía para mostrar al exterior que España tenía una industria editorial capaz de producir libros de calidad y competir internacionalmente. Hoy ya no necesitamos demostrarlo: la industria española se ha consolidado y Liber se ha convertido en un punto de referencia para el sector editorial en español y con el resto del mundo. Cada vez reúne a más empresas, visitantes y compradores de países lejanos, incluidos bibliotecarios que vienen a adquirir libros en español.

— ¿Cómo se refleja en Liber la diversidad de tamaños y perfiles de las editoriales?

— Se refleja en la variedad de editoriales y catálogos que participan. En España hay unas 3.000 editoriales, pero las cerca de 900 integradas en la Federación de Gremios de Editores de España representan más del 90% de la facturación. Es más: las seis editoriales más grandes concentran alrededor del 48% de los 3.100 millones de euros que facturó el mercado el año pasado, mientras que unas 800 son pequeñas y, en muchos casos, facturan menos de 200.000 euros al año y tienen menos de seis empleados.

Liber reúne a editoriales de tamaños y perfiles muy distintos, pero especialmente aquellas para las que tiene sentido buscar nuevos mercados, vender derechos o establecer contactos profesionales.

Liber reunirá a cerca de 250 expositores y 9.000 profesionales. © Fira Barcelona
Liber reunirá a cerca de 250 expositores y 9.000 profesionales. © Fira Barcelona

— Liber ha ido evolucionando y en esta edición incorpora una novedad estrenada en su edición anterior en Madrid que llega este año a Barcelona: el Salón de Derechos. ¿A qué responde este nuevo espacio?

— Cuando hablamos de vender derechos nos referimos, por ejemplo, a que una editorial de otro país adquiera el derecho de publicar una obra española en su mercado o a que pueda ser traducida a otro idioma. Hace años, la industria editorial española estaba más acostumbrada a comprar que a vender derechos, pero la situación ha cambiado: nuestros autores y libros han ganado reconocimiento internacional.

Hay autores con gran reclamo internacional, como Javier Cercas, más de 48 empresas españolas con filiales en distintos países americanos y un creciente interés por el español: solo en Nueva Delhi hay unos 20.000 estudiantes de español en los Institutos Cervantes y en China se acercan al millón. Todo ello hace que la venta de derechos tenga cada vez más importancia, tanto económica como culturalmente.

Liber 2024
Liber se celebrará su 44.ª edición del 29 de septiembre al 1 de octubre en Fira de Barcelona. 

— Más allá de los derechos editoriales internacionales, ¿qué otras oportunidades detecta Liber?

— El ámbito audiovisual es una de ellas. Las series, las plataformas y el cine necesitan de historias, y los libros son una fuente fundamental de personajes, argumentos y tramas. Por tanto, hay cada vez más autores que venden los derechos de un libro para adaptar una obra a una película, una serie o incluso un videojuego. Y creo que la venta de derechos para adaptaciones audiovisuales, va a ser una de las grandes oportunidades del sector en los próximos años. Una novedad que Liber también quiere ir acompañando. 

"La inteligencia artificial puede ayudarnos y facilitar procesos, pero no puede sustituir al creador"

— El sector también afronta retos: ¿cómo está afectando la inteligencia artificial a la industria editorial y qué preocupa especialmente a los editores?

— La inteligencia artificial puede ser una herramienta muy útil para agilizar procesos y consultar grandes cantidades de información. El problema aparece cuando utiliza contenidos creados por otras personas sin reconocer su procedencia ni respetar sus derechos.

Por eso es fundamental garantizar la trazabilidad: saber de dónde proceden los contenidos y señalar cuándo una obra o una cubierta se ha generado con inteligencia artificial. La IA puede ayudarnos y facilitar procesos, pero no puede sustituir al creador. Una máquina puede ser una herramienta para generar contenidos, pero no es titular de derechos de propiedad intelectual. La propiedad intelectual corresponde exclusivamente a las personas que crean las obras y, por tanto, debemos garantizar que la tecnología respete y no sustituya la autoría de los creadores.

— La propiedad intelectual corresponde, por tanto, a un intelecto.

— Exacto, a un intelecto humano, con ideas y emociones, algo que la máquina no puede imitar fácilmente.

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Sobre el autor

Ainara Valadez
Ainara Valadez Medina

Redactora en The New Barcelona Post

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