Un verano clave para el turismo en Barcelona

En Barcelona, que desgraciadamente ha recuperado el reclamo del turismo de bajo coste, son crecientes la presión y el rechazo que algunos grupos políticos y sociales han abanderado respecto de un turismo que consideran masivo e invasivo con la vida de la ciudad. Además, esta es la primera campaña estival tras los atentados terroristas en las Ramblas en agosto del año pasado y el referéndum del 1-O y el posterior descalabro político que sacudió las calles de la ciudad

Barcelona afronta esta campaña de verano como una relativa prueba de fuego para la salud de su sector turístico, uno de los principales motores económicos de la ciudad. Será la primera desde los atentados terroristas en las Ramblas en agosto del año pasado, y será también la primera campaña desde el referéndum del 1-O y el posterior descalabro político que sacudió las calles de Barcelona. Dos elementos que condicionaron la llegada de turistas a la capital catalana en la segunda mitad de 2017 y que pueden seguir teniendo mucho que decir en estos meses de julio y agosto. Por eso desde el Gremio de Hoteles de Barcelona, su director general, Manel Casals, admite que este verano será “especial” y añade que son muchos los nubarrones de incertidumbre que se ciernen sobre el sector.

Uno de ellos es la creciente presión y rechazo que algunos grupos políticos y sociales han abanderado respecto de un turismo que consideran masivo e invasivo con la vida de la ciudad. El propio Ayuntamiento barcelonés, con los Comunes de Ada Colau al frente, ha mantenido un discurso crítico con la actividad y se ha mostrado partidario de poner límites a un sector que, guste o no, aporta cerca del 15% del PIB y el 9% del empleo de la ciudad. Las imágenes de pintadas con el lema “tourist go home” o las polémicas actuaciones de Arran contra el turismo no son tampoco las mejores postales de promoción de la ciudad, como tampoco lo son las que genera la conflictividad en el aeropuerto del Prat. El año pasado, las protestas de los trabajadores de los controles de seguridad ya enviaron al mundo imágenes de colas kilométricas y viajeros fastidiados, y aunque este año la situación parece más tranquila, las habituales huelgas de verano en las compañías aéreas podrían generar nueva presión en los días más altos de actividad.  

“No se entiende que por una parte el Ayuntamiento vete en su plan de hoteles la llegada de una cadena como Four Seasons, centrada en un turismo de alto poder adquisitivo, y por otra veamos que se dejen legalizar 10.000 pisos turísticos ilegales”, según el director general del Gremio de Hoteles de Barcelona, Manel Casals

En este escenario los datos del Gremio de Hoteles muestran que la situación de estos alojamientos no está en su mejor momento. Según sus estadísticas para los primeros seis meses del año, tanto el empleo como la facturación en el sector han caído, en torno al 3% y al 4,3% respectivamente: “Estamos en torno a un 8% por debajo de las cifras en las que nos movíamos el año pasado”, destaca Casals. Para los hoteleros, el problema más grave que afecta la ciudad, más allá de la incertidumbre política y de los efectos por los atentados, es “la pérdida de calidad en el turismo que captamos como ciudad”, explica el director general del Gremio. Una devaluación que el sector hotelero identifica directamente con la presencia masiva de una oferta paralela, y en muchos casos ilegal, de apartamentos turísticos. Para Casals, el problema es que la capital catalana ha recuperado la etiqueta de destino de bajo coste que había logrado sacarse de encima: “No se entiende que por una parte el Ayuntamiento vete en su plan de hoteles la llegada de una cadena como Four Seasons, centrada en un turismo de alto poder adquisitivo, y por otra veamos que se dejen legalizar 10.000 pisos turísticos ilegales”. Casals cree que la lucha de la administración contra la oferta de pisos turísticos ilegales es todavía insuficiente y argumenta que no solo perjudica a los hoteles sino a todo el sector.

Otras amenazas para el turismo de Barcelona vienen de más lejos. Durante años, la ciudad ha sido uno de los destinos más beneficiados por el descenso de la actividad en otros puntos más “calientes” por la inestabilidad política como el norte de África o Turquía, y también ha recibido parte del turismo que perdió París después de los atentados yihadistas de 2015. Pero en el último año, la mejora de la situación al otro lado del Mediterráneo y la visibilidad de Barcelona como objetivo terrorista han hecho que las tornas giren y el sector teme ahora que buena parte del turismo que la capital catalana “cogió prestado” desaparezca. Es el coste, apuntan los expertos, de haber basado buena parte del reclamo en una oferta de precios bajos, con una clientela mucho más fiel a la factura final del viaje que al lugar de destino, y de hecho la misma consellera de Empresa y Conocimiento y responsable del área de turismo, Àngels Chacón, alertaba hace pocos días ante empresarios del sector del impacto sobre Cataluña de la recuperación de destinos como Turquía o Túnez.

Con todo, desde el Ayuntamiento se confía en poder hablar de una buena campaña de verano y dejar atrás las bajadas que la inestabilidad política generó sobre todo en los últimos meses de 2017. De momento los datos de la Estadística de movimientos turísticos en las fronteras (Frontur) muestran que durante los primeros cinco meses del año Cataluña recibió a 6.529.377 visitantes, un 2,1% menos que el mismo periodo del año pasado. Un ligero descenso que se confía en recuperar durante los meses de verano.

De hecho, las cifras también muestran que la fotografía actual, a pesar de los puntos de incertidumbre, sitúa Barcelona como una de las ciudades líderes del turismo en Europa, y líder absoluta dentro de España. Según el informe Top 100 city destinations Ranquing, que elabora la consultora Euromonitor International, la capital catalana se sitúa en la sexta posición de las ciudades europeas con mayor volumen de visitantes anuales, con 7,6 millones de llegadas en 2017, y con una previsión de crecer hasta los 8,9 millones en 2025.

El sector alerta, sin embargo, de que esta Barcelona necesita un nuevo impulso y avisa sobre los efectos a medio plazo de la rebaja en el gasto que el Consistorio barcelonés destina a la promoción de la ciudad en el exterior. Para Casals, “el Ayuntamiento debería multiplicar por dos o por cuatro el dinero que se destina a esta promoción precisamente después de un 2017 complicado para el sector por muchos motivos”. Una promoción que según el director general del Gremio de Hoteles de Barcelona no tiene que ir dirigida a captar cantidad sino a captar calidad. En todo caso, este verano será un buen momento para calibrar la salud de la “marca Barcelona” como destino turístico y sobre todo para ver hasta qué punto la ciudad es capaz de consolidar los espectaculares crecimientos acumulados en la última década.