Tulipanes blancos, foto de Albert S.

La atracción de las flores (I): bulbos y orquídeas

La irremisible emancipación humana de la naturaleza -transformada en “cultura”- nunca es completa. Permanece el impulso en menor intensidad y a menudo se manifiesta sublimado, muy sintomáticamente en el gusto por las flores. Así, las celebraciones de vida y muerte las incorporan como símbolo de prosperidad o a modo de consuelo, pero no con fines meramente cosméticos.

“Somos más parientes de las orquídeas que de los simios» (P. Sloterdijk)

Las flores gustan porque son fruto en potencia: promesa de una eternidad que inconscientemente se anhela. El despliegue visual y olfativo, la trampa que dispone la naturaleza para asegurar su perpetuación (a través de la polinización y posterior fructificación, a su vez semilla de futuro). Nada casualmente coincide la primavera, época predilecta para la explosión cromática, con el despertar de los sentidos y los rituales de apareamiento en un gran número de especies, de las que se distingue el ser humano sólo en parte. Pues la irremisible emancipación de la naturaleza -transformada en “cultura”- nunca es completa. Permanece el impulso en menor intensidad y a menudo se manifiesta sublimado, muy sintomáticamente en el gusto por las flores. Así, las celebraciones de vida y muerte las incorporan como símbolo de prosperidad o a modo de consuelo, pero no con fines meramente cosméticos. Tanto en el amor, fusión plena de dos seres -que a la postre engendra un nuevo ser- como en el trance de dejar de ser -parte viva de la naturaleza- se abriga la secreta y legítima esperanza de una continuidad, se entienda ésta en términos de procreación o vida eterna.

BULBOS

Fresias. Fotografía modificada de Cotton M, Flickr

Los bulbos son las flores que mejor ilustran el renacer de naturaleza. La misma planta, como nueva, vuelve a la luz después de meses de subterránea y callada existencia. El frío y, sobre todo, la escasez de horas de sol invita a un reposo regenerador, cuando el bulbo permanece en hibernación. La economía de recursos hará posible la floración, tras despuntar las primeras hojas y hacer acopio de energía durante unas semanas que anuncian la primavera. Tulipas, Narcisos, Fresias, Jacintos o Lirios -por citar a los más conocidos- actualizan el milagro después un periodo de paciente gestación. Como en la vida misma, la fructificación depara sorpresas, de un año a otro los bulbos se pueden haber multiplicado, con lo que el parterre o maceta semi-abandonado se puebla de colores y olores. En intensidad, sin duda se imponen Jacintos y algunas especies de Narcisos. Pero la especiada frescura de la Fresia, familiar y enigmática (variable según el color, las rojas acostumbran a ser las más fragrantes), no encuentra rival. Quizá porque fija en el calendario anímico aquellas semanas fluctuantes en temperatura -con la sensibilidad a flor de piel- en torno a la Pascua, periodo en esencia intenso, que para el cristianismo celebra el final del tiempo y la promesa de una vida nueva y mejor. Es el momento de un renacer si no espiritual, al menos anímico, con la consciencia inconsciente -la intuición- de que llega el tiempo propicio para la fructificación.

ORQUÍDEAS

Orquídeas. Fotografia modificada de Berit Watkin, Flickr

El exotismo por definición, en variaciones casi incontables: existen entre 25 y 30 mil especies distintas, sin contar las hibridaciones artificiales, que doblan la cifra. Algunas especies aún se desconocen en la actualidad, se descubren casualmente entre la espesura impenetrable de las selvas tropicales, enriqueciendo el imaginario que acompaña a estas plantas. La complejidad de sus flores, y las necesidades específicas que son requeridas para su polinización, en cada caso, ha sido fantaseada en una película tan sorprendente como Adaptation, que protagoniza Nicholas Cage, en el doble papel del guionista Charlie Kaufmann (responsable a su vez del guion de Cómo ser John Malkovich) y de su hermano gemelo, inexistente en la vida real. La película narra la relación de un excéntrico y ególatra buscador de orquídeas con la periodista que sobre él escribe un libro (Mery Streep), libro que a su vez ha de ser transformado en guion para película por el desdoblamiento ficticio de Kaufman. Una trama enrevesada pero que se despliega magistralmente, con extraña naturalidad a pesar de su auto-referencialidad y los autoconscientes clichés en que incurre. Además, en este ejemplo de ficción dentro de la ficción no se emplea como mero reclamo a la “orquídea fantasma” (Polyrrhiza lindenii), de ignota y fantaseada realidad. Las flores están en el centro mismo de la trama.

El carácter complejo de las orquídeas, con formas y colores impensables -pueden imitar a la naturaleza de los animales que la polinizan, como invitando a algún tipo de acto sexual, recuerda el protagonista de aquella película-, se reproduce también en términos formales, en la superposición de discursos y personajes que alternan realidad y ficción. Giorgia O’Keeffe plasmó en sus lienzos lo que de un modo no mucho más sutil había revelado Marcel Proust en la novelita incluida en su primera parte de la Recherche, titulada Un amor de Swann: los protagonistas se refieren a la relación sexual finamente -o al menos eso pretenden- con la alusión a uno de los géneros más conocidos (“Faire cattleya»), que acompaña a sus encuentros. Aunque la estructura de las orquídeas es semejante, la omnipresente Phalaenopsis no se encuentra cargada con la misma connotación, no en vano se regala en ocasiones de lo más dispar. Sin llegar al extremo del exotismo que narraba Adaptation, ni a la exigencia performativa de Cattleya, otras orquídeas pueden alegrar la vida durante muchos años, si ubicadas cerca de ventanas sin sol directo y riego moderado (a escaso), como las del género Dendrobium o las Oncidium. Sin olvidarnos de las Cambria, producto de hibridación, que a diferencia de otras orquídeas sí son fragrantes.