El growth hacking, estrategia de crecimiento de negocio en la era digital

Estos nuevos profesionales son unos de los más buscados, tanto por startups como por empresas en transformación digital

El ecosistema startup tiene claro que el crecimiento ya no es una opción, sino que es la única forma de hacer frente a la vertiginosa velocidad del nuevo contexto interconectado. Ante esta necesidad, surge un nuevo planteamiento en la forma de abordar el marketing y la comunicación, que, de hecho, traspasa sus fronteras y se convierte en un planteamiento de negocio. Es el denominado growth hacking.

Este concepto, del que todo el mundo habla, apareció por primera vez en 2010, en el blog Startup Marketing de Sean Ellis, para definir una pluridisciplina que se caracteriza por tener como objetivo el crecimiento, con una estrategia basada en dos pilares esenciales: creatividad y análisis.

En Silicon Valley, existen ya figuras clave de esta pluridisciplina, como Andrew Chen, impulsor del crecimiento de Uber, para quién un growth hacker es aquel profesional que se pregunta constantemente cómo puede hacer crecer su negocio y responde a esa pregunta de modo analítico y creativo, mediante pruebas A/B, landing pages, técnicas virales y estrategias de marketing de contenidos que trabajan el SEO, entre otras muchas posibilidades.  Las fronteras del growth hacking han traspasado ya las fronteras de Silicon Valley. De hecho, la figura del experto en crecimiento se encuentra entre los perfiles profesionales más buscados en todo el mundo y, entre los más bien retribuidos, tal como señala Nilton Navarro, Social Media Manager de Infojobs:  “Las empresas necesitan perfiles tecnológicos que les ayuden a crecer y a potenciar su transformación digital. Growth Hacker es uno de los perfiles emergentes más demandados porque es una pieza clave en las empresas. Esta profesión apenas existía en el mercado laboral a comienzos de la década y sufren de falta de profesionales preparados. Además, los salarios suelen superar los 30.000 euros brutos anuales, de modo que se convierten en excelentes oportunidades para aquellos jóvenes que quieren orientar su formación hacia una profesión de futuro o para aquellos que quieren reorientar su profesión actual.»

Pero, ¿cuál es la receta del éxito de una estrategia growth hacker? En el fondo, su enfoque encaja perfectamente con el planteamiento del método Lean Startup, clave del funcionamiento de las startups. Esta metodología, popularizada por Eric Ries, se basa en el denominado «el mínimo producto viable», que permite lanzar versiones sucesivas del producto para poder medir su impacto antes de acabarlas de desarrollar, siguiendo el circulo virtuoso crear-medir-aprender. A partir de estos tres pilares, podemos definir las diferentes estrategias básicas de growth hacking:

CREAR
La innovación es clave para impulsar el crecimiento. Entre las múltiples decisiones que pueden adoptarse para impulsar el crecimiento destacan las que pasan por empoderar al usuario, con el foco puesto en la viralidad. Hotmail fue pionero en esta práctica, con una acción simple pero extremadamente efectiva: colocar un enlace al final de cada e-mail promocionando cuentas gratuitas. Técnicas más recientes, como el influencer marketing o el marketing de contenidos, buscan establecer esos vínculos con el usuario, que también se ha logrado por otras vías, como la integración en grandes redes sociales, como fue el caso de Spotify con Facebook.  

MEDIR
Tal como destaca Avinash Kaushik, uno de los más reputados expertos en marketing digital, actualmente existe un inmenso campo de posibilidades para tomar decisiones inteligentes basadas en el estudio analítico de los datos. Las múltiples herramientas de monitorización digital, y el Big data que generan las propias plataformas permite comprobar, casi a tiempo real, los resultados de cualquier acción. La escucha activa del usuario es clave, no solo para el crecimiento, sino para el desarrollo de los propios productos.

APRENDER
En estos tiempos cambiantes, el aprendizaje es la única vía para evolucionar. Sin experimentación, sin diálogo constante con los públicos y sin una actitud flexible, no es posible mantener la actitud de beta constante que impone la nueva economía.