El estándar Bitcoin

En la práctica, nadie tiene una bola de cristal y es imposible saber cuál será el destino de Bitcoin. En este sentido, Bitcoin se asemeja hoy más a una opción sobre un futuro oro digital, que oro digital propiamente dicho. Los riesgos son altos y el futuro impredecible, pero sí que, desentrañadas las características fundamentales de esta nueva irrupción tecnológica, es fácil adivinar las importantes y hondas consecuencias que se derivan de su desarrollo satisfactorio

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na de las grandes disrupciones tecnológicas de los últimos diez años ha sido Bitcoin. Primero, de manera muy discreta, casi secreta; luego, de manera vertiginosa. Unas fluctuaciones en el precio que han despertado no pocas dudas. Con todo, su precio ha crecido de apenas pocos céntimos de dólar a finales de 2009 hasta los más de 6.000 dólares en el momento de escribir estas líneas, aunque arrastra una caída desde la cota de los 25.000. Al margen del precio, a la vista de las posibilidades y promesas que se empiezan a dibujar en torno a este nuevo estándar monetario digital, es fácil entender el interés creciente que despierta.

Aproximar de manera solvente Bitcoin, una moneda basada en un software descentralizado sobre una base encriptada, exige un análisis en dos planos diferenciados: primero, entender las posibilidades que puede suponer la tecnología de encriptación blockchain, la que permite el intercambio directo (peer-to-peer) sin necesidad de terceras partes (algo verdaderamente revolucionario en el mundo de Internet, hoy dominado por grandes intermediarios, léase FAANG); y, segundo, e igual de importante, entender los principales fundamentos de la teoría monetaria y qué propiedades debe reunir el dinero para cumplir con su función de unidad de cuenta y depósito de valor.

Abordar estos dos planos es el objetivo de El estándar Bitcoin (recientemente publicado al castellano por Deusto), del economista Saifedean Ammous. Es probablemente uno de los análisis más eficaces y rigurosos sobre las posibilidades de blockchain en el siglo XXI. Se trata de un libro, esencialmente, de solvente teoría monetaria y buena economía. El autor, antes de desentrañar algunos de los misterios y mitos que rodean Bitcoin y el resto de criptomonedas, reflexiona sobre la importancia y articulación del ahorro, la preferencia temporal o la importancia vital de la acumulación de capital para el avance de las civilizaciones humanas. Esto permite entender los beneficios que se derivan de tener una economía que crece de forma racional, sin inflación, y los prejuicios que ha supuesto la irrupción de la nacionalización y el uso político del dinero fiduciario por parte de unos pocos.

Ammous explica cómo el Bitcoin, sobre la tecnología blockchain, ofrece una alternativa viable de futuro que puede resolver el histórico problema del dinero aprovechando las ventajas del mundo digital

Un dinero devaluado, cuyo origen más próximo está en el sistema que alumbra Bretton Woods, da origen a la crisis de inflación que asola por defecto cualquier economía, como adivinó de forma premonitoria Henry Hazlitt, y que se acelera de forma masiva tras el “Nixon shock” de 1971. Desde entonces, hemos ido acumulando más y más deuda, en tanto en cuanto ésta podía pagarse imprimiendo moneda sin límite, dando lugar a una espiral inflacionista que resulta ser el origen de la naturaleza burbujeante del grueso de economías desarrolladas y de la constante erosión del poder adquisitivo de los salarios reales.

En este escenario, que tiende estructuralmente hacia la inflación, la última crisis financiera es únicamente un episodio más: Ammous explica cómo el Bitcoin, sobre la tecnología blockchain, ofrece una alternativa viable de futuro que puede resolver el histórico problema del dinero aprovechando las ventajas del mundo digital. Cualquier forma de dinero, explica en tono didáctico el autor, tiene que ser capaz de responder a tres necesidades básicas: unidad de cuenta, medio de intercambio y depósito de valor; siendo esta última parta en la que, de manera estrepitosa, han fallado todas las formas de dinero fiduciario. Se trata de la definición clásica de dinero, en la que coinciden autores desde el primer predecesor de Bernanke, John Law, hasta los célebres economistas de la Escuela de Viena Carl Menger o Ludwig von Mises, del que el autor se considera discípulo.

Bitcoin, por sus propiedades únicas, está en disposición de convertirse en lo más parecido a “oro digital”: una nueva forma de dinero no manipulable en su oferta por políticos o banqueros centrales y, por lo tanto, capaz de salvaguardar el poder adquisitivo del ahorro. Y también capaz de dar soporte a una economía en que la oferta monetaria tenga un rol más neutral, no tanto basada en artificiosos estímulos que someten la economía a un trastorno bipolar agotador que oscila entre la euforia y la depresión. Un dinero descentralizado, antifrágil, en feliz expresión de Nassim Taleb (que firma un delicioso prólogo), para el siglo XXI, en el sentido de que su oferta es estable según un protocolo preconcebido e inalterable por nada ni nadie.

Sabida la teoría, en la práctica nadie tiene una bola de cristal y es imposible saber, como reconoce el propio autor, cuál será el destino de Bitcoin. En este sentido, Bitcoin se asemeja hoy más a una opción sobre un futuro oro digital, que oro digital propiamente dicho. Los riesgos son altos y el futuro impredecible, pero sí que, desentrañadas las características fundamentales de esta nueva irrupción tecnológica, es fácil adivinar las importantes y hondas consecuencias que se derivan de su desarrollo satisfactorio. El libro cumple con el objetivo de analizar Bitcoin más allá de su precio, vislumbrando cuál puede llegar a ser su alcance y valor. Un libro que, además de arrojar luz sobre el futuro de las finanzas, contiene valiosísimas reflexiones sobre teoría monetaria de la mano de uno de los economistas jóvenes más interesantes del panorama internacional.