Dentro de Ecléctica Barcelona: el Círculo Ecuestre convertido en doce formas de habitar el diseño

El comedor diseñado por Pia Capdevila y Martina Klein, dentro de Ecléctica Barcelona. © Meritxell Arjalaguer
El comedor diseñado por Pia Capdevila y Martina Klein, dentro de Ecléctica Barcelona. © Meritxell Arjalaguer

Doce duplas creativas formadas por arquitectos, interioristas y personalidades como Isabel Coixet, Risto Mejide, Martina Klein o Albert Raurich reinventan distintas estancias domésticas en un recorrido expositivo que trasciende los límites del diseño

(Redactora en The New Barcelona Post)
09 de junio de 2026

¿Cómo sería una gran casa en Barcelona si la imaginaran algunos de sus creadores más reconocidos? ¿Qué aspecto tendría el bar concebido por Nandu Jubany, el vestidor de Juan Avellaneda o el rincón de lectura de Javier Cercas? Hasta el 13 de junio, en el Círculo Ecuestre, estas preguntas de ser un mero ejercicio de imaginación para convertirse en una realidad tangible: Ecléctica Barcelona transforma el histórico edificio en una gran vivienda colectiva intervenida por doce duplas creativas.

La iniciativa se presenta como un recorrido expositivo por doce estancias, desde el lavadero hasta el comedor, proyectadas cada una de ellas por una dupla formada por una personalidad del mundo de la gastronomía, la música, la moda o el bienestar y un estudio de interiorismo de la ciudad. Pero Ecléctica Barcelona rehúye del formato habitual de las exposiciones de diseño e interiorismo, donde las piezas aparecen a menudo descontextualizadas o agrupadas sin una narrativa común. Aquí todo responde a una misma lógica: construir una casa que, por encima de todo, resulte verosímil. 

No se trata de un decorado ni de una sucesión de ambientes independientes, sino de una vivienda con sus espacios, recorridos y usos. Así, el visitante puede atravesarla como si fuera uno de sus habitantes, pasando de una estancia a otra con naturalidad, aunque la exuberancia del edificio y de sus decoraciones provoque que esta casa imaginaria esté fuera del alcande de la mayoría de los visitantes. Aun así, la muestra busca que la inspiración no se quede en las salas del Círculo Ecuestre. Cada objeto expuesto cuenta con un código QR desde el que puede consultarse su información y, en muchos casos, adquirirse directamente. 

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La interiorista Pia Capdevila y la fundadora de AMT Comunicación, Patricia Pérez, fundadoras de Ecléctica Barcelona. 

La iniciativa nace del impulso de la interiorista Pia Capdevila y de Patricia Pérez, fundadora de la agencia AMT Comunicación. Primero las unió la amistad; después, una pasión compartida por el diseño de interiores. Ambas “echaban de menos que en Barcelona sucedieran más cosas vinculadas a la arquitectura, el interiorismo y la creatividad”, tal y como recordó Capdevila en la inauguración del proyecto, y comenzaron a dar forma a Ecléctica Barcelona. La iniciativa, sin embargo, no ha visto la luz hasta este año, ya que la celebración de la Capitalidad Mundial de la Arquitectura ha sido el impulso definitivo para materializar una idea que llevaba tiempo gestándose.

El objetivo era ambicioso: acercar la arquitectura y el interiorismo a quienes no se consideran expertos e incluso a quienes creen que no les interesan estas disciplinas. De ahí la voluntad de construir una exposición deliberadamente ecléctica —el nombre del proyecto no es casual— en la que cualquier visitante pueda encontrar un espacio, una pieza o una sensibilidad con la que identificarse, atraído también por las personalidades que participan en el proyecto.

Con ese objetivo, difícilmente podrían haber elegido un escenario más adecuado que el Círculo Ecuestre. Sus salones señoriales, las piezas de antigüedad, los frescos que decoran los techos y la imponente escalinata convierten el edificio en un protagonista más de la muestra. Para muchos visitantes será también una oportunidad poco habitual: la de acceder a un club privado con más de 170 años de historia que rara vez abre sus puertas al público. Pero incluso quienes frecuentan sus salones encontrarán un espacio irreconocible ya que el espacio ha sido objeto de una profunda intervención que ha incluido la restauración de elementos originales o la transformación de paredes y techos. 

Así, el resultado dista mucho de una simple disposición de mobiliario: el edificio se convierte, por unos días, en una casa completamente nueva. Pero junto a la dimensión visual del conjunto —atmósferas cálidas, materiales cuidadosamente seleccionados y composiciones pensadas al detalle—, los organizadores han trabajado también el sonido, los aromas y la iluminación. Cada estancia cuenta con una identidad propia: desde el olor a cerveza que recibe al visitante en el espacio concebido como bar hasta las piezas musicales que acompañan cada ambiente. Todos los elementos contribuyen a reforzar la sensación de estar recorriendo una casa viva y habitada.

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El salón, con el esqueleto de mamut monumental, diseñado por Isabel Coixet y Lázaro Rosa-Violán. © Meritxell Arjalaguer

De estancia en estancia

El recorrido se inicia al subir las escaleras del Círculo Ecuestre, donde el visitante desemboca de golpe en un salón monumental que funciona como prólogo y declaración de intenciones. El espacio impresiona desde el primer instante: un esqueleto de mamut a tamaño natural lo domina todo y obliga a detenerse. Este es un espacio concebido por Lázaro Rosa-Violán y la cineasta Isabel Coixet como una suma de objetos que evocan momentos especiales, viajes y recuerdos acumulados. 

Desde allí, el visitante se adentra en una estancia habitualmente oculta que aquí actúa como punto de partida: el lavadero, proyectado por Àgata Samons y La Ordenatriz, con un punto de nostalgia, donde se recupera la idea del antiguo “lavatodo”, una gran bañera central en la que limpiar distintos objetos. También con un cierto punto de nostalgia, Bárbara Aurell y el chef Albert Raurich reinterpretan la cocina, dominada por una gran mesa azul que evoca el recuerdo de las abuelas cocinando y charlando alrededor de ella. Allí, la mesa deja de ser un mero objeto funcional para convertirse en un punto de encuentro social: un lugar donde se intercambian ingredientes, pero también conversaciones.

De la nostalgia de la cocina, Ecléctica conduce al visitante hacia la modernidad del bar de Olga Pajares y Nandu Jubany, inspirado en los procesos de fermentación de la cerveza y envuelto en un tono cálido y envolvente. La estancia está presidida por una gran barra que actúa como elemento central y que contrasta con la siguiente habitación: el despacho de Jaime Prous y Risto Mejide, donde el espacio se reduce a lo esencial —una mesa, una butaca y una estantería—. Un lugar pensado no solo para trabajar, sino también para pensar, imaginar e incluso detenerse en una partida de ajedrez de la que extraer grandes ideas. 

En la siguiente estancia, antes de adentrarse en la escalinata que conduce a la planta superior, el comedor —inspirado en la filosofía de Martina Klein bajo la mirada de Pia Capdevila— propone una lectura del espacio desde la elegancia. El reto ha sido respetar el salón clásico del Círculo Ecuestre, dominado por un fresco de una chica tocando el piano que dialoga con la estancia, mientras un piano real suena de fondo. El resultado es una atmósfera de elegancia clásica reinterpretada, donde también hay espacio para el color y una visión más contemporánea del salón. 

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Detalles de la mesa del comedor. 

Pero incluso los espacios de paso del Círculo Ecuestre, aquellos que habitualmente pasan desapercibidos para quienes lo frecuentan, Ecléctica Barcelona consigue encontrar belleza. Es el caso de la biblioteca, un pequeño rincón que funciona también como escalera y que cobra aquí una nueva vida, bajo la mirada de Coton et Bois con Javier Cercas.

Una misma filosofía que también se refleja en los baños que, lejos de su función, también respiran belleza. El primero, diseñado por Cristina Carulla y Mariona Ferran, fundadora de Alegra, está presidido por una gran bañera y envuelto por cortinas blancas y sedosas que envuelven la estancia e incluso descienden desde el techo, reforzando una sensación de frescura y limpieza. Mientras que en el otro, desarrollado por Sara Folch junto a la creadora de bienestar Xuan, el espacio central es una gran zona de aguas con duchas, cascadas y áreas de relajación inspiradas en un spa. 

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Uno de los baños de Ecléctica Barcelona. © Meritxell Arjalaguer

El gimnasio, que en principio podría entenderse como un espacio puramente funcional, se redefine aquí como un entorno de calma y bienestar. Diseñado por Adela Cabré y Cocó Constans (Ffitcocó), plantea la idea de que el bienestar forma parte de un sistema más amplio que integra descanso, equilibrio y movimiento: ya que el dormitiorio se integra directamente con el gimnasio, conectando descanso y deporte, en una estancia cálida con máquinas de entrenamiento de Technogym. En el vestidor, son los maníquies que visten la colección del diseñador Juan Avellaneda, que ha diseñado este espacio junto a Ricard Trenchs, que dominan un espacio que también es dormitorio, difuminando la frontera entre moda e interiorismo. 

Pero si hay un elemento inesperado que vertebra la segunda planta, ese es el gran sillón-puff central de la sala club. Convertido en uno de los protagonistas de la inauguración —donde muchos visitantes se detenían a sentarse, estirarse o fotografiarse antes de continuar el recorrido—, este volumen puede transformarse en una pista-escenario. Diseñada por L35 Architects para la cantante Queralt Lahoz —que recibe al visitante también a través de sus canciones—, la sala funciona como un espacio polivalente preparado para conciertos íntimos y acústicos.

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La biblioteca. © Meritxell Arjalaguer

Habitar el diseño

Como la exposición está concebida como una casa habitada, en Ecléctica Barcelona las estancias no solo se visitan: también cobran vida a través de talleres, conferencias y show-cookings que complementan el recorrido durante los días del festival. Desde las creaciones gsatronómica de Raurich y Jubany en sus respectivos espacios hasta un concierto íntimo de Queralt Lahoz en la sala club, el edificio se llena de vida como una casa en uso.

Aunque se trata de la primera edición del festival, con la que las organizadoras esperan reunir más de 10.000 visitantes, Ecléctica ya ha dejado claro que “viene para quedarse”, con la voluntad de consolidarse como una cita imprescindible en el calendario creativo barcelonés.

El vestidor que expone la colección de Juan Avellaneda.
El vestidor que expone la colección de Juan Avellaneda. 

Sobre el autor

Ainara Valadez
Ainara Valadez Medina

Redactora en The New Barcelona Post

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