Una botella de cava del Penedès que se abre en un restaurante de Tokio. Un jamón elaborado en Osona que se degusta en una mesa de Seúl. Una manzana de Lleida que acaba en un supermercado del norte de Europa. Cada día, miles de productos agroalimentarios catalanes recorren miles de kilómetros hasta llegar a consumidores de todo el mundo. Un viaje silencioso, que muchas veces pasa desapercibido, pero que esconde una industria clave para la economía catalana.
Hacer llegar estos productos a los mercados internacionales, sin embargo, es hoy más complejo que nunca. Los aranceles, las tensiones geopolíticas, la competencia internacional, el cambio climático o la transformación de los mercados están redefiniendo las reglas del juego. "Estamos en un entorno en el que cada vez hay más cambios, hay más modificaciones", ha resumido Fernando Ortega, especialista en estrategia empresarial e internacionalización, en una nueva sesión de Eixample Talks, el ciclo de conversaciones impulsado por Pimec y The New Barcelona Post que reúne a representantes del sector público y privado para debatir los grandes retos económicos.
¿Cómo pueden, así, las empresas catalanas continuar exportando, crecer y mantenerse competitivas en este nuevo escenario? Esta ha sido la pregunta que ha vertebrado la sesión De Catalunya al mundo: las nuevas reglas de la exportación agroalimentaria, organizada con la colaboración de la Generalitat de Catalunya, el Port de Barcelona, Aena, Mustmedia Group y, en esta ocasión, también Prodeca.
La pregunta no es menor. Hace años que el fundador y consejero delegado de BlackRock, Larry Fink, advierte que el mundo debería "preocuparse más por el precio de los alimentos que por el de la gasolina". Además, con una población mundial que se espera que llegue a los 9.000 millones de personas antes de 2050, producir alimentos y distribuirlos por todo el mundo continuará siendo esencial.
Para Catalunya, esta apuesta también es estratégica. Más de 3.200 empresas exportan sus productos de manera recurrente a los mercados internacionales, una cifra que continúa creciendo año tras año a pesar de un escenario global marcado por la incertidumbre. Este dinamismo de las compañías catalanas permitió que las exportaciones agroalimentarias catalanas alcanzaran un nuevo récord histórico en 2025, con 16.903,9 millones de euros —según el último informe de Prodeca—. Una cifra que sitúa a Catalunya a la cabeza de las exportaciones agroalimentarias del España, concentrando cerca del 22% del total.
La Unión Europea sigue siendo el principal destino de estas exportaciones y concentra más del 60% de las ventas al exterior. Sin embargo, en los últimos años las empresas catalanas también han ido consolidando su presencia en mercados como Corea del Sur, China, Malasia o Indonesia, abriéndose cada vez más a destinos internacionales.
Este crecimiento, sin embargo, convive en un entorno geopolítico cada vez más inestable. "Un día puedes ser líder y al día siguiente dejar de serlo por una decisión política", ha recordado Fernando Ortega durante la ponencia inaugural. Para ilustrarlo, Ortega ha recordado el impacto de los aranceles del 35% impuestos por Donald Trump a la aceituna negra andaluza, que obligaron a muchas empresas a reorientar sus exportaciones tras perder competitividad en Estados Unidos. Pero, además de los factores geopolíticos, el sector también debe afrontar los efectos del cambio climático, la irrupción de nuevas tecnologías y una competencia internacional cada vez más intensa.
A pesar de los retos, los ponentes han coincidido en una idea: la internacionalización ya no es una opción, sino una decisión estratégica. "Exportar ya no es solo una tarea del equipo comercial, sino una estrategia central para toda la compañía", ha defendido Marta Vidal, consejera delegada de Vallformosa y nueva presidenta de la DO Cava. En su caso, las exportaciones ya representan el 85% de la facturación, una realidad que implica a toda la organización. David Coll, presidente de la sectorial Agroalimentaria de Pimec, de hecho, ha situado la internacionalización como “la gran oportunidad para que una empresa se pueda consolidar a futuro".
Marta Vidal (Vallformosa): "La empresa debe ser consciente de que, si quiere exportar, tendrá que afrontar una serie de sacrificios y riesgos. No todas las compañías están preparadas"
Ahora bien, convertir esta apuesta en una realidad exige preparación. Vidal ha advertido que exportar requiere constancia, recursos y capacidad para asumir riesgos: "La empresa debe ser consciente de que, si quiere exportar, deberá afrontar una serie de sacrificios y riesgos. No todas las compañías están preparadas", ha sentenciado. ¿Qué hace falta, entonces, para que una empresa pueda crecer con éxito en los mercados internacionales? A lo largo de la jornada, los ponentes han coincidido en cuatro grandes ideas clave.
Pisar el mercado antes de vender
Antes de empezar a exportar, hay que conocer bien el mercado al que se quiere llegar. Viajar, pisar, entender la realidad de cada país, reunirse con posibles distribuidores y clientes y observar de primera mano los hábitos de consumo son, según los ponentes, pasos imprescindibles antes de definir una estrategia de internacionalización.
“Es imprescindible viajar por el mundo y entender cómo funciona cada mercado”, ha defendido Vidal, que ha subrayado que más allá del análisis técnico, también hay un componente de intuición para identificar dónde hay oportunidades de crecimiento. Una estrategia que también siguen desde Prodeca, como ha defendido su consejera delegada Delià Perpinyà: la empresa pública adscrita al Departament d'Agricultura, Ramaderia, Pesca i Alimentació de la Generalitat de Catalunya impulsa diversas misiones comerciales para que las compañías catalanas a las que acompañan puedan conocer los mercados de primera mano antes de dar el paso de exportar.
No depender de un país
En un contexto global tan cambiante, los ponentes también han coincidido en la necesidad de diversificar, tanto los mercados como los productos. Coll ha recordado que Catalunya no puede competir por volumen, sino por calidad y especialización. "No producimos ni el 45% de lo que necesitaríamos para alimentarnos nosotros. Por lo tanto, tenemos que llevar nuestros productos a países que valoren este tipo de productos", ha afirmado, citando ejemplos como Corea del Sur, China, Japón, Malasia o Indonesia.
David Coll (Pimec): "Un producto catalán, solo por el hecho de venir de Europa, ya vende, pero tenemos que ser capaces de hablar del territorio, la tradición y el modelo productivo que los sustentan"
El sudeste asiático, de hecho, se está consolidando como uno de los mercados clave para las empresas catalanas en los últimos años. Ahora bien, Perpinyà advierte que la internacionalización debe ser progresiva: “Si te estás iniciando, empieza por Europa”, ha recomendado, defendiendo que los mercados más cercanos permiten ganar experiencia, entender al consumidor y ajustar el producto antes de dar el salto a destinos más complejos. Vidal ha coincidido en este consejo y ha recordado que internacionalizarse no significa estar presente en todas partes, sino concentrar recursos y construir una estrategia sólida a largo plazo.
El valor de explicarse
Pero conocer los mercados solo es una parte de la ecuación. La otra es el producto. O, más concretamente, la capacidad de explicar su valor. Porque la calidad del producto, por sí sola, ya no es suficiente, también hay que saber explicarlo. “Ahora con el Tour de Francia, miles de ciclistas y coches están pasando por la frontera y no saben que están pisando la región del cava. No se lo hemos explicado", ha incidido David Coll.
"Un producto catalán, solo por el hecho de venir de Europa, ya vende, pero tenemos que ser capaces de hablar del territorio, la tradición y el modelo productivo que los sustentan", ha defendido. Una idea que también comparte Perpinyà, que ha recordado que los compradores internacionales ya no solo valoran los precios de los productos, sino también la seguridad alimentaria, la trazabilidad, la calidad y el origen. "Tenemos que ser capaces de destacar la calidad del origen de Catalunya”, ha afirmado.
Un prestigio que, según Marta Vidal, Catalunya tiene todos los ingredientes para construir —clima, gastronomía, cultura y paisaje—, pero que aún tiene que saber comunicar mejor. "Necesitamos seguir creciendo, pero haciéndolo con valor", ha defendido.
El viaje final del producto
Cuando ya se ha definido el producto e identificado los mercados a los que se quiere exportar, el siguiente paso es garantizar cómo se llega a ellos. En este sentido, los ponentes han puesto el foco en otro elemento clave de la competitividad: la logística y toda la cadena de valor que permite que estos productos lleguen a los mercados internacionales. “En Catalunya tenemos todos los ingredientes necesarios para triunfar: producto, innovación, investigación y una gastronomía de prestigio internacional. Pero esto no es suficiente; también hay que tener las herramientas para llegar al consumidor final de la manera más competitiva”, ha defendido Olga Salvador, responsable de clientes y tráfico refrigerado del Port de Barcelona.
“El puerto no puede limitarse a ser un punto por donde pasan mercancías”, ha añadido Salvador, que ha reivindicado el papel de esta infraestructura —junto con otros activos como Mercabarna o el aeropuerto del Prat— como pieza clave para aportar resiliencia y capacidad de adaptación a las empresas. La internacionalización, en este sentido, ya no depende solo de tener un buen producto, sino de ser capaz de articular todo un sistema y una cadena de valor —desde el campo hasta la logística— que permita competir en un escenario global cada vez más complejo.
