Barcelona y el Cercle: la pista donde se corre la carrera de fondo europea sobre financiación y gobernanza

Alfonso Rueda, Salvador Illa, Teresa García Milà i Imanol Pradales al Cercle d'Economia. © Cercle
Alfonso Rueda, Salvador Illa, Teresa García Milà i Imanol Pradales al Cercle d'Economia. © Cercle

La segunda jornada de la Reunión Anual del Cercle d’Economia vuelve a demostrar la capacidad de Barcelona para marcar la agenda política y económica, en una sesión dominada por las tensiones sobrela financiación autonómica y la dificultad europea de avanzar en una larga tensión entre el diagnóstico y la toma de decisiones

(Redactora en The New Barcelona Post)
03 de junio de 2026

Las carreras de fondo no se ganan en los primeros metros, pero sí se pueden perder incluso antes de empezar. Y no solo sobre la pista: también en el entrenamiento, en la capacidad de analizar las propias debilidades y, sobre todo, en la disciplina para corregirlas.

En esta lógica, Barcelona toma esta semana un papel destacado como espacio de entrenamiento político y económico europeo. La Reunión Anual del Cercle d’Economia convierte la ciudad en un punto de encuentro donde se debate cómo Europa debe prepararse para afrontar su propia carrera de fondo: mantener su relevancia en un mundo cada vez más cambiante y competitivo.

Y esta idea —la necesidad de repensar cómo Europa se entrena— ha atravesado toda la segunda jornada del encuentro económico. La sesión ha girado en torno a la gran pregunta que articula la Reunión Anual —Autonomía estratégica de Europa: ¿mito o realidad?, pero a partir de debates concretos que han buscado traducir las grandes cuestiones en decisiones tangibles.

Teresa García Milà, presidenta del Cercle d'Economia, durant la segona jornada de la Reunió Anual.
Teresa García Milà, presidenta del Cercle d'Economia, durante la segunda jornada de la Reunión Anual. © Cercle d'Economia

En esta jornada, ha destacado especialmente el debate sobre el nuevo modelo de financiación autonómica y las prioridades para impulsar la transformación y la competitividad industrial en Catalunya, con la productividad como palanca clave. Dos debates aparentemente locales, pero que, en realidad, apuntan a una misma necesidad: pasar del diagnóstico a la capacidad de ejecutar reformas.

Un atleta sobrediagnosticado y una carrera a contrarreloj

Más allá del ámbito concreto, estos debates apuntan a una misma visión de fondo: Europa está sobrediagnosticada y, en cambio, tiene dificultades para mejorar sus resultados globales. Como un atleta que revisa obsesivamente sus marcas y sus carreras anteriores, pero que no acaba de cambiar los entrenamientos. La receta parece clara —como recogen los últimos informes, como el Letta sobre el mercado único, el Draghi sobre competitividad o el Niinistö sobre defensa—, pero el problema no es tanto saber qué hay que hacer sino como conseguir ejecutarlo.

Esta dificultad para pasar a la acción se produce en un contexto cada vez más exigente, que eleva la presión sobre cada decisión y reduce el margen de error. Europa afronta una auténtica carrera contra el reloj: en menos de dos décadas ha encadenado una crisis financiera, una pandemia, conflictos bélicos dentro y fuera de sus fronteras, una nueva ola de proteccionismo comercial y una revolución tecnológica que amenaza con transformar profundamente diversos sectores económicos. Mientras Estados Unidos y China aceleran, Europa todavía discute cómo debe correr.

Barcelona, kilómetro cero de la carrera

En una carrera de esta magnitud, los límites de la acción individual se hacen evidentes. Ningún Estado miembro, por sí solo, tiene suficiente capacidad para afrontar retos de esta escala en ámbitos como la tecnología, la energía, la defensa o las finanzas. Solo una actuación coordinada entre los 27 países puede permitir que Europa no pierda posición en la escena global.

Pero esta coordinación no se improvisa: necesita espacios donde se pueda pensar, contrastar y empezar a construir. Y es precisamente en este punto donde Barcelona toma protagonismo. Con la Reunión Anual del Cercle d’Economia, la ciudad se consolida estos días como uno de estos puntos de encuentro, un espacio de entrenamiento político y económico donde se ponen en común diagnósticos y se perfilan respuestas con vocación europea. Una función que el encuentro ha ido consolidando a lo largo de más de sus cuarenta años: la capacidad de convertir debates aparentemente territoriales en discusiones con alcance estatal y europeo.

Esta capacidad de influir en la agenda política y económica se ha vuelto a poner de manifiesto en la segunda jornada de la 41ª Reunión Anual. Si el Cercle había programado para este segundo día una mesa redonda sobre el modelo de financiación autonómica, el Gobierno central ha acabado adelantándose al debate con una decisión estratégica: el Ministerio de Hacienda envió este lunes una carta a las comunidades autónomas para retomar las conversaciones sobre un sistema de financiación que acumula más de una década de retraso. Formalmente, el modelo vigente debería haber sido revisado en 2014, pero el proceso no ha logrado hasta ahora los acuerdos necesarios. 

Más que una coincidencia temporal, la secuencia ilustra la capacidad de los debates que se generan en Barcelona de incidir en la agenda política española, o, como ilustraba el presidente del PP, Alberto Núñez Feijóo durante su intervención en la Reunión, la capacidad del Cercle de “reunir a las personas adecuadas en los momentos más incómodos”.

Alberto Núñez Feijóo, o. © Cercle
El presidente del PP, Alberto Núñez Feijóo durante su intervención en la Reunión Anual. © Cercle d'Economia

Tres corredores de resistencia

A pesar de parecer alejado, este debate no deja de ser una forma de trasladar la cuestión de fondo de la Reunión —la autonomía estratégica de Europa— al ámbito territorial. En este marco, la pregunta se hace inevitable: ¿qué autonomía deben tener las comunidades autónomas? El reto no es menor, y tampoco lo son los protagonistas del debate: Salvador Illa, presidente de la Generalitat de Cataluña; Imanol Pradales, lehendakari; y Alfonso Rueda, presidente de la Xunta de Galicia. Tres dirigentes de nacionalidades históricas diferentes que, a pesar de divergir en posiciones políticas, comparten un detalle menor pero ilustrativo: su afición al deporte.

Illa y Rueda, corredores habituales; Pradales, más vinculado al remo. Una afición compartida que, más allá de la anécdota, ha servido a Pau Guardans, vicepresidente del Cercle d’Economia y moderador de la mesa, para definirlos como líderes con “capacidad de sufrimiento y de recuperación” y, por tanto, candidatos a ser buenos entrenadores de esta Europa que debe acelerar en su carrera. En la práctica, sin embargo, el deporte ha resultado ser uno de los únicos puntos de conexión entre tres posiciones que han evidenciado que el acuerdo sobre el futuro modelo de financiación continúa lejos.

Debat entre els presidents autonòmics
Salvador Illa, presidente de la Generalitat de Catalunya; Imanol Pradales, lehendakari; y Alfonso Rueda, presidente de la Xunta de Galicia. © Cercle d'Economia

Durante la mesa redonda, Illa ha defendido que la propuesta del Govern sobre el nuevo modelo de financiación permitiría reducir de manera significativa las diferencias entre comunidades mejor y peor financiadas. Según explicó, el sistema actual presenta brechas de unos 1.500 euros anuales por habitante ajustado entre la comunidad mejor financiada —Cantabria— y la peor —Murcia—. El nuevo modelo, ha añadido, permitiría movilizar hasta 20.000 millones de euros adicionales para reforzar la financiación autonómica y reducir aproximadamente en una tercera parte esta brecha. 

“No queremos ni ventajas ni privilegios, pero tampoco quedarnos atrás”, ha afirmado. Y ha defendido con contundencia que Catalunya “no pedirá permiso para hacer propuestas ni para liderar la reforma de la financiación”. Rueda ha respondido desde el rechazo frontal a este enfoque, que considera fruto de “bilateralidades” entre el Estado y algunas comunidades. “Aquello que es de todos se tiene que decidir entre todos”, ha defendido, advirtiendo del riesgo de una dinámica de “divide y vencerás” en el debate de la financiación.

Por su parte, el lehendakari ha defendido el concierto económico vasco ante las críticas recurrentes al modelo. “Hablar de insolidaridad con el resto de comunidades no casa con la realidad”, ha advertido Pradales, recordando que Euskadi, independientemente de cómo evolucione su recaudación, tiene que satisfacer una cuota fija al Estado. “No podemos recurrir al déficit ni al endeudamiento de la misma manera que otros territorios”, ha remarcado.

El acuerdo, por lo tanto, parece lejos. Pero hay una coincidencia entre los tres presidentes que no es menor: los tres han reivindicado el balance positivo del modelo autonómico construido durante las últimas décadas, porque consideran que ha permitido mejorar la gestión de los servicios públicos y reforzar la capacidad de respuesta de las administraciones.

Salvador Illa a la seva arribada a la Reunió Anual. © Cercle d'Economia
Salvador Illa a su llega a la Reunión Anual. © Cercle d'Economia

Ya fuera de la mesa redonda, Teresa García-Milà ha extendido la llamada al consenso al líder del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo, a quien ha reclamado una implicación activa en la reforma del modelo de financiación, advirtiendo que el PP tiene “una responsabilidad y una oportunidad de contribuir a consolidar la relación con Catalunya basada en el respeto, la cooperación y la diversidad territorial”. Feijóo, por su parte, a pesar de coincidir en la necesidad de abordar una reforma del sistema de financiación autonómico, ha pedido “calma” y “tiempo para sentarse a hablar con las comunidades autónomas”. 

Los indicadores de la victoria europea

El proyecto europeo no se construye solo desde Bruselas, sino desde cada Estado miembro”, ha recordado en su intervención Teresa García-Milà. Por este motivo, desde el Cercle se proponen combinar debates de escala más cercana —como el de la financiación autonómica— con una mirada más amplia hacia el conjunto de Europa.

En esta segunda jornada, esta voluntad de ampliar la óptica se ha hecho aún más visible, con varios debates centrados directamente en los grandes retos del proyecto europeo, desde la revolución tecnológica hasta la seguridad energética. Pero el punto de inflexión de la jornada ha llegado cuando la discusión se ha trasladado del diagnóstico a la evaluación: de las ideas a los indicadores, de los retos a los objetivos medibles a cinco años vista.

Como si Europa fuera una gran organización que tuviera que definir sus KPIs —indicadores clave de rendimiento— a cinco años vista, o como si se tratara de un atleta que fija la marca que quiere alcanzar para considerarse victorioso. En este ejercicio, la mesa redonda sobre competitividad industrial entre Jordi Hereu, ministro de Industria y Turismo, Juanjo Cano, presidente de KPMG España, y Daniel Tugues, director de Veolia España, ha ayudado a dibujar estos objetivos: más presupuesto comunitario para financiar la transformación de Europa, más simplificación administrativa y menos decisiones bloqueadas por la regla de la unanimidad —que obliga a que todos los Estados miembros tengan que estar de acuerdo para que una decisión pueda salir adelante—-.

Jordi Hereu en la seva intervenció al Cercle
El ministro de Industria y Turismo, Jordi Hereu, durante su intervención. © Cercle d'Economia

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Sobre el autor

Ainara Valadez
Ainara Valadez Medina

Redactora en The New Barcelona Post

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