“Europa necesita cambiar”. Con esta contundente advertencia ha iniciado el Cercle d’Economia la Nota de Opinión que marcará el compás intelectual y político de su 41ª Reunión anual, que se celebrará del 1 al 3 de junio repitiendo escenario en el Palau de Congressos de Catalunya. Lo hace en un momento en el que Europa afronta una mutación de fondo: Estados Unidos deja de ser un aliado previsible, China e India reconfiguran los equilibrios económicos globales y la tecnología se ha convertido en un nuevo campo de batalla geopolítico en el que el continente sigue desempeñando, cómodamente, el papel de consumidor. Con el eco todavía reciente del Informe Fènix y del debate sobre las debilidades estructurales de la economía catalana, el Cercle eleva ahora la mirada hacia el futuro europeo con una idea central: la autonomía estratégica “no es un mito, pero tampoco es una realidad” y, en este proceso, España y Catalunya no pueden permanecer como simples espectadores.
La nota, presentada este martes por la presidenta del Cercle, Teresa Garcia-Milà, y el secretario general, Miquel Nadal, defiende que Europa se encuentra ante un doble desafío que obliga a “repensarlo todo”: la reconfiguración geopolítica y la revolución tecnológica. “Este cambio requiere una transformación interna y también externa”, ha resumido Garcia-Milà.
Interna, porque Europa necesita completar de una vez el mercado único y crear grandes campeones europeos capaces de competir con Estados Unidos y China. Externa, porque el continente deberá redefinir sus alianzas y su papel en el mundo. “Europa debe ver cómo puede reforzar su posición y vivir en este nuevo mundo”, ha afirmado la presidenta.
Por ello, la gran apuesta que articula la nota es la construcción de una autonomía estratégica europea que no se limite solo a la defensa, sino que abarque también la energía, la tecnología, las finanzas o la salud. ¿El principal obstáculo? La fractura entre europeístas y euroescépticos y la regla de la unanimidad en ámbitos como la política exterior o la fiscalidad, que siguen limitando la capacidad de acción comunitaria. Ahora bien, ante este bloqueo, el Cercle apunta a coaliciones de Estados —sin requerir unanimidad— dispuestos a avanzar más rápido, tal y como ya ocurrió con el euro, el espacio Schengen o el acuerdo de Mercosur.
¿Una ventana de oportunidad?
Lejos de limitarse a una mirada defensiva, el Cercle defiende que este proceso también abre una ventana de oportunidad para España y Catalunya. “Tendemos a verlo como una amenaza”, ha lamentado Nadal, para defender que tanto Catalunya como España disponen de activos relevantes para convertirse en piezas importantes de la nueva arquitectura industrial europea. Y entre estos activos, la entidad destaca el potencial de las energías renovables, la infraestructura gasista, el despliegue de fibra óptica y 5G, así como la existencia de hubs digitales como Barcelona y Madrid y sectores con grandes fortalezas, como el de la biotecnología y las ciencias de la salud, o la defensa.
Nadal: “Lo que no conseguimos vía productividad lo compensamos con costes más bajos”
Eso sí, pese a las fortalezas o el potencial, el Cercle evita cualquier triunfalismo. De hecho, en la Nota la entidad recuerda que España sigue arrastrando problemas estructurales de productividad, baja inversión en I+D y una dimensión empresarial reducida. “Lo que no conseguimos vía productividad lo compensamos con costes más bajos”, ha advertido Nadal.

En paralelo, la nota incorpora dos cuestiones que, pese a que no protagonizarán ninguna mesa específica de la Reunión, atravesarán buena parte del debate: la inmigración y la vivienda. Para el Cercle, el modelo de crecimiento español de las últimas décadas —basado en aumento de población y ocupación, pero con salarios estancados y baja productividad— necesita una corrección profunda. Y esta pasa por orientar la política migratoria hacia una inmigración “más ordenada y cualificada”, alineada con un modelo productivo de mayor valor añadido.
En cuanto a la vivienda, el documento alerta de que la falta de oferta accesible ya se ha convertido en un factor de exclusión social que afecta directamente a la clase media y pone en riesgo la capacidad de atraer talento. Para escapar de este bloqueo, el Cercle apuesta por fórmulas de concertación público-privada y por ampliar la oferta de suelo edificable con seguridad jurídica para incentivar la inversión.
