La crisis del estrecho de Ormuz ha evidenciado la fragilidad del suministro europeo, en un mundo en que la industria europea quiere ser competitiva a nivel global pese a la falta de recursos del continente respecto a otros mercados, como Estados Unidos y China. La geopolítica, la competitividad y la sostenibilidad encuentran en la energía un punto de intersección, en el que Europa debe tomar un camino, con rumbos como el que se ha definido en la Reunión Anual del Cercle d’Economia en una conversación entre el presidente de Repsol, Antonio Brufau, y el de Naturgy, Francisco Reynés.
“Europa ha basado su estrategia energética al margen de la estrategia industrial, y esto es una auténtica barbaridad”, ha asegurado Brufau en un diálogo conducido por la vicepresidenta del Cercle d’Economia, Carmina Ganyet. “Todo se ha centrado en la sostenibilidad y, en lugar de proteger a la industria, la industria se ha ido a China”, ha añadido Brufau. Así, se da una paradoja: mientras Europa ha reducido sus emisiones hasta representar un 6% del total global, China es el mayor emisor del mundo, con un 30% del total y, aquí, “los europeos somos colaboradores necesarios”. Y es que, como ha destacado Brufau, la regulación de la UE ha llevado a empresas a trasladarse a China, donde todavía el carbón alimenta a la industria.
“No hay autonomía estratégica si no hay un suministro garantizado”, ha añadido Brufau, que ha avisado de que la irrelevancia de Europa en cuanto a las emisiones puede acabar traduciéndose en una irrelevancia económica. En este punto, Reynés ha coincidido en señalar otra paradoja que ronda el ámbito energético: “Nos podremos encontrar con que Europa se va a ir descarbonizando, pero el mundo irá incrementando emisiones, porque el mundo seguirá fabricando y tendrá que traerlo hasta aquí”. En este sentido, como han resaltado, el objetivo de la sostenibilidad debe equilibrarse también con el de la competitividad y el de la seguridad de suministro, ya que los tres están, además, interconectados.
Diversificación, conexión y regulación
Ante estas contradicciones, Europa debe avanzar hacia la autonomía energética, con una estrategia que pasa por la diversificación de fuentes de energía y por reducir la regulación, según han defendido. Y la diversificación pasa, a su vez, por la interconexión entre mercados europeos, ya que “la interconexión permite flexibilidad”. Sin embargo, como ha recordado Reynés, España y Francia solo están conectadas por un gasoducto, mientras que la conexión a través de Catalunya lleva años en espera.
“Nadie toma ventaja de la diversificación de fuentes de suministro, y no hay intercambio porque no hay política energética europea”, ha sostenido Reynés. La diversificación es precisamente lo que sitúa España en una “mejor posición” respecto a otros países europeos ante la crisis de Ormuz, con instalaciones estratégicas como el gasoducto con Argelia, y con más reservas que otros países europeos.
Pese a este diagnóstico, ambos ven señales positivas en la gestión europea: como ha apuntado Brufau, la UE aspira a recuperar músculo industrial y elevar el peso de la manufactura del 14% al 20% de la economía europea. En este camino, “Europa tiene que entender que debe permitir a las empresas competir en igualdad de oportunidades con las del resto del mundo”.

“Tenemos que entender que la política energética y la industrial son parte de un todo. Si no, en diez años Europa seguirá teniendo el mismo peso de la industria”, ha continuado Brufau, que ha invitado a Europa a fijarse en Estados Unidos en cuanto a la gestión de los combustibles fósiles: “Un gran riesgo para Europa mirar a China y no a Estados Unidos”.
Decisiones con criterio, y consecuencias
Ambos han trasladado esta necesidad de abordar la energía desde una mirada industrial a la nuclear: pese al calendario previsto del cierre de las centrales nucleares en Catalunya, han llamado a no tomar ninguna decisión definitiva sin antes hacer un balance de las fuentes disponibles, después de que el ritmo de puesta en marcha de nuevas infraestructuras no haya sido el previsto.

Y es que, para la toma de decisiones, es básico “tomarlas con criterio, y explicar las consecuencias”, según Reynés, algo que ha trasladado también a las instancias europeas. “Europa puede tomar las decisiones que considere, pero las tiene que explicar y no engañar. A nadie se le exige acertar, pero sí tomar las decisiones con buen criterio, y explicarlo”, incluso cuando una decisión lleva a la pérdida de competitividad y a la reducción del peso industrial: “Lo que no se puede hacer es tomar decisiones sin pensar en las consecuencias”.
Así, las decisiones con criterio, la diversificación y una regulación que no entorpezca la competitividad son claves en el camino hacia la soberanía energética europea para Brufau y Reynés. Es una pieza de la gran pregunta que se hace el Cercle en esta edición: Autonomía estratégica de Europa, ¿mito o realidad?, que pone el foco en campos cruciales para Europa para ir esbozando la hoja de ruta para dejar atrás el mito e ir a por la realidad.
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