Los cruceros se convirtieron en moneda de cambio en el pleno del Ayuntamiento de Barcelona de la semana pasada. Gracias a los votos de Junts y ERC —a cambio de un plan de sombras y más ayudas para actividades extraescolares y refuerzo educativo— dieron por aprobado el aumento progresivo de la tasa turística de los cruceristas de escala, que pasará de los 4 euros actuales a 24 euros en 2030. El gobierno de Jaume Collboni en la ciudad ha estado marcado por devolver la Barcelona a los barceloneses y políticas como estas se cuecen con la esperanza de reducir el impacto —que no el número— de turistas que acoge la capital catalana. Este incremento no ha pasado desapercibido para ninguno de los actores afectados por los cruceros. De hecho, se ha criticado por los favorables a la llegada de cruceristas y por los detractores de esta clase de turismo, todos, pero pivotan sobre el mismo punto: ¿Por qué solo los cruceristas de escala? ¿Qué diferencia un turista de calidad, de uno tradicional?
El cierre del ejercicio anual 2025 del Port de Barcelona confirmó que la cifra de cruceristas acumulados en la capital catalana era de 3,9 millones, un 9,4% más que en el año 2024. Estos datos, sin embargo, hablan de todo el sector de cruceros en general, no solo los de escala. En concreto, los cruceristas que deberán pagar más en Barcelona progresivamente hasta 2030 son aquellos que no pernoctan, ni hacen vida, es decir, llegan con su crucero a una hora y esa misma tarde vuelven a marcharse. En cambio, los cruceristas base, aquellos que salen o llegan desde la capital catalana no se ven afectados por la normativa. "Es un lavado de manos por parte del Ayuntamiento", asegura a The New Barcelona Post, Daniel Pardo, miembro de la plataforma Stop Creuers. Para la entidad a la que pertenece, no debería haber diferencias entre cruceristas, sino la reducción real de este tipo de turismo —y de todo el turismo barcelonés en general—. Pardo explica, pues, que poner esta tasa solo a los cruceristas de escala y no a los cruceristas de base es una manera de hacer crecer unos en detrimento de los otros: "Es para tener una clase de turista que pasa más tiempo en Barcelona", dice y añade que "es lo que ellos llaman de calidad".
La clave que explicaría la diferencia que hace el ayuntamiento entre cruceristas —a parecer de los expertos consultados— es el concepto de turismo de calidad. En este sentido, suponen que el crucerista de base se está más tiempo en Barcelona y se gasta más dinero, lo cual lo podría calificar de turista de más calidad. Ahora bien, Joaquim de Toca, portavoz de Welcome Ashore, una coalición global, dirigida por voluntarios a la que apoya Royal Caribbean Group, que da voz a las comunidades locales afectadas por el turismo de cruceros, afirma que "el turista de cruceros es turista de calidad". En este sentido, De Toca tampoco acaba de entender la normativa de Collboni, pero a diferencia de Pardo, no es porque crea que se debe reducir a todos los cruceristas, sino porque según los datos que aporta, estos solo son el 2,4% de los turistas que llegan a Barcelona: "Los cruceros no son el punto más preocupante". Aparte, también comenta que no entiende esta división entre clases de cruceristas, porque con la nueva tasa, los cruceristas de escala "son los únicos turistas que pagan y no duermen en la ciudad".
Joaquim de Toca (Welcome Ashore): "El turista de cruceros es turista de calidad"
Así pues, por un lado, desde Stop Creuers creen que Collboni ha querido acercarse a su postura, pero "desde el lado erróneo", dice Pardo, ya que confirma que esta tasa no "reducirá los cruceros". Además, recuerda que no se trata de elegir qué tipo de cruceristas son mejores: "No queremos entrar en buenos y malos, los tenemos que reducir", remata el miembro de la plataforma. De Toca, en cambio, ve el movimiento del Ayuntamiento como una posible estrategia. "No sé si lo han hecho porque en breve habrá elecciones", reflexiona el portavoz de Welcome Ashore, quien además repite que los cruceristas no son el problema principal de la ciudad: "No se superponen con los picos de turismo tradicional de Barcelona y están muy desestacionalizados", repasa De Toca.
Los gastos de los cruceristas en la ciudad
Los turistas que pisan Barcelona también se gastan dinero. De esta manera, el portavoz de Welcome Ashore pone sobre la mesa las necesidades de todo el comercio y restauración que vive del turismo. Además, habla en el caso específico de los cruceros y asegura que "tienen un impacto transversal", ya que se crean escuelas de formación de personal de cruceros en la capital catalana y los barcos compran provisiones de material, comida y bebida del puerto barcelonés. "Con esto no se puede jugar, hay mucha gente que vive de esto", remarca De Toca. Desde su perspectiva, hay más beneficios en los cruceros que desventajas y confirma que políticas como esta hacen quedar mal a los cruceristas: "Desde la época de Ada Colau que se les está demonizando".
Pardo niega que las ventajas ganen a los inconvenientes y resuelve que la normativa solo aplicada a los cruceristas de escala no ayudará a paliar la gentrificación que sufre la ciudad. También reconoce que si el ayuntamiento quisiera una estrategia real, "afirmaría que quiere reducir el impacto". Así pues, para Stop Creuers, "solo buscan reducir el malestar". Paralelamente, Pardo recuerda que los cruceristas, sobre todo los de base, también utilizan aviones para llegar a Barcelona y se quedan unos días, lo cual para ellos no es "ni turismo de calidad, ni sostenible". Una opinión que no comparte De Toca, quien pone en la columna de ventajas estas combinaciones con el aeropuerto.
Choque por la vivienda
Sin duda, el punto más comentado es la crisis de la vivienda. Según las estimaciones de Pardo, los cruceristas de base, aquellos a los que de momento no se les aplicará la nueva normativa, pasan días en la capital catalana y "presionan más la situación de la vivienda". Para Stop Creuers, pues, no se puede llegar a solucionar el derecho a la vivienda, si antes no se reduce de verdad el número de turistas —en este caso, cruceristas de base— que cada año visitan Barcelona. De Toca, por su parte, niega que la mayoría de los cruceristas de base se queden en alojamientos de temporada de la capital y concreta que "según los estudios que hemos podido ver, casi todos se quedan en hoteles".
Daniel Pardo (Stop Creuers): "Presionan más la situación de la vivienda"
En definitiva, Collboni quiere turismo de calidad y esta tasa es la manera que tiene de buscarlo. Aun así, ni los detractores ni los favorables a los cruceros ven claro que la tasa tenga el efecto deseado. De hecho, Pardo va más allá y lamenta que sea una normativa para intentar calmar a los vecinos de la capital catalana, ya que —para su plataforma— es una manera de tranquilizar a la población para continuar "fomentando el turismo": "Quieren calma porque el turismo no puede vivir en medio de crispación", concluye.
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