Barcelona y el mar son dos elementos inseparables. El Mediterráneo que baña la ciudad no es solo su horizonte natural, que modela el relieve, la orografía y el clima, sino también un motor clave para la capital catalana. Durante siglos, el puerto y la actividad marítima han sido fundamentales en el desarrollo de la ciudad y de su modelo económico. Hoy, esta relación entre Mediterráneo y crecimiento económico se redefine bajo un nuevo paradigma: la economía azul, un sector estratégico tanto para la ciudad como para Catalunya, que convierte el mar en un espacio de innovación, sostenibilidad y crecimiento.
Precisamente en los últimos años, Barcelona está reforzando su liderazgo europeo en este sector, con anuncios como la elección de la ciudad como sede de la Unesco para liderar la economía azul a escala mundial, o la reconversión de los antiguos tinglados de Sant Bertran del Puerto de Barcelona en un gran hub de innovación marítima. Este liderazgo se consolida ahora con la creación, en Cornellà de Llobregat, de la Universidad Marítima Europea, el primer centro de estas características en toda Europa, que busca situar el área metropolitana como un polo de conocimiento y talento vinculado al mar.
El nuevo centro universitario surge como respuesta a un sector estratégico y, a la vez, diverso, que abarca desde las energías renovables —como los parques eólicos marinos o los paneles fotovoltaicos flotantes— hasta la acuicultura, la pesca y el aprovechamiento sostenible de los recursos marinos. Pero su alcance va más allá, incluyendo también la biotecnología azul, el transporte marítimo y de mercancías, la construcción y reparación naval, el turismo costero y, cada vez con mayor relevancia, la defensa, la seguridad marítima y la ciberseguridad, ámbitos a menudo invisibles pero plenamente estratégicos.
La gran diversidad del sector explica también su magnitud: en Catalunya, el sector ya concentra más de 1.078 empresas, da empleo a más de 23.800 personas y factura más de 5.556 millones de euros, según el último informe de Acció. Los datos reflejan, por tanto, un sector dinámico y en crecimiento, ya que cerca del 38% de las empresas tienen menos de una década de vida, un indicador claro de su potencial innovador.
Y, a pesar de ello, el sector aún no ha desplegado todo su potencial. “Catalunya no está aprovechando suficientemente el impulso de la economía azul”, alerta Iolanda Piedra, presidenta del Clúster Català d’Economia Blava, en una entrevista con The New Barcelona Post. Actualmente, la economía azul representa el 4,3% del PIB de la ciudad y el 1,4% de los puestos de trabajo, pero Piedra subraya que su importancia no puede entenderse únicamente a partir de los indicadores macroeconómicos: “también hay que medir su impacto ambiental, social y territorial”. En este sentido, la presidenta del Clúster Català d’Economia Blava enfatiza que el sector aún enfrenta grandes retos para aprovechar plenamente su impulso.
El gran reto: atraer y formar talento azul
Uno de los principales desafíos de este sector es el talento. O, más bien, su ausencia. “El sector de la economía azul sufre un déficit estructural de profesionales cualificados, desde mano de obra hasta perfiles técnicos”, señala Piedra. “Desde el sector, esta falta de talento ya se ha convertido en un grito de alerta: sin estos profesionales, en pocos años será imposible construir o reparar barcos, desarrollar proyectos de energía sostenible o garantizar el funcionamiento de puertos e infraestructuras marítimas”, advierte.
Es en este contexto que nace la Universidad Marítima Europea de Barcelona (UMEB), fruto de las demandas del sector y de la colaboración público-privada que ha hecho posible este proyecto pionero. Impulsada por el Ayuntamiento de Cornellà de Llobregat —una ciudad que, curiosamente, no tiene mar, pero sí una ubicación estratégica por su proximidad al Puerto de Barcelona y a otras infraestructuras clave— y la Federación Española de Empresarios del Mar (IVEAEMPA), la UMEB se proyecta como la primera universidad especializada en economía azul de toda Europa.
El campus ocupará unos 4.000 metros cuadrados cedidos por el consistorio y prevé una gestión privada con apoyo e impulso público. Su modelo es innovador: tres edificios integrados —universidad, FP dual y espacio de conexión empresarial— que permitirán la convivencia de estudiantes de diferentes niveles formativos, al mismo tiempo que se fomenta el aprendizaje práctico y se fortalece la conexión entre empresas y universidad. “El proyecto no es solo una apuesta por la economía azul: también es una apuesta por dignificar la formación profesional”, integrando ciclos formativos y estudios universitarios en un mismo campus.
La UMEB orientará su oferta a los diez grandes ámbitos de la economía azul: acuicultura, pesca, turismo costero, transporte marítimo, puertos, construcción y reparación naval, energía azul, biotecnología azul, minería submarina y defensa y seguridad marítima. Entre los grados universitarios previstos se incluyen, por ejemplo, Ingeniería Marina o Gestión Portuaria, mientras que en los ciclos formativos destacan títulos como acuicultura o construcción y reparación naval. El objetivo es que los másteres y posgrados complementen la oferta con programas específicos en materias como parques eólicos marinos o biotecnología marina.
El objetivo es desplegar el campus completo, integrado por los tres edificios, a lo largo de la próxima década —iniciándose su construcción en 2027—, aunque se prevé que, en un plazo de dos o tres años, el centro ya pueda lanzar sus primeros programas formativos en línea. Asimismo, dado que se trata de un modelo desarrollado por la Federación Española de Empresarios del Mar, con la colaboración de los distintos clústeres regionales que la integran, la meta a largo plazo es que este modelo pueda replicarse en otras regiones marítimas, con la creación de sedes especializadas, expandiendo la presencia de la UMEB por todo el Estado.
Más allá del talento: paridad y nuevos modelos turísticos
Más allá del talento, la economía azul afronta otros retos estructurales. Para Iolanda Piedra, uno de los más urgentes es la paridad. La presencia femenina sigue siendo residual en muchos subsectores de la economía azul —especialmente en actividades como el transporte marítimo o la pesca, aún muy masculinizadas—. "En algunos subsectores, la participación de la mujer no llega ni al 5%, mientras que la brecha salarial supera el 40%, sin mencionar la presencia de mujeres en cargos de responsabilidad", lamenta Piedra. Con el objetivo de avanzar en este aspecto, Catalunya será este año sede del Congreso Internacional Marítimo de la Igualdad, del que debería surgir un observatorio europeo que permita analizar, medir y visibilizar la aportación de las mujeres al sector, ya que, hasta ahora, las cifras europeas no están segregadas por género.
Piedra también señala otro de los grandes retos que afronta el sector: repensar el modelo turístico vinculado al mar. El desafío pasa por diversificarlo: ir más allá del turismo de sol y playa y apostar por nuevas rutas marítimas que "integren patrimonio, cultura y sostenibilidad". En este sentido, la Red de cruceros fluviales y marítimos, de la que forma parte el clúster catalán, trabaja para crear rutas fluviales en regiones como las Terres de l’Ebre o las Baleares, que permitan "descongestionar las principales rutas turísticas y diversificar la oferta", apunta Piedra.
Además de diversificar el modelo turístico, para la presidenta del Clúster Català d’Economia Blava, el sector también necesita ampliar su mirada y apostar por nuevas áreas en crecimiento, hasta ahora poco explotadas, como la biotecnología azul o las tecnologías vinculadas a la defensa, la seguridad marítima o la ciberseguridad. Con todo, sin embargo, Piedra se muestra optimista: ya que, aunque el sector afronta grandes retos, también presenta "oportunidades mayúsculas" que pueden ser aprovechadas gracias a proyectos pioneros como el de la Universidad Marítima Europea de Barcelona, que tiene el desafío de preparar a los profesionales que dibujarán el futuro de este sector estratégico para la ciudad, el área metropolitana y el conjunto de Catalunya.