Los tinglados de San Bertran, construidos entre 1965 y 1966, han sido testigos de la evolución del puerto durante décadas. Diseñados originalmente para el almacenamiento y la logística portuaria, fueron quedando obsoletos con el avance tecnológico y los cambios en las dinámicas comerciales. Sus últimos ocupantes fueron la sociedad Mooring de amarradores y la empresa Sal Costa, dos actividades ya desaparecidas del muelle. Lejos de optar por su demolición, como se hizo en su día con el gran edificio frigorífico de Interfrisa, en el mismo muelle, el proyecto apuesta por la reutilización y la modernización de estas estructuras, en línea con los principios de la economía circular.
Con una inversión que rondará los 60 millones de euros y las obras adjudicadas a COMSA y VOPI4, los 25.000 metros cuadrados de los tinglados se transformarán en un gran hub de innovación dedicado a la economía azul. La ejecución, prevista en un plazo de 28 meses, permitirá que el Blue Tech Port esté operativo en 2028 y aspira a convertirse en uno de los referentes europeos en tecnologías sostenibles vinculadas al ámbito marítimo. Según las previsiones, el complejo podrá acoger hasta 2.500 profesionales.
¿Qué pasará?
Pero ¿qué es exactamente el Blue Tech Port? Impulsado por el Puerto de Barcelona en colaboración con Tech Barcelona y desarrollado ahora junto a World Trade Center Barcelona (la empresa conjunta del puerto y FCC), el proyecto se concibe como un ecosistema para startups, scaleups, aceleradoras e instituciones especializadas en innovación azul. En los tinglados se desarrollarán soluciones tecnológicas para sectores tradicionales como la pesca, el transporte marítimo o la logística portuaria, con un foco claro en la sostenibilidad: energías renovables marinas, sistemas de monitorización ambiental, digitalización e inteligencia artificial aplicada a la gestión portuaria.
El Blue Tech Port, sin embargo, no será solo un edificio. Su ambición es ser el epicentro de un ecosistema que desborde los límites del muelle de San Bertran y convierta el conjunto del puerto en un gran banco de pruebas. De hecho, algunas de las empresas ya instaladas están testando prototipos y soluciones en condiciones reales, utilizando tramos habilitados del muelle Barcelona Nord, donde hasta hace meses atracaban los cruceros más pequeños. Un modelo de sandbox portuaria que se irá escalando progresivamente al resto del recinto.
En su fase embrionaria, iniciada en el Pier01 del Palau de Mar junto al Museu d’Història de Catalunya, el Blue Tech Port arrancó con un puñado de empresas emergentes. Hoy ya son 25 las compañías que forman parte de este ecosistema, fomentando sinergias y colaboraciones orientadas a la transición ecológica. Su futura ubicación, entre el límite urbano de Barcelona, el puerto y la montaña de Montjuïc, no es casual: el proyecto busca reforzar la conexión entre la ciudad y su litoral, integrándose con la futura ampliación del Moll de la Fusta y abriendo un poco más el recinto portuario a la ciudadanía.
Lo que pretende es la “humanización” de esta zona. Lo que hasta ahora era un enclave funcional, cerrado y eminentemente industrial se convertirá en un espacio más permeable, con zonas verdes, áreas de encuentro y una programación abierta al público. Oficinas colaborativas, laboratorios de I+D y espacios de networking convivirán con la actividad portuaria, generando empleo cualificado, atrayendo inversión internacional y consolidando a Barcelona como uno de los polos de referencia de la economía azul.
B720, los arquitectos
La arquitectura juega un papel clave en esta metamorfosis. El proyecto lleva la firma del estudio B720, liderado por Fermín Vázquez y Ana Bassat, ganadores del concurso para el diseño del Blue Tech Port. El nombre del estudio no es casual: hace referencia al sistema de clasificación decimal Dewey, utilizado en bibliotecas de todo el mundo, que asigna el número 720 a la arquitectura, situándola entre la tecnología y la literatura. Una declaración de intenciones que resume bien su manera de entender la disciplina: conocimiento, funcionalidad y creatividad al servicio del entorno.
B720 apuesta por destacar lo que ya existía: la estructura y la volumetría original de los tinglados. El proyecto preserva su identidad portuaria al tiempo que introduce una imagen contemporánea y tecnológica. Un nuevo volumen en forma de cubo emergerá sobre la cubierta existente, flotando en el horizonte y estableciendo un diálogo entre el patrimonio industrial de los 60 del siglo pasado y la intervención contemporánea.
No es la primera vez que Vázquez y su equipo trabajan en contextos portuarios o infraestructurales. En su trayectoria figuran proyectos como el Aeropuerto de Alguaire, en Lleida; el emblemático Veles e Vents del puerto de Valencia, diseñado junto a David Chipperfield; las estaciones ferroviarias de Chamartín, La Sagrera y Gijón; el Mercado de los Encantes o intervenciones urbanas como la Plaza del Torico en Teruel. En Barcelona, B720 ha participado también en proyectos de gran escala como la Torre Agbar, junto a Jean Nouvel, o el futuro Spotify Camp Nou, concebido como un estadio más sostenible y abierto a la ciudad.
¿Cómo será?
El Blue Tech Port se articulará como un sistema flexible de espacios de trabajo organizados alrededor de una secuencia de plazas interiores interconectadas. Estos espacios favorecerán la entrada de luz natural, la ventilación cruzada y la orientación, generando un entorno saludable y adaptable. La intervención en la cubierta permitirá mejorar la circulación y la accesibilidad, así como facilitar el mantenimiento del edificio.
La sostenibilidad es uno de los ejes centrales del proyecto. El edificio incorporará medidas de eficiencia energética, uso de materiales responsables y sistemas para optimizar la iluminación natural, la ventilación y la gestión del agua. El objetivo es alcanzar unas emisiones de CO₂ prácticamente nulas mediante paneles solares, sistemas de cogeneración y el aprovechamiento del agua de lluvia.
El Blue Tech Port será un hilo conductor que conecta distintas geografías y temáticas: del aeropuerto de Lleida al puerto de Valencia, del fútbol al mar, de los rascacielos a los mercados y de la infraestructura a la innovación. Un revival retrofuturista de unos tinglados de 1965 en el muelle de San Bertran, orientados a la economía azul y con el mar y los buques como telón de fondo.
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