Se atribuye a Oscar Wilde la frase de que la moda es el mejor espejo de la realidad. Un pensamiento que invita a dirigir una mirada nada superficial a un fenómeno tan complejo como el de la moda en el que converge estética, imaginario, creatividad y negocio.
En Barcelona, la encargada de visibilizar la industria creativa y económica de la moda es la pasarela 080. Este pasado lunes se inauguró la 38 edición con la energía y ganas que la caracterizan. En la rueda de prensa que tuvo lugar el pasado 30 de septiembre se presentaba las novedades y hoja de ruta del proyecto se sentaban por primera vez juntos Ayuntamiento de Barcelona y Generalitat de Catalunya uniendo fuerzas y talento para llevar a cabo la misión de dar oxígeno a la industria de la moda en Catalunya, mostrando ante público especializado y prensa la selección de creadores por parte de 080, y desde el Ayuntamiento a través del proyecto PLEC, una iniciativa que pone el acento en la dimensión cultural de la moda a través de los proyectos nacidos aquí, en Barcelona.
Un giro inteligente para integrar todo lo que la moda supone como fenómeno cultural que incluye proyectos editoriales, fotógrafos, estilistas, periodistas, directores de arte y un largo etc... de profesiones liberales y creativas. Una toma de tierra de una realidad que se teje en Barcelona desde hace décadas, en gran parte surgida del emprendimiento independiente y que de manera casi milagrosa ha sobrevivido (a veces no) a las diferentes crisis que ha sufrido la industria, no solo en Barcelona ni en Catalunya, sino que a nivel europeo y global.
Cuestión de espacio
Si la realidad es golpeada por diferentes tsunamis económicos, el siglo XXI ha sido atravesado por varios episodios críticos, la moda no escapa a ello. Del mismo modo tampoco lo hace a los retos que surgen en un mundo en fase de transformación (o mutación) que intenta encontrar el equilibrio entre el pasado y el futuro; el oficio y la tradición con una revolución tecnológica de dimensiones épicas como telón de fondo; entre el fast fashion inundando calles y armarios y la moda sostenible, la ambición de lo global y la reivindicación de lo local, en un mundo en el que la tendencia en las últimas décadas ha sido la progresiva concentración en grandes grupos; la industria automovilística, farmacéutica, tecnológica o del lujo son ejemplo de ello. En este panorama la pregunta de qué oportunidades tiene lo pequeño, o no tan grande, en un mundo de gigantes que no solo controla el mercado, sino también la narrativa, espacios como el 080 e iniciativas como PLEC cobran sentido, al fin y al cabo, para que algo exista y crezca, ya sea una planta, una idea o un proyecto necesita espacio.

La ley del deseo
Llamar la atención en un contexto en el que los altavoces de las grandes marcas internacionales que controlan la narrativa a través de la publicidad en medios, redes y sus embajadores, los influencers (estos últimos también en proceso de transformación), es otro de los retos a los que se enfrenta la moda. Cómo generar deseo desde lo pequeño: aquí la cuestión del espacio vuelve a ser relevante, y no solo pensando en los grupos de lujo, sino también en el fenómeno, históricamente más reciente, de una moda accesible en la que se han educado varias generaciones. En este contexto, es importante reflexionar sobre la diferencia entre precio y valor, un debate en el que vale la pena detenerse para dotar al consumidor de herramientas que le permitan comprender y transmitir qué hay detrás de una prenda o un accesorio en términos de creatividad, técnica, pericia y, en definitiva, oficio, y cómo todo ello repercute en el precio. Un reto en un país en el que se ha conquistado el mercado internacional con marcas de referencia que han basado su modelo de negocio en llevar a las masas, a precios asequibles, el sueño de la moda.
Dejar espacio para que se muestre, comunique y conozca lo particular es quizá hoy en día más necesario que nunca. En cada propuesta "independiente" o de autor se traslada un mensaje en el que el oficio, la tradición, la imaginación y la creatividad entran en la conversación de manera más limitada y privada, pero no por ello menos necesaria. Desde las firmas que trabajan con la segunda vida de las cosas hasta las que se centran en una colección por año o las que piensan en la diversidad anatómica y, por tanto, en la belleza. En definitiva, aquellas que hablan con voz modulada y proponen un ritmo menos vertiginoso en la experiencia de compra y en la relación con la prenda, para iniciar un recorrido menos efímero. Un vínculo emocional y, por supuesto, estético. Un ensayo de un nuevo dialecto en el que la moda se hable también en términos de cultura y sea capaz de desacelerar el tiempo y bajar el nivel de voracidad del consumo, para escuchar historias interesantes que hablan de identidad, experiencia y deseo.
Añadir The New Barcelona Post como fuente preferida de Google de forma gratuita
Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.


