Sin azúcar, con Miralda

Algunos de los productos "con" o "sin" dentro del Sant Stomak
Algunos de los productos "con" o "sin" dentro del Sant Stomak

¿Qué dicen las etiquetas de los alimentos sobre nuestros miedos y deseos? Lo descubrimos en el taller de Antoni Miralda durante la celebración del Sant Stomak 2026

27 de octubre de 2026 - 05:30

"No hay pan para tanto chorizo", advierte uno de los carteles escondidos en el taller barcelonés de Antoni Miralda. La frase podría pasar por un dicho popular si no fuera porque, en el universo de este artista, casi nada es tan inocente como parece. Una silla lleva inscritas las palabras "grasa y deseo". En otro rincón, una corona monumental de la Estatua de la Libertad, atravesada por mazorcas de maíz y pimientos, vuelve a iluminarse durante unas horas.

Hace décadas que Miralda utiliza la comida para hablar de casi todo aquello que queda fuera del plato. Del poder, de la identidad, de las migraciones, de la religión, del consumo y de las contradicciones de una sociedad que ha convertido una de las necesidades más elementales en un territorio cada vez más cargado de significados.

El Sant Stomak 2026 encontró en su taller barcelonés un escenario a la altura de su particular santidad. Nacido del universo de FoodCultura, la fundación dedicada a explorar las relaciones entre alimentación, arte y antropología, este santo gastronómico convocó a sus fieles con una misión aparentemente sencilla: entrar en un supermercado, escoger un producto y llevarlo al taller con una única condición. La etiqueta debía contener alguna declaración encabezada por las palabras "sin" o "con". Dos preposiciones insignificantes en apariencia, pero capaces de revelar buena parte de nuestros miedos, deseos y contradicciones.

El resultado fue un inventario muy curioso. Cereales sin aromas artificiales, quicos sin aceite de palma y cervezas sin alcohol o sin filtrar. Zumos con vitaminas A, C y E, pero sin azúcares añadidos. Proteína en polvo con sabor a Cacaolat, perfecta para milenistas de gimnasio. Aceitunas con hueso y sin hueso, galletas sin azúcar y otras enriquecidas con hierro, además de bebidas con colágeno, una tendencia que, por extraño que parezca, también empieza a hacerse un hueco en los bares. ¿Mi preferida? Una bebida que anunciaba con orgullo la presencia de 100.000 microorganismos vivos. Sí, 100.000.

La industria alimentaria parece empeñada en ofrecernos un mundo en el que todo está mejorado, enriquecido, purificado, reducido o corregido.

Pero lo más interesante no era ninguno de aquellos productos por separado, sino verlos todos juntos. Como si los alimentos hubieran dejado de ser suficientes por sí mismos y tuvieran que justificar constantemente qué contienen o qué les han quitado. La industria alimentaria parece empeñada en ofrecernos un mundo en el que todo está mejorado, enriquecido, purificado, reducido o corregido. Y, en medio de aquel inventario de virtudes y ausencias, alguien había dejado una caja de Ozempic. ¿El Ozempic es un producto "con" o "sin"?

La pregunta llevaba aquella misma lógica un paso más allá. Al fin y al cabo, quien no tiene una buena dosis de colágeno, unos niveles de hierro impecables o un cuerpo delgado es porque no quiere. Y yo no descartaría que pronto encontráramos etiquetas "GLP-1 friendly" en los estantes de los supermercados.

La corona que presidia L'Internacional Tapes Bar & Restaurant de Nova York
La corona que presidia L'Internacional Tapes Bar & Restaurant de Nova York -

Pero las ofrendas alimentarias eran solo una parte de la celebración. También estaban los mantras electrónicos de Ramón Faura/Cuerno y un aperitivo bastante insólito: una pastilla de 500 miligramos de carbón activado, libre de organismos modificados genéticamente, gluten y disolventes.

La artista Alicia Ríos, por su parte, acabó recubierta de etiquetas donde se leía "con gusto", "sin placer", "con aire" o "sin miedo". Las mismas palabras que en el supermercado sirven para vender alimentos se convertían aquí en declaraciones sobre la vida, el cuerpo y las emociones.

Las mismas palabras que en el supermercado sirven para vender alimentos se convertían aquí en declaraciones sobre la vida, el cuerpo y las emociones.

Mientras tanto, las huellas de otras celebraciones y aventuras artísticas siguen presentes en el taller. Entre los 100.000 documentos -aquí sí- que llenan el espacio, se puede reconstruir una trayectoria difícil de clasificar, con creaciones tan singulares como el Honeymoon Project, en el que Miralda imaginó una historia de amor entre la Estatua de la Libertad y el monumento a Cristóbal Colón, o El Internacional, el restaurante que impulsó junto con Montse Guillén en el Nueva York de los años ochenta.

El Sant Stomak de la Fundació FoodCultura
El Sant Stomak de la Fundació FoodCultura 

Entre todas estas iniciativas, el Sant Stomak ocupa un lugar particular. Viaja, protagoniza procesiones, recibe ofrendas y adopta nuevas formas en cada lugar donde llega. Más que ofrecer respuestas, parece dispuesto a multiplicar las preguntas. Después de una tarde con él, cuesta volver a mirar las etiquetas de la misma manera. Al fin y al cabo, quizás explican menos cosas sobre los alimentos que sobre nosotros mismos.

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Anna Torrents
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