En 1882, se plantó la primera piedra de la Sagrada Família. Templo que, desde entonces — y todavía hoy, 144 años después—, se ha convertido en uno de los símbolos indiscutibles de Barcelona, y a la vez, una de las edificaciones que más expectación ha generado entre barceloneses y extranjeros. Expectación generada, sobre todo, por la eterna pregunta de cuándo finalizarán sus obras y se podrá contemplar el edificio sin grúas. Una pregunta para la que la Junta Constructora prefiere no aventurar una respuesta definitiva, situándola ahora alrededor de 2035, aunque sin tener en cuenta la controvertida escalinata que afecta a diversos bloques de pisos.
Pese a que ahora el horizonte temporal se establece en diez años, la junta se muestra prudente, especialmente después de lo aprendido durante la pandemia, cuando su irrupción y su efecto sobre el turismo —la mayor fuente de financiación de las obras— hiciera retrasar drásticamente las previsiones de finalización. Previsiones que, antes de la pandemia, se fijaban en un año clave: 2026, coincidiendo con el centenario de la muerte de su artífice, Antoni Gaudí. A las puertas de esa efeméride, la fecha se ha retrasado, por lo menos, hasta 2035.
Aunque durante el homenaje a Gaudí el templo no podrá lucir sin grúas, tal y como la Junta Constructora hubiese querido, para entonces sí que estará finalizada la Torre de Jesús, la más alta de todas, hito que permitirá que la Sagrada Família alcance su cúspide. Una torre que se inaugurará —ya sin andamios— el 10 de junio de 2026, coincidiendo exactamente con el día en el que se cumple un siglo de la muerte de Gaudí.
De momento, las obras de este elemento avanzan a buen ritmo, según ha explicado su arquitecto director, Jordi Faulí, con todos los elementos, llegados directamente desde Alemania, ya preparados para empezar a montar la cruz que corona esta torre. Por ahora, a la espera de instalar la cruz final durante el próximo año, la Sagrada Família ya ha alcanzado los 155 metros, logrando convertirse en el edificio más alto de la trama urbana de Barcelona, superando por primera vez a la Torre Mapfre y el Hotel Arts.
Cuando la cruz que corona la Torre de Jesús esté instalada, previsiblemente a principios de año, el edificio medirá 172,5 metros y se convertirá, así, en el edificio religioso más alto de toda Europa. Sin embargo, hasta junio de 2026 este elemento no se podrá contemplar sin andamios, haciendo coincidir su inauguración con la celebración de la misa solemne por el centenario de la muerte de Gaudí el 10 de junio. Una misa solemne que confían que esté presidida por el actual Papa León XIV. Por ahora, desde el templo han enviado la solicitud formal al Vaticano y esperan tener respuesta este mismo mes, para que se puedan repetir imágenes como las de 2010, cuando el entonces Papa Benedicto XVI consagró la Basílica.
No será el único acto que el templo tiene preparado para homenajear a su artífice, con un programa extenso que incluye una treintena de actos bajo el título El sueño de un genio. Así, también estrenarán exposiciones como 1925-2025. Cien años de la finalización de la Torre de Bernabé o La Sagrada Família y Barcelona. 144 años de camino compartido, además de celebrar recitales musicales o conferencias para reivindicar su historia y transcendencia. El templo tampoco quiere vivir de espaldas a la ciudad y será protagonista en varios eventos que se celebran durante el próximo año en la ciudad, como la celebración de la Capitalidad Mundial de la Arquitectura o el Tour de Francia, que realizará la presentación por equipos delante de su impotente fachada.
Todo, sin olvidarse de la forma más importante de homenajear a Gaudí: mantenerse fieles al proyecto arquitectónico originario y hacerlo realidad. Así, habiendo finalizado la Torre de Jesús en junio de 2026, sus impulsores deberán plantearse cómo se organizan las visitas hasta la base de la cruz que corona esta torre que actúa de imponente mirador. La base de esta cruz será visitable y desde ella se podrá contemplar el Agnus Dei, rodeado de unos rayos de luz celestiales, que se instalará en medio de la cruz, tal y como lo ideó Gaudí. Unas visitas que no podrán realizarse antes de 2027 y que deberán gestionarse en grupos pequeños, sobre todo teniendo en cuenta el récord de visitantes que la Sagrada Família alcanzó en 2024, cuando superó los 4,8 millones de visitantes. "Esta cifra roza el aforo máximo de la basílica para garantizar a los visitantes una visita de calidad" ha remarcado el director general de Junta Constructora, Xavier Martínez, por lo que no se prevé superar drásticamente esta cifra conforme vayan finalizando las obras.
Un proyecto de varias generaciones
Más allá de la Torre de Jesús, la Sagrada Família también tiene otras obras en marcha. Por un lado, se ha empezado a construir las fachadas de la capilla de la Asunción, uno de los últimos elementos que Gaudí incorporó en sus planos. Esta capilla contempla una gran cúpula de 30 metros de altura coronada por la corona de la Virgen, de la que colgará un azulado manto sujetado por cuatro ángeles. La previsión es poder finalizar su fachada a mediados de 2026, aunque este elemento no lucirá sin andamios hasta el junio de ese mismo año. En motivo de las puertas abiertas por la celebración de las fiestas de la Mercè los visitantes podrán observar una las esculturas que decorarán la fachada de esta capilla, que repasa los episodios trascendentales de la vida de María.
Además de esta capilla, entre los planes de la Junta Constructora también está el de reproducir el estudio de Antoni Gaudí situado frente a la basílica y destruido durante un incendio en 1936. Asimismo, el templo también enfrenta actualmente las obras de su última fachada, la fachada de la Glòria, situada en la calle Mallorca, y que está llamada a convertirse en la entrada principal del templo. En su fachada, que ya se ha empezado a construir, se hará un repaso de la historia de la humanidad, desde Adán y Eva hasta el juicio final. Para la decoración arquitectónica de esta colosal obra, la Junta Constructora ha seleccionado a los artistas Miquel Barceló, Cristina Iglesias y Javier Marín, que deberán presentar sus respectivos proyectos a finales de año.
Así, la Sagrada Família focalizará sus esfuerzos en esta última fachada, unas obras que seguramente se alargarán unos diez años, fijando su finalización para 2035. Sin embargo, el presidente delegado de la Junta Constructora, Esteve Camps, ya establecía este mismo horizonte temporal de diez años en 2024, confiando entonces poder finalizarla para 2034. “El sentido común y el transcurso de las obras nos llevan a situar su finalización en unos diez años, pero es una fecha que depende de tantos factores que no se puede establecer como definitiva”, ha advertido Camps, recordando que el impacto de la pandemia les obligó a retrasar significativamente los planes de finalización.
“Gaudí sabía que sería un proyecto que implicaría a muchas generaciones”, ha remarcado su arquitecto director, Jordi Faulí. De hecho, la Sagrada Familia no ha sido el único templo europeo que se ha extendido centenares de años en su construcción, con ejemplos como el Duomo de Milán —construcción que se alargó casi seis siglos, desde el 1386 y hasta el 1965—.
La “indiscutible” escalinata
Más allá de estos hipotéticos diez años que se alargarían las obras de la fachada de la Glòria, otro capítulo ---y otros tiempos--- aparte merecerá la controvertida escalinata, que Gaudí proyectó que saliera del interior del templo, desde la fachada de la Glòria, y desembocara en la calle Mallorca. Un proyecto que, por tanto, obligaría a derrocar los pisos que se construyeron en esta calle a sabiendas de la existencia de este proyecto y al que ahora se oponen las entidades y asociaciones de vecinos de la zona. “Este puente es indiscutible, es el proyecto original de Gaudí y nosotros, como sus herederos, debemos preservarlo”, ha reafirmado contundentemente Camps.
Asimismo, el presidente delegado de la Junta Constructora se ha mostrado optimista ante el “diálogo amable y sincero” que mantienen actualmente con el Ayuntamiento para conseguir la autorización y las condiciones de esta obras. Unas negociaciones que, de resolverse, implicarían la modificación del Plan General Metropolitano. Pese a que Camps ha calificado la relación con los vecinos de la zona de “exquisita”, ha admitido que es probable que el proyecto deba acabar en los tribunales ante las posibles apelaciones de los afectados.
“Es de sentido común que los afectados por el proyecto no estarán de acuerdo”, ha afirmado el presidente delegado, previendo que es probable que alguno de ellos presente una impugnación ante los tribunales. Unas trabas legales que todavía retrasarían más la finalización definitiva de unas obras que ya se han alargado por más de 144 años. “Desde la Junta podemos tomar el compromiso de alzar las torres que ya tenemos autorizadas, pero no podemos tomar compromisos ni fijar tiempos cuando implican decisiones administrativas y judiciales, procesos que suelen ser lentos”, ha sentenciado Camps.