"El arte debe reconfortar al perturbado y perturbar al cómodo". Así recibe al visitante la nueva exposición de Banksy en el Moco Museum. Con un total de 25 obras, la muestra suma 16 nuevas piezas a la colección que ya exhibía este museo de arte moderno y contemporáneo de Barcelona, con dos piezas nunca antes expuestas en un museo. Sin embargo, esta frase va más allá de una mera declaración del famoso ---aunque siempre anónimo--- artista urbano. En el Moco Museum se convierte en toda una declaración de intenciones. Para Banksy, al igual que para el Moco Museum, el arte no solo se contempla desde la distancia, sino que debe emocionar, interpelar y provocar. En definitiva, su misión es hacer sentir al espectador bienvenido, a la vez que interpelado, enfrentándolo a las verdades incómodas que las obras revelan.
El Moco Museum logra esa rara sensación de comodidad: consigue que un público que normalmente no se siente atraído por el arte contemporáneo —desde jóvenes hasta personas que admiten no gustarles el arte— entre, fotografíe e incluso comparta por redes sociales las obras expuestas. Y, al mismo tiempo, logra incomodar a estos visitantes con las preguntas que las obras plantean, generando una profunda reflexión en cada una de ellos.
“Los museos suelen presentarse como espacios fríos, silenciosos, donde parece que se deben tener unos amplios conocimientos, incluso para atreverse a mirar las obras”, reflexiona Birthe Faessen, directora de exposiciones de Moco Museum y responsable del diseño de sus sedes de Londres y Barcelona. El objetivo de este museo de arte moderno y contemporáneo situado en el corazón del Born es, precisamente, romper con esos estigmas. En sus salas, el arte se presenta sin pedir permiso ni requerir conocimientos previos: simplemente atraviesa.
El arte de Banksy surgió sin pedir ese permiso previo, simplemente interviniendo en muros y edificios con un lenguaje directo y profundamente provocador. Su anonimato, que ha logrado mantener durante más de tres décadas de trayectoria artística, se ha convertido en un alegato de que lo importante de estas obras no es la firma ni el contexto, sino aquello que plantean: las preguntas incómodas que revelan, sobre temas tan diversos como el poder, la belleza o la violencia.
Como el objetivo de Banksy es llegar directamente al público, su canal habitual de expresión son muros y paredes públicas. Y la intención de Moco Museum es amplificar ese propósito: enseñándo las piezas a los cerca de mil visitantes que, de media, acceden a sus salas. Un hecho inédito, ya "muchas veces, estos lienzos, esculturas o instalaciones acaban en colecciones privadas", lamenta Faessen. Además, el halo de misterio y anonimato que rodea al artista británico, también ha propiciado que aparezcan imitaciones, obras no autorizadas o que pasan por auténticas sin serlo. Sin embargo, todas las obras de esta colección cuentan con certificados de autenticación, expedidos por Pest Control Office ---la oficina 'antiplagas' creada por el artista para evitar plagios y obras falsas---.
Arte que desafía la historia del arte
De las 25 obras que forman parte de la muestra, 16 son incorporaciones que se suman a la colección que ya exhibía el Moco Museum y dos son piezas nunca antes exhibidas en las paredes de un museo: Happy Choppers y Madonna and Child. Estas obras no requieren de conocimientos previos sobre historia del arte, sino que conectan con el espectador a través de mensajes simples, pero poderosos. Piezas en las que no importa entender las referencias, porque el impacto, antes que intelectual, es emocional.
De hecho, el propio Banksy se encarga de subvertir la historia del arte reinterpretando iconos clásicos. Así, la siempre pulcra Virgen María aparece con el pecho supurando un extraño líquido oxidado mientras amamanta a un Jesús que, en vez de estar sereno y tranquilo ---como es habitual en las representaciones bíblicas---, aparece vulnerable y angustiado.
¿Qué representa ese agujero en el pecho de María? ¿Se trata de una herida que supura o de un líquido corrosivo? Como siempre, Banksy no da respuestas, sino que abre preguntas. De hecho, la obra fue publicada originalmente por el artista en su Instagram, sin ningún texto que la acompañara. "Este es un gesto muy típico del artista: no quiere imponer un mensaje, sino que sintamos algo y que hablemos de aquello que nos provoca", resume Faessen.
La pureza convive con la decadencia. También lo hace en Happy Choppers, donde un bucólico paisaje es irrumpido por unos temibles helicópteros militares sobrepuestos con graffiti. "Banksy compra estos cuadros de paisajes antiguos en tiendas de segunda mano o mercadillo, pero introduce un elemento moderno que perturba y crea este contraste: la guerra interrumpe la calma", señala la directora de exposiciones.
Estas dos obras, que se exponen por primera vez en las paredes de un museo, dialogan con piezas emblemáticas del artista británico como Girl with Balloon ---creada en 2002 y recreada en varias ocasiones, fue elegida como la obra de arte favorita del Reino Unido---, Bullet Hole Bust ---adquirida originalmente por Brad Pitt y Angelina Jolie y ahora parte de la colección permanente del museo--- o Laugh Now. Imágenes reconocibles a nivel mundial, con simbolismos sencillos pero provocadores. Mensajes que cuestionan el consumismo, la guerra o la autoridad.
Porque este es el propósito de Banksy: "hacer el arte accesible a todos los visitantes y hacerles reflexionar sobre verdades incómodas". Un objetivo compartido por el Moco Museum de Barcelona ---que se define a sí mismo como un museo antitradicional---, y que busca captar la atención de nuevos públicos con obras visuales impactantes y experiencias vivenciales. Lo hace "sin caer en simplificaciones, siempre respetando a los artistas y a sus contextos", como defiende Faessen, pero sin el elitismo que suele caracterizar a los museos contemporáneos. Una filosofía compartida por las tres sedes de este museo de arte moderno y contemporáneo: Ámsterdam, Barcelona y Londres, que reúnen piezas de Andy Warhol, Jean-Michel Basquiat, Yayoi Kusama o Salvador Dalí.
Ámsterdam, Londres y Barcelona: un triángulo artístico virtuoso
El proyecto nació en una pequeña galería de arte, fundada en 1999 en la capital holandesa por el matrimonio Kim Logchies y Lionel Logchies, que pronto vieron como el espacio se iba quedando insuficiente. Fue entonces cuando decidieron inaugurar un nuevo espacio en, ni más ni menos, que la gran plaza de museos de la ciudad (Museumplein), junto al imponente Rijksmuseum o el centro dedicado a Van Gogh.
Fue en 2021 cuando Moco Museum se expandió fuera del país holandés, aterrizando en el histórico Palau Cervelló de la capital catalana. Esta elección no fue casual, el matrimonio siempre había sentido una conexión especial con la ciudad: "cada vez que venían a Barcelona se sentían más atraídos, por su creatividad, historia y espíritu abierto", rememora Faessen. Y la imponente fachada gótica del palacio les terminó de convencer, "antes de haber visto el edificio por dentro ya sabían que debía ser el lugar", y así lo alquilaron, por lo menos, durante veinte años.
Hoy, Moco Museum también cuenta con una nueva sede en la céntrica Oxford Street de la capital británica, pero sigue manteniendo el mismo leitmotiv: "crear una colección que interpele directamente al visitante, en la que no impongamos qué debe pensar o sentir, sino que se sienta cómodo dejándose llevar y, simplemente, sintiendo", concluye Faessen. Incluso cuando estas revelan verdades incómodas.
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